El tiempo entre costuras es la primera obra de María Dueñas. Fue publicada en 2009 y enseguida se ha convertido en un best seller, siendo traducida a numerosos idiomas. Es una mezcla de novela histórica y de espionaje.
María Dueñas Vinuesa nació en Puertollano (Ciudad Real), en 1964 y vive en Cartagena. Es profesora de Filología Inglesa en la Universidad de Murcia y ha impartido cursos en otras universidades de Estados Unidos.
La protagonista es Sira Quiroga, modista de alta costura, cuyo taller encubre otras actividades más comprometidas. Podemos catalogar la obra como novela de amor, novela colonial, novela de separación, de conspiraciones políticas y espionaje. Es un poco una mezcla de todos estos ingredientes. Aunque el personaje de Sira y algunos otros son de ficción, circulan por la novela un montón de personajes históricos como Serrano Suñer, el "cuñadísimo" de Franco, Juan Luis Beigbeder, Alto Comisario en Marruecos durante la Guerra Civil y la inglesa Rosalinda Fox, su amante. Aparecen también un buen número de alemanes nazis, al igual que otros destacados ingleses como Allan Hilgarth, del Servicio Secreto de Londres.
Sira es hija de Dolores, también modista del taller de Dª Manuela. Vive en un barrio castizo y humilde de la capital. Es hija de madre soltera y no conoce a su padre. Poco antes del Alzamiento Nacional y, cuando estaba a punto de casarse con Ignacio -un modesto funcionario-, conoce a Ramiro Arribas que la seduce y es capaz de abandonar todo por él. Conoce al padre -un gran empresario- que, previendo acontecimientos, quiere, de algún modo, resarcir a su hija y le entrega una gran suma de dinero y las joyas familiares. Ramiro le propone montar algún negocio con el dinero y, como Sira no tiene ningún conocimiento al respecto, pone todo en manos de su amante. De forma precipitada se trasladan a Tánger, viviendo en un hotel, hasta que Ramiro desaparece, dejándola embarazada, sin un céntimo y con un montón de deudas. Tiene que huir a Tetuán, pierde el hijo y el Comisario de Policía la instala en la pensión de Candelaria. Cuando se restablece y la patrona se entera de que cose "como los ángeles", decide ayudarle a montar un taller para que confeccione los trajes de las señoras elegantes de la ciudad. Para obtener el dinero necesario, la matutera, se las ingenia para vender una buena cantidad de pistolas, que un cliente dejó en la pensión al estallar la guerra.
El taller prospera y allí Sira va conociendo a gente influyente. Su madre ha quedado sola en Madrid y pretende sacarla de ese infierno con la ayuda de su amiga Rosalinda Fox, quien gracias a la colaboración del periodista Marcus Logan, logra su evacuación.
Al terminar la contienda, es empujada hacia otras actividades más peligrosas, en las que entran alemanes e ingleses, en lucha en la Segunda Guerra Mundial.
Montan otro taller en Madrid y, alli´se traslada Sira con una nueva identidad, trabajando para el Servicio Secreto del Reino Unido. Sus clientas son alemanas o españolas germanófilas y, allí hablan de sus maridos y de sus actividades y Sira, pacientemente, valiéndose de sus patrones, pasará toda la información a los ingleses, en un salón de belleza y en el museo del Prado, lugares a los que acude de forma regular.
Es envíada en una misión a Portugal, done corre serios peligros, incluso de muerte y, donde se reencuentra con Marcus Logan, que resulta ser un agente secreto, también al servicio de Londres.
Consigue una valiosísima información y, desde entonces exige llevar ella las riendas de su vida.
Es una novela en la que aparecen el amor pasional, la traición, el desvalimiento y la superación constante de la protagonista. Es importante el personaje de Candelaria, por su fuerza; es superviviente de todas las penalidades, trapichea con lo que le sale al paso para dar de comer en su pensión a un grupo de españoles, de los dos bandos, que han quedado atrapados en el Protectorado. De ellos sólo dos le pagan. Con el negocio del taller de costura obtiene buenos beneficios pero, a la hora de la verdad, se le esfuman con la enfermedad y el entierro de un maestro jubilado que tiene en la pensión y, que ha conseguido enviar los ahorros de toda su vida, al Auxilio Rojo.
Está bien documentada, gracias a memorias, prensa y otros informes de testigos. Hay una recreación de las ciudades de Tánger y Tetuán y nos evoca los aromas y los ambientes de la medina, del barrio judio, de la zona de los europeos, la forma de vida en esa época en el Protectorado español.
domingo, 16 de octubre de 2011
lunes, 10 de octubre de 2011
Apertura de curso 2011-2012

El día 7 de octubre asistimos, un año más, a la Apertura del curso 2011-2012. Un año más, también, tuvo lugar en el marco incomparable del Paraninfo de la Universidad de Zaragoza.
El edificio es obra del ilustre arquitecto aragonés D. Ricardo Magdalena Tabuenca, que cuenta en la ciudad con otras obras también representativas. Es de estilo neomudéjar. Los materiales empleados son la piedra en los basamentos y las esculturas de la escalinata de la entrada, el ladrillo caravista en la mayor parte de la fábrica, la madera en el saliente alero, de estilo aragonés, el yeso en revoques y adornos interiores y azulejos y cerámica en la decoración exterior.
Fue inaugurado en 1893 para albergar las Facultades de Medicina y Ciencias. En 1973, se trasladan éstas al Campus de la Plaza de San Francisco. En la actualidad, después de alguna remodelación -en lo que fue el Hospital Clínico- ha quedado ubicada la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. El resto de los edificios cumple otras funciones: institucional, albergando el Rectorado, cultural, acogiendo exposiciones y conferencias y científica, como sede de congresos para la difusión de la cultura y la investigación universitarias.
La sala, que en otro tiempo fue Salón de Actos, la Sala Paraninfo, se utiliza para estos eventos. Allí, con sus hermosas vidrieras, tapices, cuadros y otros adornos, igualmente espectaculares, es donde tiene lugar el acto de la Apertura de curso.
Después de las presentaciones, tomó la palabra el Director de la Universidad de la Experiencia y nos habló de lo que supone esta modalidad de Universidad para mayores: un programa cultural de la Universidad, en colaboración con los Servicios Sociales, los Ayuntamientos y otras instituciones. Felicitó a los profesores, que tienen que adaptarse a otra forma de enseñar y, por supuesto, a nosotros, los alumnos, "los mejores alumnos". Todos vamos con ilusión por aprender cosas nuevas, algo impensable en otros tiempos, a nuestra edad.
Los alumnos de Tercer año recibieron dendos diplomas, pasando por la mesa presidencial a recogerlos, con el orgullo pintado en sus rostros. ¡Enhorabuena!. Otro año serán otros quienes los reciban con satisfacción.
Seguidamente, el profesor Dn. Eladio Liñán Guijarro, impartió la lección magistral que versó sobre "Fósiles emblemáticos de Aragón". Hizo un recorrido por las distintas etapas geológicas y las zonas de la geografía aragonesa en las que se han encontrado fósiles. Como el valle del Ebro fue un fondo marino, los restos fosilizados de organismos vivos- tanto plantas como animales- son muy abundantes. De eso podemos dar fe los alumnos que en el curso pasado realizamos una salida a la sierra de Belchite; una experiencia inolvidable que nos aportó el conocimiento "in situ" de la materia que habíamos estudiado en clase.
Con la misma ilusión que en años anteriores empezaremos las clases el próximo lunes y una vez más con la ilusión que supone hacer algo que se ha elegido voluntariamente, sin imposiciones de ningún género. Esperamos llegar al final del curso contentos y satisfechos, con el convencimiento de no haber desaprovechado el tiempo.
martes, 27 de septiembre de 2011
Los gitanos

Era todo un acontecimiento en el pueblo la llegada de los gitanos.
Venían por los caminos de alguna de las localidades limítrofes, con sus rehatas de burros y mulos, transportando sobre sus lomos todas sus pertenencias. Viajaban con la casa a cuestas y donde más les apetecía montaban su campamento. Descargaban los burros y extendían por el suelo las colchonetas donde, llegada la noche dormirían bajo las estrellas. Soltaban a los animales para que pastaran libremente. Las mujeres improvisaban un fuego donde prepararían las comidas en unas grandes ollas en las que cabía todo.
Siempre tenían lugar sus visitas durante el verano, aprovechando la bonanza del tiempo. Allí solían acampar en el mismo lugar: el Pradillo. Una zona, al lado de los lavaderos, con buena hierba, donde las mujeres del pueblo ponían la ropa a blanquear. Discurría por allí un regato con agua clara que alimentaba los lavaderos y que podían utilizar para sus necesidades: higiene -no demasiada-, cocinar, bebida para los animales... Cercano existía -y existe todavía- una zona de arbolado, el soto, donde se solazaban a la sombrita, mientras la gente del pueblo, a esas horas, estaban en los rastrojos o las eras, preocupándose de recoger sus cosechas. Aquí se podría recordar la fábula de La cigarra y la hormiga. Las pequeñas hormiguitas emvidiábamos a los gitanillos que, olvidando todo disfrutaban metiéndose descalzos en la regaderilla, refrescándose y jugando bajo los árboles, mientras todos los críos del pueblo teníamos que ayudar a nuestras familias en las tareas de la recolección en el campo, en la era, llevando el agua fresca a los mayores... Nosotros no podíamos solazarnos con esos esparcimientos. Y sí, los mirábamos con cierta envidia y más de una vez hubiéramos querido cambiar nuestro lugar por el suyo.
Los gitanos mayores se dedicaban al trato, intentando vender a los lugareños alguna de sus bestias. Para probar que estaban sanas y ágiles les hacían dar unas carreras y cuando estaban ellos delante no había ningún problema pero, después de realizada la compra, el animal empezaba a cojear o presentaba cualquier otra tara, que antes no habían observado.
Las gitanas se dedicaban a la artesanía del mimbre y, allí a la sombra de los árboles se las podía ver trabajando, dando forma a cestas y canastillos de todos los tipos y tamaños, redondos, ovalados, con tapas, etc. Después, con la mercancía, rodeadas de los churretosos churumbeles, uno pegado a la teta, otros agarrados a las faldas y siempre otro en la barriga, recorrían las calles intentando vender su trabajo a las mujeres del pueblo. Ellas eran las únicas proveedoras de estos enseres tan útiles en el pueblo. La forma de pago solía ser el trueque. A cambio de la cesta pedían un trozo de tocino, un hueso de jamón o cualquier otra cosa por el estilo, que había entonces en todas las casas y que no eran de mucho aprecio, precisamente porque tenían con más abundancia. Con estos manjares y algunas patatas u otras verduras, que de pasada, podían recoger de algún huerto, preparaban su olla que después degustaría toda la tropa alrededor de la fogata.
A veces, si se enteraban de que recientemente había muerto alguna oveja u otro animal, lo desenterraban para aprovechar su carne. Siempre pensábamos que tenían unas defensas especiales para que no les sentara mal. El secreto es que lo tenían en la olla cociendo todo el día y la carne estaba más que esterilizada por efecto de la cocción tan prolongada. Eran otros tiempos. Afortunadamente hoy hemos mejorado, aunque con la crisis es demasiado frecuente encontrar personas rebuscando en los contenedores y abriendo las bolsas de basura, buscando algo comestible que poder llevarse a la boca.
Los niños sentíamos mucha curiosidad por ver el campamento y, en cuanto teníamos un rato libre aprovechábamos para acercarnos a observar, contraviniendo las recomendaciones de los mayores. La llegada de los gitanos provocaba cierto malestar entre la población, encerraban a las gallinas, que entonces andaban sueltas por las calles y se cerraban las puertas de las casas si los vecinos tenían que ausentarse. En una palabra, tenían fama de apropiarse de lo ajeno. Aunque rezaba un dicho que decía "con la cosa de los gitanos, se aprovechan los paisanos".
viernes, 23 de septiembre de 2011
La cruz invertida
Marcos Aguinis nació en Córdoba (Argentina), en 1935. De origen judío, es médico. Desde 1963, en que aparece su primer libro, no ha dejado de publicar, convirtiéndose sus últimas obras en best-sellers. También es articulista y conferenciante. Ha viajado por numerosos países. En 1963, al restaurarse la democracia en su país, fue nombrado Subsecretario y más tarde Secretario de Cultura y es el impulsor de la llamada "primavera cultural". Ha participado en organizaciones que promueven la democratización de la cultura y los derechos y deberes de los ciudadanos.
Ha recibido numerosos galardones internacionales de importantes instituciones. Entre ellos figura el Premio Planeta que le fue concedido en 1970 por su obra La cruz invertida.
Los personajes principales de la novela son:
-Carlos Samuel Torres, sacerdote.
-Agustín Buenaventura, sacerdote.
Personajes secundarios:
-Donato Pérez, comisario de Policia, condiscípulo de Carlos Samuel.
-Tardini, Obispo y antiguo condiscípulo de Carlos Samuel, en el Seminario.
-Fermín Saldaño, cura, tío de Carlos Samuel.
-Magdalena, prostituta del barrio de San José.
-Estudiantes: Néstor Fuentes, Víctor, Horacio, José Manuel, Olga, hija del Dr. Bello, comunista.
La acción se desarrolla en un país indeterminado de Hispanoamérica y nos presenta los problemas que acucian a toda la zona: la pobreza, la injusticia social, el autoritarismo y el papel de la Iglesia, alejada de los pobres, dando su apoyo a las autoridades. Hay mucha simbología y, gran parte de los capítulos, llevan títulos de libros de la Biblia, alusivos a los temas que tratan. Se transparenta en toda la obra el origen judío del autor y su profundo conocimiento de los libros sagrados.
El protagonista de la novela es Carlos Samuel Torres -en el que se puede ver al guerrillero Camilo Torres- es enviado al Seminario donde se imparte una formación tradicional, dura represiva, que anula la personalidad de los chicos. Para salir adelante ha de olvidarse de su voluntad y acatar obedientemente todas las normas. Termina los estudios con nota inmejorable en estudio y disciplina por lo que, como premio, es enviado a Europa a continuar su formación en distintas universidades. Allí en contacto con otros ambientes se abre su mente y se impregna de los nuevos vientos progresistas de la Iglesia. Cuando regresa a su país es como otra persona, con otras ideas y otros planteamientos de la religión. Solicita trabajar en el barrio de San José, pobre y marginado, y se da cuenta de todos los problemas de la gente. Toma partido del lado de los pobres, frente a las injusticias que soportan. Empiezan los problemas con el Obispo.
Junto con otro sacerdote mayor, el padre Agustín Buenaventura,- que había pasado muchos años en la selva-, son trasladados a una parroquia en un barrio de ricos. Los dos curas castigados se ponen de acuerdo para intentar cambiar las cosas predicando el Evangelio, de acuerdo con los principios de la Teología de la Liberación. Organizan charlas con los estudiantes en la parroquia, en la que todos pueden expresarse libremente. Hay manifestaciones y altercados con la Policía, incluso dentro de la iglesia. Son llamados por el Obispo, que reclama la presencia del Nuncio para realizar contra los dos sacerdotes un juicio eclesiástico que termina con la excomunión de ambos.
Esta obra fue muy polémica en su tiempo. Suscitó muchos comenterios y no precisamente por aspectos literarios sino por el tema en el que se mezclan la fe, la revolución, la justicia social, el sexo, las dictaduras, el marxismo y la Iglesia Católica. Es un libro que invita a la reflexión.
Ha recibido numerosos galardones internacionales de importantes instituciones. Entre ellos figura el Premio Planeta que le fue concedido en 1970 por su obra La cruz invertida.
Los personajes principales de la novela son:
-Carlos Samuel Torres, sacerdote.
-Agustín Buenaventura, sacerdote.
Personajes secundarios:
-Donato Pérez, comisario de Policia, condiscípulo de Carlos Samuel.
-Tardini, Obispo y antiguo condiscípulo de Carlos Samuel, en el Seminario.
-Fermín Saldaño, cura, tío de Carlos Samuel.
-Magdalena, prostituta del barrio de San José.
-Estudiantes: Néstor Fuentes, Víctor, Horacio, José Manuel, Olga, hija del Dr. Bello, comunista.
La acción se desarrolla en un país indeterminado de Hispanoamérica y nos presenta los problemas que acucian a toda la zona: la pobreza, la injusticia social, el autoritarismo y el papel de la Iglesia, alejada de los pobres, dando su apoyo a las autoridades. Hay mucha simbología y, gran parte de los capítulos, llevan títulos de libros de la Biblia, alusivos a los temas que tratan. Se transparenta en toda la obra el origen judío del autor y su profundo conocimiento de los libros sagrados.
El protagonista de la novela es Carlos Samuel Torres -en el que se puede ver al guerrillero Camilo Torres- es enviado al Seminario donde se imparte una formación tradicional, dura represiva, que anula la personalidad de los chicos. Para salir adelante ha de olvidarse de su voluntad y acatar obedientemente todas las normas. Termina los estudios con nota inmejorable en estudio y disciplina por lo que, como premio, es enviado a Europa a continuar su formación en distintas universidades. Allí en contacto con otros ambientes se abre su mente y se impregna de los nuevos vientos progresistas de la Iglesia. Cuando regresa a su país es como otra persona, con otras ideas y otros planteamientos de la religión. Solicita trabajar en el barrio de San José, pobre y marginado, y se da cuenta de todos los problemas de la gente. Toma partido del lado de los pobres, frente a las injusticias que soportan. Empiezan los problemas con el Obispo.
Junto con otro sacerdote mayor, el padre Agustín Buenaventura,- que había pasado muchos años en la selva-, son trasladados a una parroquia en un barrio de ricos. Los dos curas castigados se ponen de acuerdo para intentar cambiar las cosas predicando el Evangelio, de acuerdo con los principios de la Teología de la Liberación. Organizan charlas con los estudiantes en la parroquia, en la que todos pueden expresarse libremente. Hay manifestaciones y altercados con la Policía, incluso dentro de la iglesia. Son llamados por el Obispo, que reclama la presencia del Nuncio para realizar contra los dos sacerdotes un juicio eclesiástico que termina con la excomunión de ambos.
Esta obra fue muy polémica en su tiempo. Suscitó muchos comenterios y no precisamente por aspectos literarios sino por el tema en el que se mezclan la fe, la revolución, la justicia social, el sexo, las dictaduras, el marxismo y la Iglesia Católica. Es un libro que invita a la reflexión.
jueves, 22 de septiembre de 2011
Recuerdos del verano
¡Cómo olvidarme de Pedro! Pedro es una persona especial. Es difícil precisar su edad. Probablemente pase ya de los cuarenta. Es un gigantón con alma de niño. Grande, con el pelo entrecano y la sonrisa siempre en los labios. No sé si vive habitualmente en el pueblo o, simplemente, pasa allí los veranos con su familia. Está muy curtido, de pasar muchas horas en la playa. Cada día aparece con un ramito de jazmines que va regalando, florecita a florecita, a todas las señoras que encuentra. Es una gentileza de Pedro. Va pasando por todos los grupos que están dentro del agua, con su sonrisa a cuestas. Si le preguntan, sigue sonriendo porque su lenguaje es casi nulo, hace como si escribiera con el dedo en la palma de la mano. Todo el mundo lo conoce y todos le saludan. Su padre lo vigila, a corta distancia, pero es un cuidado innecesario, porque no causa ningún problema. Como no sabe nadar, no se interna mucho en el mar, sólo se baña donde no le cubre el agua.
Y así van pasando los días y los años para él. Y cada verano lo volveremos a encontrar por la playa.
Por las mañanas, muy temprano, aparece un grupo de gimnasia, primero en tierra y después dentro del agua. Lo mismo se acercan al grupo hombres y mujeres de distintas edades, para hacer los ejercicios, cada cual según sus posibilidades. Algunos días veíamos también a un grupo que practicaba taichí. Todos con una monitora. Hay para todos los gustos.
Al lado de la playa existe una Escuela de Vela que acoge, en el verano a grupos de muchachos y muchachas de distintas edades que, aprovechando las vacaciones, pasan unos días en contacto con la naturaleza, a la vez que se inician en la práctica de los deportes en el mar.
Los mayores, salían por grupos en veleros, muy bien pertrechados. Seguramente ya habían hecho otros cursos y tenían alguna experiencia práctica. Todos los días aparecían a la misma hora acompañados de sus monitores.
Otros grupos de niños más pequeños hacen sus primeros pinitos sobre una tabla e intentan, entre carcajadas de los compañeros, mantener el equilibrio o, en una barca, aprenden a manejar los remos y controlarla. Los monitores vigilan para que no haya que lamentar ningún accidente.
Por la noche, después de cenar, dábamos largos paseos, buscando el frescor de los parques o del Paseo Marítimo. Es una delicia, al pasar cerca de algunos jardines, aspirar el aroma dulzón del jazmín pero, sobre todo, el suave perfume de "la dama de noche" que anuncia su presencia desde lejos.
Otros días el paseo se dirigía hacia los mercadillos nocturnos. Es muy entretenido el espectáculo de estos mercados al aire libre. Allí se vende cualquier cosa: ropa, calzado, bisutería, bolsos, discos... Hay muchos curiosos pululando alrededor de los puestos. Algunos compran, los más miran. Pero se pasa un buen rato observando el ir y venir de la gente ociosa. ¡Tienen tantas horas los días de vacaciones...!
Y así van pasando los días y los años para él. Y cada verano lo volveremos a encontrar por la playa.
Por las mañanas, muy temprano, aparece un grupo de gimnasia, primero en tierra y después dentro del agua. Lo mismo se acercan al grupo hombres y mujeres de distintas edades, para hacer los ejercicios, cada cual según sus posibilidades. Algunos días veíamos también a un grupo que practicaba taichí. Todos con una monitora. Hay para todos los gustos.
Al lado de la playa existe una Escuela de Vela que acoge, en el verano a grupos de muchachos y muchachas de distintas edades que, aprovechando las vacaciones, pasan unos días en contacto con la naturaleza, a la vez que se inician en la práctica de los deportes en el mar.
Los mayores, salían por grupos en veleros, muy bien pertrechados. Seguramente ya habían hecho otros cursos y tenían alguna experiencia práctica. Todos los días aparecían a la misma hora acompañados de sus monitores.
Otros grupos de niños más pequeños hacen sus primeros pinitos sobre una tabla e intentan, entre carcajadas de los compañeros, mantener el equilibrio o, en una barca, aprenden a manejar los remos y controlarla. Los monitores vigilan para que no haya que lamentar ningún accidente.
Por la noche, después de cenar, dábamos largos paseos, buscando el frescor de los parques o del Paseo Marítimo. Es una delicia, al pasar cerca de algunos jardines, aspirar el aroma dulzón del jazmín pero, sobre todo, el suave perfume de "la dama de noche" que anuncia su presencia desde lejos.
Otros días el paseo se dirigía hacia los mercadillos nocturnos. Es muy entretenido el espectáculo de estos mercados al aire libre. Allí se vende cualquier cosa: ropa, calzado, bisutería, bolsos, discos... Hay muchos curiosos pululando alrededor de los puestos. Algunos compran, los más miran. Pero se pasa un buen rato observando el ir y venir de la gente ociosa. ¡Tienen tantas horas los días de vacaciones...!
viernes, 16 de septiembre de 2011
En el aire

Aquel día amaneció con un vientecillo fresco de Levante. No era un buen día para disfrutar del baño pero ofrecía las condiciones ideales para hacer volar las cometas.
Muy temprano -como temiendo que aquel viento fuera a desaparecer de un momento a otro- empezaron a verse volando por el azul del cielo, barridas las nubes,un sin fin de cometas de todos los tamaños, formas y colores. Se advertía la destreza de sus dueños, normalmente los padres de los niños que alegres las contemplaban.
Enseguida empezó a destacarse una de llamativos colores: rojo, azul y blanco, como la bandera francesa, con una larguísima cola. Comenzó a ascender alegremente, sobresaliendo por encima de las otras cometas que no podían alcanzarla. Subía, subía, se balanceaba en el aire con graciosas contorsiones... Siguió ascendiendo, subiendo cada vez más alto, hasta que dejamos de verla. Y ya libre de ataduras se perdió en el ancho cielo, seguramente iría a reunirse con otras cometas, que siguieron la misma suerte, y los globos que se les sueltan a los niños, allí en un país fantástico, de ensueño, donde sólo reina la libertad.
Otra mañana, esta vez con el viento en calma, pudimos disfrutar de un magnífico espectáculo: el lanzamiento de paracaidistas sobre las tranquilas aguas del Mar Menor.
Un avión sobrevolaba en círculos, por encima de nuestras cabezas, hasta que encontraba el lugar adecuado para el lanzamiento de su carga e iba soltando al espacio uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, hasta siete paracaidistas. Los veíamos descender, uno a uno, hasta que se iban abriendo los paracaídas y bajaban más lentamente hasta tocar el agua. Allí eran recogidos por un barco. Así toda la mañana, llegaba un avión, luego otro, y otro... soltaban su carga y volvían a la cercana base de San Javier.
Pasamos unas horas mirando al cielo, contemplando la pericia de los participantes en dichas maniobras y, una mañana de playa, a veces insulsa, se convirtió en un entretenimiento para los ociosos veraneantes.
jueves, 8 de septiembre de 2011
Requiem por un sauce llorón
Cuando construyeron la Urbanización plantaron árboles en las calles, especialmente palmeras, pero en la esquina de la Avenida, los vecinos colocaron un sauce. Ello daba mayor atractivo a la zona.
El pequeño sauce era mimado por todos. Todos le vieron crecer. Unos se encargaban de regarlo, otros de podarle las ramas innecesarias. Así, con mucho cariño, se hizo un gran árbol adulto, con unas hermosas y lánguidas ramas que llegaban hasta el suelo. Era muy decorativo pero, además, cumplía una función muy importante en una zona con un clima tan caluroso: daba sombra. Al mediodía, al regreso de la playa, era una bendición hacer un alto y refugiarse bajo sus ramas. ¡Qué alivio, llegar al sauce y descansar un poco a la sombra!.
Pues bien, llegó un momento en que el pobre árbol empezó a molestar a los vecinos más próximos, por el terrible delito de desprendérsele algunas hojas que el viento arrastraba hasta sus puertas. Les molestaba tener que recogerlas diariamente. Así empezó una conspiración en contra del indefenso sauce. Se avisó al Ayuntamiento y, con no sé qué excusa le hicieron una poda drástica, quedando únicamente el tronco privado de todas sus ramas. Cuando llegó la primavera intentó defenderse y, con un hálito de vida, le brotaron unas ramitas. Esto incomodó a los furiosos vecinos que buscaron otros modos de deshacerse del infortunado árbol. Así recurrieron a aplicarle métodos aún más letales. Le echaron lejía y otros productos con el fin de matar las raíces, hasta que lo consiguieron.
En el verano, nos encontramos en el lugar donde antes estuvo un hermoso sauce llorón, como testimonio de la barbarie, un tronco seco que alguien apodó como "el árbol del ahorcado".
¡Qué triste!. Ya no había sombra, sólo un monumento a la intransigencia y a la falta de civismo. Este funesto final les aguarda a otros muchos árboles, que crecen demasiado y no son del agrado de los vecinos.
Quien haya plantado un árbol y lo haya cuidado y visto crecer, sabe lo que cuesta hasta que lo vemos grande, desarrollado. Y después... en un momento toda esa vida desaparece. No estamos en España tan sobrados de árboles para permitirnos el lujo de aniquilarlos sólo porque nos producen una pequeña molestia como es la de recoger sus hojas cuando estas caen.
Más, teniendo en cuenta la cantidad de incendios que, durante todos los veranos, se producen en nuestra geografía; unos accidentalmente,y otros por imprudencias o mala fe. Lo cierto es que cada año se pierde buena parte de la masa forestal con el consiguiente perjuicio para todos, pues sabido es que los árboles regulan el clima y la lluvia.
El pequeño sauce era mimado por todos. Todos le vieron crecer. Unos se encargaban de regarlo, otros de podarle las ramas innecesarias. Así, con mucho cariño, se hizo un gran árbol adulto, con unas hermosas y lánguidas ramas que llegaban hasta el suelo. Era muy decorativo pero, además, cumplía una función muy importante en una zona con un clima tan caluroso: daba sombra. Al mediodía, al regreso de la playa, era una bendición hacer un alto y refugiarse bajo sus ramas. ¡Qué alivio, llegar al sauce y descansar un poco a la sombra!.
Pues bien, llegó un momento en que el pobre árbol empezó a molestar a los vecinos más próximos, por el terrible delito de desprendérsele algunas hojas que el viento arrastraba hasta sus puertas. Les molestaba tener que recogerlas diariamente. Así empezó una conspiración en contra del indefenso sauce. Se avisó al Ayuntamiento y, con no sé qué excusa le hicieron una poda drástica, quedando únicamente el tronco privado de todas sus ramas. Cuando llegó la primavera intentó defenderse y, con un hálito de vida, le brotaron unas ramitas. Esto incomodó a los furiosos vecinos que buscaron otros modos de deshacerse del infortunado árbol. Así recurrieron a aplicarle métodos aún más letales. Le echaron lejía y otros productos con el fin de matar las raíces, hasta que lo consiguieron.
En el verano, nos encontramos en el lugar donde antes estuvo un hermoso sauce llorón, como testimonio de la barbarie, un tronco seco que alguien apodó como "el árbol del ahorcado".
¡Qué triste!. Ya no había sombra, sólo un monumento a la intransigencia y a la falta de civismo. Este funesto final les aguarda a otros muchos árboles, que crecen demasiado y no son del agrado de los vecinos.
Quien haya plantado un árbol y lo haya cuidado y visto crecer, sabe lo que cuesta hasta que lo vemos grande, desarrollado. Y después... en un momento toda esa vida desaparece. No estamos en España tan sobrados de árboles para permitirnos el lujo de aniquilarlos sólo porque nos producen una pequeña molestia como es la de recoger sus hojas cuando estas caen.
Más, teniendo en cuenta la cantidad de incendios que, durante todos los veranos, se producen en nuestra geografía; unos accidentalmente,y otros por imprudencias o mala fe. Lo cierto es que cada año se pierde buena parte de la masa forestal con el consiguiente perjuicio para todos, pues sabido es que los árboles regulan el clima y la lluvia.
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