domingo, 20 de noviembre de 2011

Las filipinianas

Es una novela de Inma Chacón. La autora nace en Zafra (Badajoz), en 1954 y es hermana gemela de Dulce Chacón, ya fallecida. Estudia Ciencias de la Información en la Universidad Complutense y ha sido profesora de la universidad Europea. En la actualidad imparte clases en la Universidad Juan Carlos I, de Madrid. Ha fundado y dirigido Binaria, revista de Cultura y Tecnología. Colabora en periódicos y revistas. Su último libro publicado es Tiempo de arena, con el que ha sido finalista al Premio Planeta, en 2011. Empezó a escribir a instancias de su hermana que, antes de morir, le encargó que escribiera La princesa india.

Las filipinianas que, como dice la autora se refiere a "las cosas de Filipinas", es una novela enmarcada en una época histórica que comprende desde el destronamiento de Isabel II, en 1868, hasta la pérdida de las últimas colonias españolas: Cuba, Puerto Rico y Filipinas, en 1898.

Los personajes principales son: Mariana, Esclaramunda-Munda, Inés-Alejandra y Francisca. Son las cuatro filipinianas.
Otros personajes importantes son:
-Francisco de Asís, Marqués de Sotoñal, padre de las tres filipinianas y abuelo de la cuarta.
-La Pícara Lola, cupletista y amante del Marqués.
-Lucía Castellano Soler -la Indiana-. Es la esposa del Marqués.
-Inés, viuda que conocen en Alejandría, masona, que también mantiene relaciones con el Marqués.
-Manuel, médico que conocen en el barco, rumbo a Manila, pieza importante en la masonería de las islas y en la sublevación.
Hay otros muchos personajes secundarios que completan el perfil social de la época.
Mariana es conservadora, celosa del cariño de sus padres, segura de sí misma, vengativa y manipuladora.
Munda es soñadora, idealista, liberal, independiente, intelectual, rencorosa, a veces, y fiel a sus sentimientos.
Alejandra es cariñosa, apegada a su hermana y protectora de su sobrina, observadora, entrañable, leal y madura para su edad.

El tema principal es la historia de una familia aristócrata española que, por diversas circunstancias, va cambiando de residencia.
Se puede dividir en partes, según las distintas ciudades, en las que va recalando esta familia, marcada por el viaje: Toledo, Palma de Mallorca, Alejandría y Manila.

La acción comienza en un teatro de París, en el que triunfa la Pícara Lola, cupletista famosa, toledana como Don Francisco de Asís, de la que se enamora el joven marqués. Se hacen amantes y, ella le seguirá en sus viajes, excepto a Manila.

Se casa el Marqués con Lucía, con la que tiene tres hijas: Mariana, Munda y Alejandra.

Por los negocios y trabajo de Don Francisco, van viviendo en distintas ciudades hasta terminar en Manila, donde el padre ve cumplido el sueño de ser organista en la Catedral.


La masonería juega un papel importante en la vida de esta familia, sobre todo en la de Munda, que desde pequeña quiere ser masona, como su padre, y es aleccionada en Alejandría por Ines. Conoce a un médico filipino del que se enamora y que la implica en el movimiento subversivo de la colonia, frente a la metrópoli.

Enferma gravemente el padre y el clima político es muy tenso, por lo que deciden volver a Toledo, pero su estancia en las islas va a marcar la vida de estas mujeres. El padre morirá durante la travesía.


Es una novela con personajes ficticios, pero situada la acción en un momento histórico concreto, que podemos ir siguiendo a través de los acontecimientos que van marcando la época: muerte del General Prim, Advenimiento de Don Amadeo de Saboya, La 1ª República y la Guerra de Cuba y Filipinas.


La obra ha sido publicada en 2007 y nos narra la vida de unas mujeres en una época concreta, las desigualdades sociales, la injusticia, la infravaloración de la mujer para ocupar en la sociedad un puesto equiparable al hombre. Y, como telón de fondo, la masonería que, a pesar de sus principios apolíticos y filantrópicos, toma parte activa y de forma violenta en el movimiento independentista de las colonias, por medio de acciones terroristas.


El lenguaje utilizado es sencillo, pero abundan palabras de objetos,animales, flores, propios de las islas, así como también términos que se refieren a la masonería.

La lectura es fácil y entretenida. Reproduce una forma de vida que, por fortuna, ha quedado atrás, pero que nos transporta a otra época y a otras latitudes.

Va perdiendo ritmo, conforme avanza la novela, y el interés decae, al final. Queda un poco en suspenso, como augurando una segunda parte.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Mi primera escuela

Después de leer "Querida maestra", obra autobiográfica de Julia Resina, en la que cuenta sus experiencias en el mundo de la docencia, primero como alumna y después como maestra hasta su jubilación en una localidad de la Comunidad de Madrid, me viene el recuerdo de la primera escuela a la que asistí, allí, en donde aprendí las primeras letras y muchas cosas más.

Y ésto porque la infancia, adolescencia y juventud de Julia tienen mucho en común con mi vida. Julia Resina vio la luz en un pueblecito, en la provincia de Ávila; aunque más grande que el mío, las condiciones de vida en aquellos tiempos de posguerra eran muy semejantes.

Entonces empezábamos a asistir a la Escuela al cumplir los seis años, aunque el curso estuviese ya avanzado. Recuerdo que teníamos que llevar algún papel del Ayuntamiento -algún certificado de haber cumplido la edad reglamentaria, supongo- que debíamos entregar al Maestro. Yo lo dejé en el alféizar de la ventana y se me olvidó entregarlo, hasta que alguien lo vió.

Era una escuela unitaria y mixta. Allí nos congregábamos todos los niños y niñas del pueblo, en edad escolar, una clase muy numerosa y variada en cuanto a edades. Los mayores se sentaban en unos bancos corridos y trabajaban sobre unas mesas, también corridas, con unos agujeros redondos para los tinteros. ¡Ah! La tinta se fabricaba allí, con unos polvos que se disolvían en una botella de agua. De allí se repartía a los tinteros.

Pero, como éramos muchos, y no había mesas para todos, los pequeños teníamos que sentarnos en un banco, bajito, que no era más que un madero sin desbastar, muy juntitos todos. Como material escolar sólo llevábamos una pizarra y un pizarrín, con un trapo para borrar, aunque las más de las veces usábamos la manga. En esa pizarra aprendimos a leer y escribir y los números, con muestras que nos ponía el maestro.

El maestro era la autoridad absoluta y, le teníamos tal respeto, que sentíamos temor de preguntar cualquier duda,incluso de pedir permiso para salir a "hacer aguas", tanto es así que era raro el día en que, cuando salíamos de clase, no apareciera allí, debajo del banco, algún "charquito" acusatorio. ¡Nos daba tanto apuro dirigirnos al maestro...! Por mi parte no se me olvida que lloraba, al ver que todos sabían más que yo. Había sido la última en llegar. Aunque tenía dos hermanos mayores en la escuela, me sentía insignificante.

Se pasaron aquellos primeros tiempos, fuimos cambiando de maestros, unos eran más autoritarios, otros, no tanto, pero de todos guardo un buen recuerdo y mi sincero reconocimiento.

No se me ha olvidado tampoco el material de que disponía la escuela: unas láminas con las que aprendíamos la Historia Sagrada; mapas físicos y políticos de España y Europa, mapa mundi..., en ellos aprendíamos la geografía; libros de lectura, entre ellos El Quijote, en castellano antiguo, que en otro momento tuve la ocasión de poder leer completo. Cómo olvidarme de Lecciones de cosas, Invenciones e inventores, algunos libros de poesía, otros con letra manuscrita, de distintos tipos -difíciles de leer- que reproducían cartas, documentos comerciales,etc. De tarde en tarde -cuando lo permitía el presupuesto- el Ministerio enviaba algún lote de libros. Allí, con aquella exigua biblioteca, empezó mi afición por la lectura y el saber. Entonces, en las casas ver libros era algo sumamente raro, había otras necesidades más perentorias y tampoco se valoraba debidamente la cultura.

Cuando aprendíamos a leer y escribir, de corrido, pasábamos a estudiar en enciclopedias. Había tres grados: Preparatorio, Elemental y Superior. Eran de Ezequiel Solana, ascendiente directo de los actuales Solana, políticos. Después aparecieron las Enciclopedias Álvarez, pero yo no las usé. Por descontado que iban pasando por todos los hermanos.
Para entonces ya llevábamos un cabás, de madera, donde guardábamos la enciclopedia, el cuaderno, la pizarra -que aún utilizábamos, para escribir "en sucio"- .También llevábamos un plumier con pizarrín, lápiz, de grafito, lápices de colores - las pinturas Alpino-, un sacapuntas y una goma de borrar. Los lápices los aprovechábamos hasta que no se podían sujetar con los dedos, de lo gastados que estaban.

En el invierno pasábamos mucho frío, porque no había calefacción y, para calentarnos un poco los pies, llevábamos una lata de conservas, con un alambre como asa, en la que poníamos unas brasas y así nos hacíamos un minibrasero individual. Bastante después, el Ayuntamiento compró una estufa de serrín, que los chicos mayores se encargaban de cargar y encender, cada mañana.
La limpieza estaba a cargo de las niñas mayores; los sábados, después de clase, se barría y se limpiaba el polvo de las mesas.
Durante los recreos salíamos a la calle a jugar a los distintos juegos - un poco según la época del año- , a la comba, el escondite, las cuatro esquinas... En el invierno, cuando no se podía estar en la calle, lo hacíamos en el "salón, pero esto tenía un inconveniente y es que quedaba encima de las cuadras de una casa y, con el alboroto se encabritaban los animales y subía el dueño con malos humos.

En aquellos tiempos no había "deberes" escolares y, cuando salíamos de la escuela nos íbamos a jugar a la plaza, a la carretera o a cualquier otro sitio. Esto no siempre porque en las casas de los labradores siempre hay cosas por hacer y así, como solían tener conejos, había que ir al campo a buscar hierba para alimentarlos y, lo mismo, había que traer cardos para los cerdos. Pero siempre encontrábamos tiempo para el juego al aire libre. Nadie tenía juguetes pero tampoco los necesitábamos, nos bastaba la imaginación y unos recortes de tela, unas vedijas de lana, una caja de cartón, para fabricar una muñeca, sus vestidos, su cuna...

Así, con estos escasos medios, empezamos a formarnos. Allí estuve hasta comenzar el Bachillerato y los estudios siguientes en la Escuela del Magisterio, aunque mi vida no haya seguido por esos derroteros. Pero siempre guardaré, muy dentro de mí, un recuerdo imborrable y el agradecimiento para aquella escuela heróica que guió mis primeros pasos.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Réquiem por un campesino español

Ramón J. Sender, nace en Chalamera de Cinca (Huesca) en 1901 y muere en San Diego (Estados Unidos) en 1982.
De familia acomodada, vivió en diversas poblaciones de Aragón durante su infancia, debido al trabajo de su padre, que era secretario de Ayuntamiento. Nunca se llevó bien con su progenitor, por la rigidez y autoritarismo de éste. A los 17 años se trasladó a Madrid, sin dinero, durmiendo al raso en un banco del Retiro. Allí comenzó su carrera literaria, escribiendo cuentos y colaborando en diversos periódicos. Empezó a estudiar Filosofía y Letras, pero tuvo que abandonar estos estudios por no poder compatibilizarlos con su trabajo. Vuelve a Huesca, obligado por su padre. Tiene que alistarse en la Guerra de Marruecos. Esta experiencia le servirá para escribir Imán, novela que tiene gran éxito.

Milita políticamente en el anarquismo, lo que le llevará a la cárcel, durante la Dictadura de Primo de Rivera. La Guerra Civil le sorprendió en Los Ángeles de San Rafael ( Segovia), pero, de forma arriesgada, consiguió cruzar las líneas y unirse al bando republicano. Después de un tiempo, fue enviado a Estados Unidos y después a París, como propagandista. Al terminar la contienda se exilió en Méjico, pasando después a Estados Unidos, ejerciendo como profesor de Literatura, en la Universidad de San Diego.

Su producción literaria es muy extensa, siendo uno de los mejores novelistas del exilio.
Hay que destacar su obra "Crónica del alba", que tiene mucho de autobiografía. Pepe Garcés, son el segundo nombre y apellido del escritor. Ha sido llevada a la pequeña pantalla.

Réquiem por un campesino español, fue publicada en Méjico, en 1953, con el título de Mosén Millán, cambíandolo por el actual en 1960. Fue publicada en Méjico por los problemas de la censura en España.
Los personajes de la novela son:
-Paco, el del Molino y Mosén Millán, los verdaderos protagonistas.
-Don Valeriano, terrateniente y administrador del Duque. Es de derechas.
-Don Gumersindo, otro ricacho del pueblo. También de derechas.
-Don Cástulo, también de clase acomodada. Políticamente, nada entre dos aguas, al sol que más calienta.
-La Jerónima, partera y saludadora, anda siempre con chismes y procacidades.
-El zapatero, librepensador, amigo de Paco está siempre en contra de quien gobierna.
-Los padres de Paco y Águeda, su mujer.

La acción se desarrolla en un pueblo de Aragón, en la raya de Lérida, donde la gente mezcla el castellano con el catalán en su habla.
La vida de Paco, hombre honrado, idealista y coherente, va pasando, a través de los recuerdos de Mosén Millán, un año después de su muerte, mientras, vestido para la liturgia, espera en la sacristía a los vecinos del pueblo, que no han de acudir. Sólo los tres ricachos, enemigos de Paco, que intentan abonar el estipendio, cada uno por su propia cuenta.
Esta vida es una síntesis de toda la guerra civil, donde las gentes del pueblo, que se consideraban revolucionarias, sólo defendían sus derechos frente al feudalismo, ya caduco, de los intereses del Duque, dueño de los montes donde pastaba el ganado y que no había ido nunca por el pueblo.
Es un relato sobrio y sencillo, pero profundo. Nos muestra las dos ideologías enfrentadas en la contienda.
Paco, el protagonista es un antihéroe, idealista y comprometido, a quien el párroco ha bautizado, ha casado y, al final tiene que darle los últimos sacramentos y presenciar su ejecución, de la que él, de alguna manera, es responsable. Esta responsabilidad por haberlo delatado, le supone una terrible carga moral, que sale a flote en esa espera, en la que va recordando todos los pormenores de la vida de Paco.

Mosén Millán simboliza la postura de la Iglesia Católica, en la guerra y preguerra y es una dura crítica al papel que jugó, de parte del bando nacional. Mosén Millán predica la resignación frente al problema de la pobreza y la injusticia, sin comprometerse, ni colocarse al lado de los que las sufren. Pide incluso a Paco que se resigne y acepte su muerte, a sabiendas de que es inocente.
Hay otro símbolo, la libertad, personificada por el potro de Paco que, después de su muerte, campa suelto por todo el pueblo, incluso se introduce en la iglesia, mientras esperan que acudan los vecinos, amigos del difunto, que nunca llegan.
El episodio de las cuevas, cuando Paquito, monaguillo, acompaña al cura a llevar la Extremaunción a un moribundo, en medio de la miseria, sin agua, ni luz, ni fuego, parece ser un recuerdo autobiográfico que le marcó al autor.
Es una pequeña obra en cuanto a extensión, pero grande por su contenido. Nos muestra las injusticias, la traición y el remordimiento por la deslealtad hacia el amigo.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Animación a la lectura

Dentro de las distintas opciones culturales que ofrece la Universidad Popular está la clase de Animación a la lectura. Formamos un grupo de personas aficionadas al arte de leer.

La lectura no sólo nos proporciona información, sino que nos forma, creando hábitos de reflexión y concentración y además nos distrae, nos entretiene, nos hace gozar.
En estos tiempos que corren es muy importante el hábito de la lectura, para estar al día de los acontecimientos que transcurren de manera acelerada. No podemos quedarnos estancados. La lectura es una actividad que podemos practicar a lo largo de la vida, para seguir aprendiendo día a día y tener conocimientos actualizados, nos hace más eficientes y sociables.
Se nota las personas que tienen hábito de leer por su expresión oral y escrita, la fluidez del lenguaje y la amplitud de vocabulario. Me produce una gran tristeza cuando oigo en la calle o en cualquier medio de comunicación expresarse, sobre todo, a jóvenes cuyo léxico se reduce a una docena de palabras, incluyendo muletillas que repiten continuamente, vengan o no vengan a cuento.
Podemos leer libros de cualquier materia y adquirir conocimientos diversos, aunque no estén relacionados con nuestra vida o profesión. Siempre oí decir que "el saber no ocupa lugar"; en algún momento de nuestra vida, tal vez, nos sean útiles.
La lectura nos enriquece en nuestros contactos sociales; facilita y enriquece el desarrollo de una conversación. Resulta más ameno tratar con una persona con la cual podamos hablar de cualquier tema, si tenemos un conocimiento previo de la materia.
Nos facilita la capacidad de pensar y razonar, así como exponer nuestros pensamientos o nuestros puntos de vista en cualquier situación de la vida. Somos más capaces de comprender otras mentalidades y otras opiniones.
Al leer adquirimos conocimientos sobre diversos aspectos de la cultura humana y ampliamos los horizontes, al ponernos en contacto con otras gentes, otras culturas, otros países, que pueden estar lejanos en el espacio o en el tiempo.
La lectura nos hace más libres, alejándonos de los prejuicios. Esta afición la podemos practicar en cualquier tiempo y lugar y nos libra de los males que acucian a la sociedad en que vivimos: la soledad y la depresión.
Con un libro en la mano, no nos sentimos solos; al menos estamos en contacto con el autor de la obra. Podemos estar de acuerdo o en desacuerdo con él, reflexionando y estableciendo un cierto diálogo. Hay veces que el lector ve cosas que al autor ni se le habían ocurrido, o sacar distintas conclusiones, cada cual según sus vivencias o sus creencias.

En clase se nos entrega un libro para la lectura personal. Tratamos de conocer un poco la biografía del autor, el contexto social o histórico para poder comprender mejor la obra. Después se pone en común y lo vamos desentrañando para sacar el mayor provecho de la actividad. Cada cual expresa su opinión y todos podemos enriquecernos con las diversas lecturas.

domingo, 16 de octubre de 2011

El tiempo entre costuras

El tiempo entre costuras es la primera obra de María Dueñas. Fue publicada en 2009 y enseguida se ha convertido en un best seller, siendo traducida a numerosos idiomas. Es una mezcla de novela histórica y de espionaje.

María Dueñas Vinuesa nació en Puertollano (Ciudad Real), en 1964 y vive en Cartagena. Es profesora de Filología Inglesa en la Universidad de Murcia y ha impartido cursos en otras universidades de Estados Unidos.

La protagonista es Sira Quiroga, modista de alta costura, cuyo taller encubre otras actividades más comprometidas. Podemos catalogar la obra como novela de amor, novela colonial, novela de separación, de conspiraciones políticas y espionaje. Es un poco una mezcla de todos estos ingredientes. Aunque el personaje de Sira y algunos otros son de ficción, circulan por la novela un montón de personajes históricos como Serrano Suñer, el "cuñadísimo" de Franco, Juan Luis Beigbeder, Alto Comisario en Marruecos durante la Guerra Civil y la inglesa Rosalinda Fox, su amante. Aparecen también un buen número de alemanes nazis, al igual que otros destacados ingleses como Allan Hilgarth, del Servicio Secreto de Londres.

Sira es hija de Dolores, también modista del taller de Dª Manuela. Vive en un barrio castizo y humilde de la capital. Es hija de madre soltera y no conoce a su padre. Poco antes del Alzamiento Nacional y, cuando estaba a punto de casarse con Ignacio -un modesto funcionario-, conoce a Ramiro Arribas que la seduce y es capaz de abandonar todo por él. Conoce al padre -un gran empresario- que, previendo acontecimientos, quiere, de algún modo, resarcir a su hija y le entrega una gran suma de dinero y las joyas familiares. Ramiro le propone montar algún negocio con el dinero y, como Sira no tiene ningún conocimiento al respecto, pone todo en manos de su amante. De forma precipitada se trasladan a Tánger, viviendo en un hotel, hasta que Ramiro desaparece, dejándola embarazada, sin un céntimo y con un montón de deudas. Tiene que huir a Tetuán, pierde el hijo y el Comisario de Policía la instala en la pensión de Candelaria. Cuando se restablece y la patrona se entera de que cose "como los ángeles", decide ayudarle a montar un taller para que confeccione los trajes de las señoras elegantes de la ciudad. Para obtener el dinero necesario, la matutera, se las ingenia para vender una buena cantidad de pistolas, que un cliente dejó en la pensión al estallar la guerra.
El taller prospera y allí Sira va conociendo a gente influyente. Su madre ha quedado sola en Madrid y pretende sacarla de ese infierno con la ayuda de su amiga Rosalinda Fox, quien gracias a la colaboración del periodista Marcus Logan, logra su evacuación.
Al terminar la contienda, es empujada hacia otras actividades más peligrosas, en las que entran alemanes e ingleses, en lucha en la Segunda Guerra Mundial.
Montan otro taller en Madrid y, alli´se traslada Sira con una nueva identidad, trabajando para el Servicio Secreto del Reino Unido. Sus clientas son alemanas o españolas germanófilas y, allí hablan de sus maridos y de sus actividades y Sira, pacientemente, valiéndose de sus patrones, pasará toda la información a los ingleses, en un salón de belleza y en el museo del Prado, lugares a los que acude de forma regular.
Es envíada en una misión a Portugal, done corre serios peligros, incluso de muerte y, donde se reencuentra con Marcus Logan, que resulta ser un agente secreto, también al servicio de Londres.
Consigue una valiosísima información y, desde entonces exige llevar ella las riendas de su vida.

Es una novela en la que aparecen el amor pasional, la traición, el desvalimiento y la superación constante de la protagonista. Es importante el personaje de Candelaria, por su fuerza; es superviviente de todas las penalidades, trapichea con lo que le sale al paso para dar de comer en su pensión a un grupo de españoles, de los dos bandos, que han quedado atrapados en el Protectorado. De ellos sólo dos le pagan. Con el negocio del taller de costura obtiene buenos beneficios pero, a la hora de la verdad, se le esfuman con la enfermedad y el entierro de un maestro jubilado que tiene en la pensión y, que ha conseguido enviar los ahorros de toda su vida, al Auxilio Rojo.
Está bien documentada, gracias a memorias, prensa y otros informes de testigos. Hay una recreación de las ciudades de Tánger y Tetuán y nos evoca los aromas y los ambientes de la medina, del barrio judio, de la zona de los europeos, la forma de vida en esa época en el Protectorado español.

lunes, 10 de octubre de 2011

Apertura de curso 2011-2012



El día 7 de octubre asistimos, un año más, a la Apertura del curso 2011-2012. Un año más, también, tuvo lugar en el marco incomparable del Paraninfo de la Universidad de Zaragoza.
El edificio es obra del ilustre arquitecto aragonés D. Ricardo Magdalena Tabuenca, que cuenta en la ciudad con otras obras también representativas. Es de estilo neomudéjar. Los materiales empleados son la piedra en los basamentos y las esculturas de la escalinata de la entrada, el ladrillo caravista en la mayor parte de la fábrica, la madera en el saliente alero, de estilo aragonés, el yeso en revoques y adornos interiores y azulejos y cerámica en la decoración exterior.
Fue inaugurado en 1893 para albergar las Facultades de Medicina y Ciencias. En 1973, se trasladan éstas al Campus de la Plaza de San Francisco. En la actualidad, después de alguna remodelación -en lo que fue el Hospital Clínico- ha quedado ubicada la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. El resto de los edificios cumple otras funciones: institucional, albergando el Rectorado, cultural, acogiendo exposiciones y conferencias y científica, como sede de congresos para la difusión de la cultura y la investigación universitarias.

La sala, que en otro tiempo fue Salón de Actos, la Sala Paraninfo, se utiliza para estos eventos. Allí, con sus hermosas vidrieras, tapices, cuadros y otros adornos, igualmente espectaculares, es donde tiene lugar el acto de la Apertura de curso.

Después de las presentaciones, tomó la palabra el Director de la Universidad de la Experiencia y nos habló de lo que supone esta modalidad de Universidad para mayores: un programa cultural de la Universidad, en colaboración con los Servicios Sociales, los Ayuntamientos y otras instituciones. Felicitó a los profesores, que tienen que adaptarse a otra forma de enseñar y, por supuesto, a nosotros, los alumnos, "los mejores alumnos". Todos vamos con ilusión por aprender cosas nuevas, algo impensable en otros tiempos, a nuestra edad.
Los alumnos de Tercer año recibieron dendos diplomas, pasando por la mesa presidencial a recogerlos, con el orgullo pintado en sus rostros. ¡Enhorabuena!. Otro año serán otros quienes los reciban con satisfacción.

Seguidamente, el profesor Dn. Eladio Liñán Guijarro, impartió la lección magistral que versó sobre "Fósiles emblemáticos de Aragón". Hizo un recorrido por las distintas etapas geológicas y las zonas de la geografía aragonesa en las que se han encontrado fósiles. Como el valle del Ebro fue un fondo marino, los restos fosilizados de organismos vivos- tanto plantas como animales- son muy abundantes. De eso podemos dar fe los alumnos que en el curso pasado realizamos una salida a la sierra de Belchite; una experiencia inolvidable que nos aportó el conocimiento "in situ" de la materia que habíamos estudiado en clase.

Con la misma ilusión que en años anteriores empezaremos las clases el próximo lunes y una vez más con la ilusión que supone hacer algo que se ha elegido voluntariamente, sin imposiciones de ningún género. Esperamos llegar al final del curso contentos y satisfechos, con el convencimiento de no haber desaprovechado el tiempo.

martes, 27 de septiembre de 2011

Los gitanos



Era todo un acontecimiento en el pueblo la llegada de los gitanos.

Venían por los caminos de alguna de las localidades limítrofes, con sus rehatas de burros y mulos, transportando sobre sus lomos todas sus pertenencias. Viajaban con la casa a cuestas y donde más les apetecía montaban su campamento. Descargaban los burros y extendían por el suelo las colchonetas donde, llegada la noche dormirían bajo las estrellas. Soltaban a los animales para que pastaran libremente. Las mujeres improvisaban un fuego donde prepararían las comidas en unas grandes ollas en las que cabía todo.


Siempre tenían lugar sus visitas durante el verano, aprovechando la bonanza del tiempo. Allí solían acampar en el mismo lugar: el Pradillo. Una zona, al lado de los lavaderos, con buena hierba, donde las mujeres del pueblo ponían la ropa a blanquear. Discurría por allí un regato con agua clara que alimentaba los lavaderos y que podían utilizar para sus necesidades: higiene -no demasiada-, cocinar, bebida para los animales... Cercano existía -y existe todavía- una zona de arbolado, el soto, donde se solazaban a la sombrita, mientras la gente del pueblo, a esas horas, estaban en los rastrojos o las eras, preocupándose de recoger sus cosechas. Aquí se podría recordar la fábula de La cigarra y la hormiga. Las pequeñas hormiguitas emvidiábamos a los gitanillos que, olvidando todo disfrutaban metiéndose descalzos en la regaderilla, refrescándose y jugando bajo los árboles, mientras todos los críos del pueblo teníamos que ayudar a nuestras familias en las tareas de la recolección en el campo, en la era, llevando el agua fresca a los mayores... Nosotros no podíamos solazarnos con esos esparcimientos. Y sí, los mirábamos con cierta envidia y más de una vez hubiéramos querido cambiar nuestro lugar por el suyo.


Los gitanos mayores se dedicaban al trato, intentando vender a los lugareños alguna de sus bestias. Para probar que estaban sanas y ágiles les hacían dar unas carreras y cuando estaban ellos delante no había ningún problema pero, después de realizada la compra, el animal empezaba a cojear o presentaba cualquier otra tara, que antes no habían observado.


Las gitanas se dedicaban a la artesanía del mimbre y, allí a la sombra de los árboles se las podía ver trabajando, dando forma a cestas y canastillos de todos los tipos y tamaños, redondos, ovalados, con tapas, etc. Después, con la mercancía, rodeadas de los churretosos churumbeles, uno pegado a la teta, otros agarrados a las faldas y siempre otro en la barriga, recorrían las calles intentando vender su trabajo a las mujeres del pueblo. Ellas eran las únicas proveedoras de estos enseres tan útiles en el pueblo. La forma de pago solía ser el trueque. A cambio de la cesta pedían un trozo de tocino, un hueso de jamón o cualquier otra cosa por el estilo, que había entonces en todas las casas y que no eran de mucho aprecio, precisamente porque tenían con más abundancia. Con estos manjares y algunas patatas u otras verduras, que de pasada, podían recoger de algún huerto, preparaban su olla que después degustaría toda la tropa alrededor de la fogata.


A veces, si se enteraban de que recientemente había muerto alguna oveja u otro animal, lo desenterraban para aprovechar su carne. Siempre pensábamos que tenían unas defensas especiales para que no les sentara mal. El secreto es que lo tenían en la olla cociendo todo el día y la carne estaba más que esterilizada por efecto de la cocción tan prolongada. Eran otros tiempos. Afortunadamente hoy hemos mejorado, aunque con la crisis es demasiado frecuente encontrar personas rebuscando en los contenedores y abriendo las bolsas de basura, buscando algo comestible que poder llevarse a la boca.


Los niños sentíamos mucha curiosidad por ver el campamento y, en cuanto teníamos un rato libre aprovechábamos para acercarnos a observar, contraviniendo las recomendaciones de los mayores. La llegada de los gitanos provocaba cierto malestar entre la población, encerraban a las gallinas, que entonces andaban sueltas por las calles y se cerraban las puertas de las casas si los vecinos tenían que ausentarse. En una palabra, tenían fama de apropiarse de lo ajeno. Aunque rezaba un dicho que decía "con la cosa de los gitanos, se aprovechan los paisanos".