miércoles, 17 de agosto de 2011

Las fiestas de antaño

Después de vivir este año las fiestas patronales del pueblo, desearía hacer un recordatorio de cómo las celebrábamos en los ya lejanos días de mi infancia. Tienen pocas similitudes, aunque en ambas sea común el ambiente de alegría y contento que se respira y es propio en tales fechas.

Entonces, cuando Las Candelas se celebraba el día 2 y San Blas el 3 de febrero, ya la climatología era distinta. Todos teníamos que ir con abrigo y arrebujados en bufandas.

El ambiente festivo comenzaba cuando se hacían los mantecados. Ese día se encendían los hornos de leña que quedaban en el pueblo y las cocinas "económicas". Se reunían varias familias en cada uno para así mejor aprovechar el fuego. Las mujeres todas, conocían la receta a la perfección porque siempre era la misma y pasaba de madres a hijas, así como los moldes, en forma de corazón, estrella, rombo, círculo, etc. Se hacían cantidades desorbitadas, pues después de comer esos días de fiesta todos los que apeteciera y más, solían sobrar buenas cantidades para el resto del invierno. Mi madre los guardaba debajo de la cama en una cesta con tapa que todavía recuerdo. Los mantecados se acompañaban con una copita de anís o un vinillo dulce de Cosuenda.

Como era pleno invierno y las calles estaban sin pavimentar se formaba un barrizal que los hombres se encargaban de limpiar -cada uno el tramo correspondiente a su casa- para que pudiese pasar la procesión y los mozos danzar, sin mayores problemas.

Había que adecentar las casas. Se hacía limpieza general y se sacaban de las arcas y baúles los estores y las colchas nuevas -muy brillantes- para recibir a los invitados que nunca faltaban.

El día anterior tenían que matar los pollos y conejos para tener comida abundante. Aunque no existían los frigoríficos, en febrero no había peligro de que se estropease la carne. También se echaba mano del lechazo, eso en la tienda, que aunque estaba caro... "un día es un día" y San Blas sólo se celebra una vez al año. La paella y el asado eran platos obligados.

La víspera, por la tarde, los quintos iban con un carro hasta la estación de Roa en busca de los músicos o "dulzaineros", como todos los llamábamos. Casi siempre, los de Pesquera, ya conocidos y además tocaban bien. Cada uno de los quintos se llevaba uno a su casa y allí permanecía de huésped los tres días que duraban las fiestas.
Ya de noche daban la vuelta al pueblo pasando por las casas de las Autoridades, tocando, a modo de saludo. Se les invitaba a tomar un mantecado y la copita correspondiente.
Los días de las fiestas estaban dedicados en pleno al pueblo, amenizando la Misa y en la procesión con la dulzaina, mientras los mozos, con sus pañuelos de colores al cuello, danzaban delante de las imágenes. Gracias a algunas personas se ha conservado hasta hoy la tradicional danza de La Culebra, aunque ahora intervienen muchachas que entonces habría sido impensable. Había suficientes mozos para danzar; se pasaban el invierno ensayando, creo recordar que lo hacían en las bodegas.
Antes de comer también había música y después de la comida en el café. Por la tarde, hasta la cena, en la plaza, si acompañaba el tiempo, encima de un carro, a modo de tablado, allí se subían con todos los instrumentos. Después de cenar, en el salón del Ayuntamiento o en el de Tolín. ¡Se ganaban bien el jornal aquellos músicos!
Por la mañana temprano recorrían las calles tocando delante de la casa de todos los vecinos y de las mozas. Todos tenían que contribuir económicamente, según su voluntad, para costear la música.

Al baile acudía la juventud de todos los pueblos de alrededor: Anguix, Quintana, Pedrosa, Villaescusa,etc. Estaba muy animado y siempre salía algún noviazgo.

Para los niños no había muchas cosas especiales, sólo los carameleros y Macario con sus almendras garrapiñadas. Procurábamos guardar algunas "perrillas"que nos daban en el reparto del " mondongo" y las que podíamos sacar de los abuelos y tíos. Había unos caramelos como cachavas, muy grandes, que valdrían, creo yo, 0,50 ó una peseta. Con uno de aquellos teníamos para todas las fiestas.
Lo pasábamos bien acompañando a la música, bailando en la plaza, viendo los juegos de cartas y dados de Macario que, rápidamente, escondía cuando aparecía de improviso la pareja de la Guardia Civil.

Y así, de esta forma, sin grandes alardes, con pocos gastos, se pasaban esas fiestas que eran tan esperadas por todos. Y cuando terminaban, pues a esperar que llegaran las del año siguiente.

martes, 5 de julio de 2011

Las Fundaciones de Santa Teresa

Santa Teresa nace en Ávila el 28 de marzo de 1515. Sus padres son Alonso Sánchez de Cepeda y Beatriz Dávila y Ahumada. Muere el 4 de octubre de 1582, en Alba de Tormes.
Ingresa en el convento de La Encarnación de Ávila y allí pasa gran parte de su vida. Descontenta de la relajación de la Regla, mitigada por el Papa en 1432, decidió renovar la Orden para volver a la austeridad, la pobreza y clausura, bases del espíritu carmelitano. Encuentra mucha oposición, pero su fe en la Providencia hace que en los momentos más difíciles, encuentre siempre quien ponga remedio, pudiendo llevarse a cabo la gran obra.
Así acierta a pasar por Ávila el Padre General, quien le concede licencia para fundar monasterios de la Regla primitiva, en abril de 1567. También tiene apoyos del Obispo, que más tarde pasará a regir la diócesis de Palencia.

El primer monasterio que funda es el de San José de Ávila, en 1562. Esta fundación no aparece en el libro de Las Fundaciones que empieza a escribir en 1573, a instancias del jesuita P. Ripalda y que concluye con la fundación del monasterio de San José y Santa Ana, en Burgos, poco antes de su muerte, en 1582.

Muchos de estos monasterios están puestos bajo la advocación de San José, de quien la santa era muy devota. El año de 1539, estando gravemente enferma, dada por muerta, fue curada milagrosamente, precisamente el día de la festividad de este santo.

En 1567, funda en Medina del Campo el monasterio de San José. En el libro describe todos los pormenores de esta fundación, los trabajos que le cuesta y cómo se van resolviendo gracias a la ayuda de personas importantes, que en cualquier lugar encuentra. Y sobre todo a la Divina Providencia, que nunca la abandona. Así, siempre llegan al lugar "sin blanca", pero aunque sea pasando muchas penalidades, deja a las monjas razonablemente instaladas. Normalmente suele alquilar una casa en la que instalan el Santísimo y se dice la primera Misa. Después, una vez que se han solucionado los primeros problemas, intenta comprar una casa que acomode. Quiere fundar monasterios de pobreza, sin renta, allí donde es posible que las monjas puedan vivir de limosnas. Esto no siempre es posible, ya que en los poblados pequeños y pobres el Concejo no autoriza porque va a ser gravoso para el Municipio. Ahí no queda otra solución que fundarlo de renta.

Después de Medina del Campo funda en Malagón (Toledo) el monasterio de San José, gracias a su amiga Dª Luisa de la Cerda, que cede una casa.
De allí pasa a fundar en Valladolid el monasterio de la Concepción de Nuestra Señora del Carmen.
Por estas fechas muere Beatriz Óñez, en olor de santidad y le dedica un capítulo a la vida y muerte ejemplar, dentro de la Regla, para edificación espiritual de las hermanas carmelitas.

En 1568, comienza la Reforma de los frailes Descalzos con San Juan de la Cruz y algún otro que tenían las mismas inquietudes de Teresa.

En Toledo tiene lugar otra fundación, el monasterio de San José.
En 1569, funda en Pastrana de monjas y de frailes, con la ayuda de la Princesa de Éboli. Cuando esta dama queda viuda, entra al convento, pero sin vocación. Se lleva allí a sus doncellas e intenta llevar la vida que llevaba fuera alterando el espíritu del monasterio, de pobreza, clausura y obediencia. Por todo esto las monjas abandonan el monasterio, aunque pasado un tiempo volverán.

Continúa la fundación de San josé en Salamanca y después, en 1571 La Anunciación de Alba de Tormes, a ruegos de Teresa de Laiz, quien no teniendo hijos y después de muchas oraciones tuvo una visión en la que se le anunciaba que eran otros los hijos que se le concederían. Así compraron la casa que había visto en sus sueños, cediéndola para que se instalasen allí las monjas, la misma en la que murió la Fundadora y en la que reposa su cuerpo.

En 1572 estalla la discordia entre los frailes Calzados y los Descalzos, siendo presos o desterrados los más influyentes de los Reformados. Santa Teresa tiene que pasar unos años sin salir del convento y sin poder fundar, hasta 1574 en que, ya calmados los ánimos, vuelve con más ímpetu, en Segovia con el de San José del Carmen.
En 1575, en Beas de Segura (Jaén), San José del Salvador.
En 1575, en Sevilla, con la ayuda de su hermano, que regresa de las Indias,funda San José del Carmen.
En Caravaca, en 1576 el de San José. Después en Villanueva de la Jara. En 1580, Nuestra Señora de la Calle, en Palencia. En 1581, en Soria, el de la Santísima Trinidad, terminando con el de San Jo y Santa Ana, en Burgos, en 1582.

La nueva Regla es muy austera; dormían en jergón y, a veces, sobre paja en el suelo; ayunaban, se abstenían de comer carne; vestían ropas de sayal y calzaban sandalias o alpargatas.
Hacían los viajes en carros por aquellos caminos, polvorientos o embarrados, con sol abrasador, con lluvia, con vientos, con nieve, parando en posadas y a veces bajo un puente. Santa Teresa siempre estuvo delicada de salud y muchas veces tenía calenturas pero Dios le daba fuerzas y la salud cuando era necesaria para los fines que se proponía.

En todos sus escritos, Teresa transmite con espontaneidad su experiencia personal, veinte años de sequedad de espíritu. Pero, a partir de los 41 años tiene experiencias místicas, que son consideradas como obra del demonio. La Inquisición la tiene siempre en el punto de mira.
La experiencia transmitida por la Santa se basa en la oración como medio de relacionarse con Dios y sentir su unión.
Los distintos grados de la oración los compara con el agua que sale de un pozo y hay que acarrearla con cubos, riego mediante una noria, riego a través de una acequia y riego mediante la lluvia que viene del cielo, es el último grado en el que el alma alcanza la plena unión con Dios.
"Vida es vivir de forma que no se tema la muerte ni todos los sucesos de la vida y estar con esta ordinaria alegría que ahora todas traéis..."
El libro de Las Fundaciones lo escribe con fines didácticos para las prioras y las monjas y a ellas va destinado para que comprendan la Obra, que ha sido voluntad de Dios, ella se considera sólo un instrumento. Les ruega pidan en sus oraciones por todos los benefactores que Dios ha puesto en su camino para ayudarla en todos los trabajos. Termina siempre los capítulos con una oración.

lunes, 27 de junio de 2011

Fin de curso

Llegó el final del curso 2010-2011. Para todos, para los niños y también para los abuelos.

La Universidad de la Experiencia ha sido eso, una hermosa experiencia para todos los alumnos que empezamos en octubre.
Acudíamos con mucha ilusión y, también por qué no decirlo, un poco de miedo. ¡A nuestros años y después de tanto tiempo que dejamos los libros...! Aunque nos habían dicho que eran clases adaptadas a las personas mayores y que todos podíamos seguirlas, siempre en el fondo queda una pizca de duda. ¿Seré yo capaz?.

El primer día al entrar en la Facultad y sentarnos en los pupitres de los alumnos jóvenes, se experimenta como un "rejuvenecimiento". Te sientes más joven, se te olvidan los años y los achaques... Después, ya te vas acostumbrando y se hace como una rutina, tan normal como bajar a comprar la barra de pan, algo cotidiano. Ya no se hace raro...

Un cuarto de hora antes de empezar las clases, ya estamos todos esperando que abran el aula para sentarnos en los mejores puestos para no perder ripio de las explicaciones del profesor. Siempre con proyecciones, todos atendemos como embobados. ¡Qué distintas son las clases ahora! Cuando éramos chavales...¡Qué pocos medios teníamos!.

¡Qué interesante el arte africano, el oriental, el precolombino...!.Nunca se me hubiera ocurrido pensar que Picasso y otros pintores de su época se habían inspirado en el arte africano...

Y...Comprender la Historia. Hemos aprendido a ver los hechos históricos desde otra perspectiva y a relacionar las causas y los efectos. Nada ocurre porque sí. A profundizar y no quedarnos en la superficie. Siempre me ha gustado la Historia -y la novela histórica- pero ahora tengo más elementos de juicio para poder analizar los acontecimientos históricos.

Hemos visto también la herencia del griego y el latín en nuestra lengua. Es muy interesante saber la procedencia de las palabras y su evolución a través de los siglos.

En Relación Ciencia-Religión, nos han enseñado a ver la Religión a la luz de la Ciencia, a través de los filósofos y científicos como Einstein, Newton, Darwin y otros. No tiene por qué darnos miedo y viendo hasta dónde ha llegado el hombre con la ciencia ser lo suficientemente humildes al comparar lo muchísimo que queda por descubrir.

El Hombre y los Animales pensaba que no iba a gustarme y sin embargo me resultó muy amena, en la Facultad de Veterinaria, y aprendimos muchas cosas curiosas que ni sospechaba. Se veía la vocación y el amor hacia los animales de estos profesionales.

La última asignatura fue Introducción a la Paleontología. Resultó ser de lo más interesante. Aprendimos la evolución de los seres vivos a través de los fósiles que han quedado en las distintas capas de la corteza terrestre. Como colofón hicimos una excursión al campo, una zona muy rica en fósiles por haber sido un fondo marino. Volvimos entusiasmados con deseos de volver y hacer una inspección más detenida.

Todos a descansar el verano para empezar el nuevo curso con renovadas ilusiones.

lunes, 20 de junio de 2011

Los comediantes

Llegan por la estrecha carretera en un carro tirado por dos mulas trotonas. En el toldo, con letras góticas, se podía leer: Compañía de Teatro "Los Chiripas". Dentro del carro iba todo su mundo: grandes baúles y cestas de mimbre con todo lo necesario para la función (vestuario de los actores y telones y otros artilugios para fabricar un escenario).

Alguien los ve llegar y pronto corre la nueva por todo el pueblo ¡Vienen los comediantes! ¡Vienen los comediantes!
En aquellos tiempos en que cualquier día era igual al anterior y lo mismo que el siguiente, la llegada de los cómicos suponía una gran novedad, algo que rompía la monotonía cotidiana.
Solían llegar en invierno cuando hay pocos trabajos que puedan realizarse en el campo, cuando los días son tan cortos y el tiempo no invita a salir a la calle. Por eso su llegada era celebrada por todos como una fiesta.

Avanzan por la calle Mayor hasta la Plaza, donde se encuentra la Posada, en la que han de alojarse los días que dure su estancia en el pueblo -en ningún caso más de tres- según la asistencia de público y las obras que lleven en el repertorio, ya que no pueden repetirse.
Hay que pedir la autorización del Alcalde y, una vez conseguida, empezar los preparativos para la función nocturna. Por si alguien no se ha enterado de su llegada, recorren las calles principales del pueblo, con música, en una especie de pregón, anunciando la obra que ha de representarse.
Detrás de los actores va toda la chiquillería, unos felices porque sus padres les permitirán asistir; a otros les está vedado y no podrán disfrutar de la pequeña expansión y. más que nada, lo pasarán mal al día siguiente, cuando todos comenten, en la escuela, lo bien que estuvo la función.
Ya se advierte que cada cual tiene que llevar su asiento, pues la representación tiene lugar en el salón del Ayuntamiento, al lado de las escuelas, precisamente donde los niños jugamos durante el recreo cuando, debido al mal tiempo, no se puede salir a la calle.

Normalmente la sesión consta de un drama, que gusta mucho a los campesinos, sensibles a la tragedia, porque su misma vida es otro drama -es la época de la postguerra- y hay muchos miedos y muchas estrecheces económicas. Para alegrar un poco la vida, después del drama representaban un sainete que hacía reír al público. A veces había algún número extraordinario -como las estatuas vivientes- que después eran muy comentados.

Esos días se pasaban rápidamente y después vuelta a la rutina y a esperar otra vez su llegada con renovada ilusión.
Algunas veces estas visitas servían de estímulo a los jóvenes y, si había alguna persona medianamente preparada para dirigirlos, se preparaba una función allí en el pueblo. ¡Eran tan largos y tan tristes los inviernos en Castilla...! Cualquier cosa que rompiera la monotonía era bien recibida por todos. Así, la preparación de una obra de teatro, con sus ensayos, confección del vestuario y otras menudencias, mantenía ocupado e ilusionado al pueblo durante buena parte del invierno.

¡Eran otros tiempos!

miércoles, 15 de junio de 2011

Planicio

Es una obra de José Luis Olaizola. El autor nace en San Sebastián, en 1927. Estudia Derecho y ejerció como abogado durante 15 años, abandonando su trabajo para dedicarse en exclusiva a la literatura. También escribe guiones cinematográficos.
Tiene una obra extensa, con numerosos premios. En 1976, el Premio Ateneo de Sevilla, por Planicio. En 1983, el Premio de Literatura Infantil Barco de Vapor por su novela Cucho. En 1983, el Premio Planeta por La Guerra del General Escobar.

La novela Planicio contiene parte de las vivencias del autor, que desciende de una familia de patrones de pesca, él mismo fue remero y, sobre todo, se desarrolla en su ciudad natal, en los tiempos de la postguerra.
Pachi Lourido, protagonista, junto con su hijo, es gallego de nacimiento, pero desde pequeño ha vivido en el País Vasco y se siente identificado con la tierra y sus gentes. Todo el mundo lo conoce por sus apodos "Gallego" o "Cimarrón". Es un gigantón que ha tenido muchos oficios: pescador, remero en las trineras, cocinero de barco, curandero, zapatero remendón... Pero, poco amigo del trabajo, procura escaquearse y arrimar el hombro lo menos posible. Su pasión es el frontón. Juega utilizando sus tretas y, sobre todo le apasionan las apuestas. Cuando gana no le duele invitar a los amigos, otras veces pierde. De todas formas pocas veces le llega el dinero para llevar a casa. Pero, eso sí, es amante de la buena mesa.
Es viudo y vive, en un miserable sobreático, con su hijo de 13 años al que todos llaman Planicio porque tiene los pies planos y una curiosa forma de andar y sobre todo, corer, "con un trotecillo de caballo de caserío". Es un chico bueno por naturaleza, sin malicia, nunca se enfada con nadie, pero que desespera al Gallego porque dice que no vale para la vida. Desde que murió su madre pasa hambre de continuo porque con el dinero del "aita" no se puede contar. Tiene que colocarse de chico de los recados y después de recogepelotas en el Club de Tenis para lograr hacerse con alguna propinilla.
Pachi logra colocarse con D. Román, antiguo Jefe de Hacienda, en San Sebastián, que debido a una enfermedad rara tiene una parálisis progresiva, y está en una silla de ruedas. Vive con Menchu, una hermana solterona, de carácter más bien agrio.
Su trabajo consiste en sacarlo a pasear por las tardes. Pachi le hace vivir una vida que ya no esperaba. Suben a los montes, disfrutan de los atardeceres en las orillas del mar, van al cine, frecuentan las tabernitas, donde meriendan. D. Román espera ilusionado la hora del paseo. Así conoce a Planicio y nace entre el inválido y el niño una entrañable amistad, que durará hasta el final. Preocupado por el futuro del niño, consigue que ingrese como fámulo en un buen colegio. donde podrá estudiar ya que es inteligente y disfruta leyendo los libros que le presta D. Román.
Un día le da Menchu a Pachi un cheque para que lo cobre en el Banco. Cuando se ve con 300 pesetas en el bolsillo, no se le ocurre otra cosa que ir a un frontón a apostar, perdiéndolas. No se atreve a presentarse por la casa de D. Román quien, en atención al niño, impide que su hermana de aviso a la Policía. Al cabo de un mes, cuando Jacinto (al servicio de la Casa Condal), buen amigo de Pachi, le presta el dinero y va a devolverlo, se encuentra a Menchu sola en la casa y tiene lugar "una semiviolación consentida". De resultas queda embarazada con el consiguiente problema del honor de la familia. Se reunen los hermanos y acuerdan que tienen que casarse. Con la dote de la novia y los préstamos de los hermanos montarán un bar-restaurante, pero tienen que hacerse cargo de los cuidados del inválido, que va empeorando de día en día. Se acuerda la fecha de la boda pero el novio desaparece. Pachi, siempre tan cínico, tiene un rasgo de dignidad y no quiere casarse sin aportar nada al matrimonio, por lo que se embarca, como cocinero, en un pesquero. Ha guardado el traje y la esperanza de tener un restaurante al regreso.

Es un libro ameno, bien escrito, de fácil lectura, que nos hace recordar las penurias de los tiempos de la postguerra, con las cartillas del racionamiento, pero nos hace disfrutar también con la bondad y la ingenuidad de Planicio, un personaje entrañable.
Hay muchas palabras en euskera, pero al pie de página viene la traducción.

sábado, 11 de junio de 2011

Un paseo por el Parque

Aprovechando la bonanza del tiempo y la proximidad de las vacaciones, la Trabajadora Social de la Residencia y Centro de Día de La Romareda, organizó una salida al Parque con un grupo de residentes, los que se animaron a salir porque hay algunos muy remolones, que no hay quien los saque de su rutina.

Para estas salidas se necesita la colaboración de muchas personas y ahí es donde tiene su campo de acción el Voluntariado. Así que nos reunimos un buen grupo de voluntarios y con los ancianos en sillas de ruedas... ¡Al Parque!.

A las 9,30 de la mañana ya estábamos todos allí y los mayores con los nervios a flor de piel. ¡A ver si yo no tengo un voluntario que empuje mi silla!... Pero no, todo el que lo deseó tuvo la oportunidad del paseo.

Fue una visita con "guía" incluído; nos iban explicando un poco la historia del parque, cúando se fundó, quiénes fueron sus artífices, los monumentos, paseos, fuentes,etc.
Subimos hasta el cabezo donde está la estatua del Batallador. Resultó una ascensión un poco difícil para los voluntarios que, como yo ya no somos jóvenes, nos tuvieron que echar una manita los más fuertes en los repechos finales. Pero... llegamos arriba. Allí se estaba muy bien, corría una ligera brisa y no pasamos calor. El panorama que se divisa desde el mirador es espectacular. Además de verse el paseo central, llamado Avenida de San Sebastián con las fuentes y cascadas y la geometría de los jardines, se puede contemplar una panorámica de buena parte de la ciudad.
Para reponer fuerzas, en la Residencia habían preparado bocadillos de tortilla y bebidas, de los que dimos buena cuenta, amenizada la sesión con música.

Después bajamos, eso ya resultó más fácil,aunque había que ir con cuidado, frenando, para no salir disparados cuesta abajo.
Entramos en el Jardín Botánico y allí disfrutaron como enanos. Todo les producía admiración: las flores de los parterres, las chumberas en flor, el estanque con los cisnes nadando, las patas con sus patitos detrás... Otras patas estaban incubando los huevos debajo de los arbustos. Las palomas que todo lo invaden hoy y las cotorras saltando de árbol en árbol, alborotando. Hasta las flores de los magnolios, que aseguraban no haber visto nunca. Todo constituía una novedad, como si lo vieran por primera vez.

De regreso a casa hicimos un alto en la parada del moderno tranvía; eso sí que fue una novedad pues todos recordaban los antiguos tranvías, nada que ver con el actual, comprobando lo fácil que es entrar y salir, incluso con sillas de ruedas.

Contentos y felices, sin ningún contratiempo, los devolvimos a su lugar habitual a la hora de la comida. Pasamos todos una mañana feliz, juntos compartiendo unas horas inolvidables. En el Voluntariado siempre es más lo que recibes que lo que das y esto no es una frase hecha.

martes, 7 de junio de 2011

La Bella Otero

La Bella Otero es una obra de Carmen Posadas. Esta escritora nació en Montevideo en 1953, pero reside en España desde los 12 años. Tiene también la nacionalidad española. Por ser su padre diplomático ha vivido en muchos países adquiriendo una cultura cosmopolita. Se casó muy joven y tiene dos hijas. Después, en segundas nupcias, contrajo matrimonio con Mariano Rubio.
Empezó escribiendo literatura infantil, pasando después a la novela, que alterna con cuentos, ensayos y artículos periodísticos. Su obra es muy extensa y abarca, en el tiempo, desde 1980 hasta 2010. Fue ganadora del Premio Planeta en 1998, con su obra "Pequeñas infamias".

La Bella Otero fue publicada en 2001, por la editorial Planeta. Es una biografía novelada sobre la vida de la bailarina-cantante Agustina Otero Iglesias, conocida artísticamente como La Bella Otero. Su gran hermosura hechizaba a los hombres. Es una cortesana de lujo que tuvo como amantes a seis reyes y numerosos hombres de negocios, millonarios que le hacían espléndidos regalos .
Nace en Valga, un pequeño pueblo de la provincia de Pontevedra y muere en Niza a los 96 años. Siendo niña es violada brutalmente, hecho que va a marcarla para siempre y su relación con los hombres será "una venganza práctica". Repudiada por la familia y el pueblo huye con una compañía de titiriteros y, en Marsella, es descubierta por un empresario americano quien, después de prepararla con un maestro de canto y baile, la presentará en Nueva York como una figura. Se enamora de ella y terminará arruinado, suicidándose. Se la conocía también como la Sirena de los suicidios, porque un buen número de hombres se suicidaron al no poder conseguir sus favores. Es una devoradora de hombres, pero hace una selección. Sólo se acuesta con aquellos que pueden hacerle regalos suntuosos, tales como una isla, un yate, villas, joyas de la categoría de un collar de María Antonietta u otro que perteneció a Eugenia de Montijo...
Fue una de las mujeres más ricas de su tiempo pero era ludópata y toda su fortuna acabó en los casinos. Se retiró de la escena a los 46 años, terminando sus días en una habitación de un modestísimo hotel de Niza, más pobre que una rata, pero conservando su orgullo. Tuvo la previsión de dejar pagada una buena sepultura y un entierro de primera.

La obra tiene como dos autoras. Por un lado es la Bella, en primera persona quien, pocos días antes de su muerte, ve aparecer los fantasmas del pasado, como sombras irreales, a todos aquellos personajes relacionados con su vida. La autora, escribe en tercera persona y, después de una difícil investigación, rastreando por su vida, como contrapunto a las otras biografías que ya se habían escrito sobre el mito de la Bella, intenta aclarar los episodios, poner un poco de luz a las sombras, ya que era una gran mentirosa y se inventaba una vida ficticia, sobre todo lo relacionado con su infancia. Se distinguen las partes de cada una porque están impresas con distinto tipo de letra.
La narración de la Bella es muy subjetiva, es práctica, sus mentiras están encaminadas a darle más atractivo a su vida y más misterio. Por el contrario, la narración de la escritora es objetiva, ha investigado y trata de encontrar la verdad, que no siempre es fácil, cuando la protagonista ha intentado esconder tantas cosas.
El lenguaje es cuidado, también el de la Bella, con reflexiones, a veces demasiado elevadas en una persona que no ha tenido una formación básica. Hay muchas frases en francés (sin traducir) ya que la protagonista apenas conocía el castellano.

Es un libro ameno, de fácil lectura. El personaje es poco conocido en España. Retrata la Belle Époque, su doble moral. A las "horizontales" se les permitía todo, mientras las mujeres "normales" estaban totalmente supeditadas al varón, consideradas como incapaces de decidir por sí mismas. "La fortuna se consigue durmiendo... pero no sola". Así explica la Bella la forma de triunfar, seduciendo a los incautos hombres. Pero lo que poco cuesta ganar, poco cuesta perder. Parece ser que nunca conoció el verdadero amor, en suma una vida malgastada por venganza, poco edificante que termina en la ruina y la soledad más absoluta.