¿Qué es Medjugorge? Hacía poco que oí este nombre por primera vez, gracias a un libro de María Vallejo Nájera en el que expone todo lo que está ocurriendo en ese pueblo de Bosnia-Herzegovina desde 1981.
Todo empezó la tarde del 24 de junio cuando dos jovencitas de 16 años paseaban por los alrededores del pueblo. Ivanka y Mirjana eran amigas y hacía tiempo que no se veían. ya que esta última vivía en Sarajevo y sólo iba al pueblo a pasar las vacaciones con sus abuelos. De pronto Ivanka le dice a su amiga: Creo que la Gospa está ahí en el monte. Pero Mirjana le contesta que con esas cosas no se bromea y se vuelve al pueblo. Por el camino se encuentra con otras dos amigas y sienten la atracción de volver al lugar donde había quedado Ivanka. Cuando llegan todas ven a la Virgen sobre una nube y con el niño envuelto en una mantita. Vicka, asustada corre hacia el caserío, encontrándose por el camino con Ivan que acude donde se encuentra el grupo y contempla también la aparición.
Al día siguiente llevados por un impulso irresistible vuelven al mismo lugar Vicka, Ivanka, Mirjana, Ivan, Marija y jacob, un niño de 10 años. Estos seis constituyen el grupo de videntes a los que se les aparecerá diariamente la Gospa. Ellos recibirán los mensajes y los secretos que la Virgen les confía. Al principio las visiones eran diarias para todos pero después sólo Ivan, Vicka y Marija la ven diariamente, allí donde se encuentren. Otros, una vez al año, el día de Navidad, Mirjana el día de su cumpleaños y el día 2 de cada mes. El 25 de cada mes Marija recibe un mensaje de la Virgen que luego hace público y se traduce a otros idiomas. En estos mensajes, María insiste sobre la oración como medio de conversión de los corazones y la salvación del mundo. El 25 de junio se celebra el aniversario por ser el primer día que los jóvenes hablaron con la Virgen.Desde entonces son millones los peregrinos que pasan por el lugar buscando la transformación de sus vidas.
La Señora, en el tercer día de las apariciones se presentó como Reina de la Paz. El P. Jozo, entonces párroco de Medjugorje, comparaba las apariciones con el pasaje bíblico de David y Goliat, cómo el joven pastorcillo vence al gigante con una piedrecita. Así formó un plan de vida cristiana practicando las cinco piedritas. Estas son: el rezo del rosario (aquí se reza completo), la Eucaristía, la lectura de la Biblia, el ayuno a pan y agua los miércoles y viernes y el sacramento de la Confesión.
Después de un viaje muy cansado -ya que salimos de casa a las dos de la madrugada-, pasamos el día entre autobuses, trenes, avión y nuevamente otro autobús que nos llevó desde Duvronnik, donde nos esperaban, hasta nuestro destino. Llegamos rendidos por el sueño y el cansancio, cenamos y a descansar pues allí la jornada empieza muy temprano y había que cumplir el programa diario.
El primer día emprendimos la subida al monte Kricevac o monte de la Cruz. Es una montaña de piedra, cubierta de arbolado hasta la cima. Se asciende rezando el Vía Crucis, ya que, escalonadas existen unas placas en bronce, bajorrelieves de un artista italiano, representando las Estaciones. Es difícil la escalada debido a la pendiente y el terreno pedregoso. No obstante son muchas las personas que se descalzan para realizar la ascensión. Con la ayuda de bastones, el apoyo de los árboles y una manita de la Gospa logramos llegar a la cumbre.Es de agradecer la sombra que brindan los árboles y el descanso en cada estación.
En la cima hay una cruz de hormigón, construida en 1933 para conmemorar los 1900 años de la muerte de Jesús.Nos explicaron que, toda la gente del pueblo, según sus fuerzas, había colaborado en la subida de los materiales, a hombros. La cima ofrece un espectáculo impresionante. Se pueden ver los valles, rodeados de montañas cubiertas de bosques, y un verdor que sorprende en esta estación del año. Las casas de los pueblos están diseminadas entre el verde de los árboles.
La bajada fue más rápida, aunque según los expertos, más peligrosa. En total invertimos más de cuatro horas.
Por la tarde, a las 4, ya estábamos en la explanada donde tienen lugar los actos religiosos. La iglesia, aunque moderna y de buen tamaño, hace tiempo que se quedó pequeña para albergar a las multitudes de peregrinos que acuden allí de todos los puntos del globo. En el exterior de la parroquia han construido un grandioso altar, al aire libre, y multitud de bancos para la comodidad de los fieles. A las 6, comienzan los rosarios, seguidamente la Eucaristía, terminando con la Adoración Eucarística.
El 2, era día de Aparición a Mirjana. Normalmente tienen lugar en la Colina de las Apariciones, el Podbrdo, pero, encontrándose enferma, tuvo lugar en su misma casa. Allí, alrededor del edificio, nos congregamos todos los grupos de peregrinos, rezando el rosario y cantando hasta que avisaron que llegaba la Virgen. Entonces se hizo el silencio permaneciendo de rodillas hasta que terminó. Después se hizo público el mensaje de la Señora que insistía en la virtud de la humildad.
Por la tarde el vidente Ivan Dragicevic dio testimonio, en la explanada, Habitualmente reside en los Estados Unidos pero viene durante los veranos para atender a los peregrinos.
Otro día, de mañana se realiza la subida a la Colina de las Apariciones. Empezando por la Cruz Azul -donde Ivan se reunía con los Grupos de Oración- , se asciende rezando las tres partes del Rosario, marcados los misterios por bajorrelieves de bronce.
Pudimos ver a la vidente Vicka Ivankovic que dio testimonio desde una terraza en el pueblecito, próximo a Medjugorje, donde vive. Quedamos impresionados del carisma de esta mujer, su ternura, su alegría, su misticismo...Nos habló con toda naturalidad, como si fuésemos amigos de toda la vida. Con un recogimiento impresionante estuvo casi una hora rezando por todos.
Otra cita obligada es la charla de Sor Vicky, monja peruana, que nos demostró un conocimiento exhaustivo de las Sagradas Escrituras. Fue muy interesante.
No menos interesante fue la visita a la Comunidad del Cenáculo, fundada por la Madre Elvira, monja italiana, que con una visión humanitaria ha ido sembrando por doquier estos centros de recuperación de drogadictos. Aquí llegan personas con la vida rota y, gracias al trabajo, a la amistad y la oración se transforman. El centro es gratuito.Dos jóvenes nos dieron testimonio sincero de cómo habían llegado y su paulatino cambio, gracias al Ángel de la Guarda, otro compañero que lo acompaña y lo tutela en la primera fase, ayudándolos en todo y haciendo el trabajo que el nuevo no hace, hasta que éste se conciencia y empieza el cambio.
El terreno fue comprado pero todo lo que vimos es obra de los jóvenes. Es admirable cómo trabajan la piedra, material allí más que abundante.
Otra visita obligada es el cementerio, dentro de un parque, en el que está enterrado el P. Jozo . Este franciscano apoyó a los videntes, por lo cual fue encarcelado, pues no podemos olvidar que las apariciones comenzaron durante el régimen comunista, estando prohibidas las manifestaciones religiosas. La publicidad fue siempre negativa, desacreditándolas. El P. Jozo murió muy joven , en el monte Krizevac . En el lugar hay una placa de bronce que lo recuerda.
Próximo al Cementerio está el Cristo Resucitado, escultura de estilo moderno, de gran tamaño, en bronce, obra del artista esloveno Andrej Ajdic. Aparentemente, sin ninguna explicación lógica, de la pierna derecha rezuma un líquido que los devotos se apresuran a recoger en unos pañitos. Se forman colas interminables de fieles que quieren llevarse el recuerdo.
En ese mismo parque se han colocado unas capillitas con los misterios luminosos del Rosario, añadidos por el hoy santo Juan Pablo II.
En la iglesia parroquial hay una hermosísima talla de la Gospa. Cuando les preguntaban a los videntes cómo era la Virgen contestaban es muy bella, muy bella, pero no se parece a nada de la tierra. Destaca su dulzura, sus ojos azules de mirada tierna y serena. Está rodeada de orquídeas de todos los colores. En otras representaciones adopta distintas posturas. La Reina de la Paz vela desde su altar por todos sus hijos.
La última tarde que pasamos en Medjugorge nos llevaron a una población, distante unos 40 Kms para visitar a la Virgen Blanca, otra hermosísima talla. Allí se celebró la Santa Misa y, después, con la Virgen de fondo nos hicimos la foto del grupo.
Como todo tiene su final, llegó el momento del regreso a nuestros hogares y también de reflexionar sobre todo lo que hemos vivido en la peregrinación. Son tantas las emociones que hemos experimentado que necesitaremos un tiempo para asimilarlas pero lo que si es cierto es que siempre habrá un antes y un después.
Como todo tiene una parte negativa para mí es el mercantilismo que se ha creado alrededor de las apariciones. Aunque en honor a la verdad los precios de los artículos religiosos no son caros. Pero me parece que la transformación que ha sufrido el pueblo desvirtúa la fe de la gente. Antes era un pueblecito agrícola que vivía del cultivo de las viñas y del tabaco. Ahora, unas magníficas tierras de labor han quedado abandonadas, viviendo todos los habitantes, de una forma o de otra, del turismo. Así el pueblo se ha transformado, incluso se ha construido con otro emplazamiento. Supongo que todo esto era inevitable. Es sólo una opinión mía.
martes, 8 de julio de 2014
miércoles, 25 de junio de 2014
Encuentro Interparroquial
Al igual que en años anteriores, el 21 de junio se organizó un encuentro, esta vez en el Monasterio de La Vid (Burgos) y, ya de paso, por su proximidad, la visita a Las Edades del Hombre, en las iglesias parroquiales de Santa María y San Juan, en Aranda de Duero.
A las 7 de la mañana ya estaba todo el mundo en el autocar que nos habría de conducir al destino señalado. Sólo una parada cerca de Ágreda para tomar un café, estirar las piernas y atender a las necesidades de cada cual.
A las 11 llegamos a La Vid y ya estaban allí el resto de los excursionistas procedentes de Getafe, Sevilla, Chiclana, Marcilla y Monteagudo.
Primeramente entramos en la iglesia del Monasterio donde nos explicaron su historia y vicisitudes a trvés del tiempo. Así supimos que el Monasterio de Santa María de la Vid estuvo habitado por monjes premonstratenses (franceses, de San Norberto) hasta la Desamortización de Mendizábal, en 1835. Debe su fundación al rey castellano Alfonso VII con el fin de repoblar estos territorios conquistados a los musulmanes. Los monjes se establecieron entre 1140 y 1152. Esta abadía románica se amplió a partir de 1288 gracias a ser favorecida por Sancho IV, ahora en el nuevo estilo gótico entonces en auge. Constaba de un patio central y alrededor estaban todas las dependencias: iglesia, sacristía, sala capitular, refectorio, biblioteca, panteón de enterramientos,etc. De estas primitivas construcciones queda poco en pie. En el siglo XVI, Íñigo López de Mendoza y los condes de Miranda hicieron una transformación del edificio sustituyendo las construcciones góticas por otras de estilo renacentista.
Con la ley de Desamortización quedó el monasterio vacío durante 30 años, a merced de todas las calamidades pero, a diferencia de otros muchos que desaparecieron, fue ocupado en 1865 por la Orden de Agustinos Filipinos de Valladilid. Se solicitó a la reina Isabel II y fue atendida la petición porque interesaba políticamente ya que esta Orden tenía Misiones en Filipinas y era de interés mantener la presencia española en las colonias. Se tiene que restaurar el edificio y ahora será en estilo neoclásico la fachada de la iglesia, la entrada principal y se construye una moderna biblioteca con lo poco que pudo salvarse y otros fondos particulares y de la Orden. El monasterio se convirtió en un centro de estudio y formación de sus miembros.
Comenzamos la visita por la iglesia, de estilo gótico, dividida en dos partes por una magnífica verja: el coro y la iglesia propiamente dicha. Lo más sobresaliente en ella es el altar mayor, presidido por la Virgen, colocada en el centro, en una hornacina. Es una bellísima talla gótica en piedra policromada, de un solo bloque. Es una imagen sedente con corona también de piedra. En la mano derecha tiene un dorado racimo de uvas y con la otra sostiene al niño, sentado en sus rodillas, en actitud de bendecir. Es de destacar la hermosura de la Virgen, su serenidad y ternura. Los pliegues de la ropa están muy logrados. La hornacina está adornada con espejos en dos de los cuales se refleja el rostro de María. Rodeando la imagen hay cinco pinturas de estilo renacentista (napolitano) en las que están representados los Misterios Gozosos del rosario: Anunciación, Visita a Santa Isabel, Nacimiento, Presentación del Niño en el Templo y la escena de Jesús en medio de los Doctores.
Después pasamos al Museo en el que pudimos contemplar piezas de mucho mérito: pinturas, esculturas, objetos de culto, libros, vestiduras sagradas, etc. Todo en unas modernas instalaciones de dos plantas, moderno y muy digno.
Pudimos visitar, también, el claustro, de dos plantas, con pinturas modernas, colgadas en los muros de los corredores, representando a miembros insignes de la Orden.
Admiramos también la espléndida escalera de piedra, que da acceso a la planta superior, de una curiosa estructura compuesta de arcos, en distintas direcciones que sostienen los tramos de la misma.
Después de la visita, la celebración de la Eucaristía, participando los distintos grupos en las Lecturas y Ofrendas.
A las dos y media pasamos al enorme refectorio de la Comunidad, presidido en las dos cabeceras por sendos cuadros de la Santa Cena. También conserva el púlpito del lector desde el que se hacían lecturas piadosas mientras los monjes comían.
Ya estaban preparadas las mesas para los numerosísimos comensales. En un ambiente de alegre convivencia y camaradería degustamos con placer los platos que nos sirvieron. A la hora del café, cada grupo parroquial fue distribuyendo por las mesas cajas con los dulces típicos de su tierra, todos muy ricos, quedando todo el mundo satisfechos y contentos.
A las 4 de la tarde partimos hacia Aranda de Duero con intención de visitar Las Edades del Hombre, exposición que, renovada, se ha ido celebrando en todas las catedrales de la Comunidad de Castilla y Leon. Año tras año se ha organizado en Valladolid, Burgos, Salamanca, León, Ávila, .. hasta terminar con las numerosas sedes catedralicias de la Comunidad. Como ya no quedan más, el año pasado se instaló en varias iglesias de la población de Arévalo, en Ávila y esta edición ha correspondido a la muy ilustre Villa de Aranda de Duero. El Patrimonio religioso de la Comunidad es tan rico que da para muchas exposiciones. Cada edición tiene un tema. Este año es la Eucaristía y las piezas expuestas hacen clara referencia al misterio sacramental.
Aunque con ciertas prisas porque teníamos que regresar a las 6, pudimos admirar la exposición. Lo primero que impresionó gratamente a los visitantes fue la espléndida portada de estilo gótico-isabelino, en piedra, de la iglesia de Santa María con su Calvario, escudos y el yugo y las flechas, símbolo de los Reyes Católicos y el festoneado de los arcos. En el interior todo hacía referencia a la Eucaristía. Al entrar pudimos admirar dos cuadros de Vela Zanetti, el pintor de la zona; la fuerza y sobriedad de su pintura que refleja al hombre castellano apegado al terruño. Uno de los cuadros representa un vendimiador y en el otro el labriego corta el pan de la hogaza ganada con el sudor de su frente.
Lo mismo que en la iglesia de San Juan, hay piezas procedentes de diferentes diócesis: custodias, cálices, patenas, expositores, incensarios, navetas, etc. También vimos esculturas, pinturas, libros, ropas del culto, corporales. Todas las obras de gran valor artístico religioso y cultural. Fue una pena que no dispusiéramos del tiempo suficiente para poder apreciar en su justa medida tantos tesoros, desconocidos para la mayoría por permanecer ocultos, muchas veces.
Pero como había que cumplir los horarios, a las 6 en punto estábamos en el autocar para emprender el regreso. A las 10, según lo previsto, estábamos de vuelta, cansados pero felices de haber pasado un día de convivencia que no olvidaremos.
A las 7 de la mañana ya estaba todo el mundo en el autocar que nos habría de conducir al destino señalado. Sólo una parada cerca de Ágreda para tomar un café, estirar las piernas y atender a las necesidades de cada cual.
A las 11 llegamos a La Vid y ya estaban allí el resto de los excursionistas procedentes de Getafe, Sevilla, Chiclana, Marcilla y Monteagudo.
Primeramente entramos en la iglesia del Monasterio donde nos explicaron su historia y vicisitudes a trvés del tiempo. Así supimos que el Monasterio de Santa María de la Vid estuvo habitado por monjes premonstratenses (franceses, de San Norberto) hasta la Desamortización de Mendizábal, en 1835. Debe su fundación al rey castellano Alfonso VII con el fin de repoblar estos territorios conquistados a los musulmanes. Los monjes se establecieron entre 1140 y 1152. Esta abadía románica se amplió a partir de 1288 gracias a ser favorecida por Sancho IV, ahora en el nuevo estilo gótico entonces en auge. Constaba de un patio central y alrededor estaban todas las dependencias: iglesia, sacristía, sala capitular, refectorio, biblioteca, panteón de enterramientos,etc. De estas primitivas construcciones queda poco en pie. En el siglo XVI, Íñigo López de Mendoza y los condes de Miranda hicieron una transformación del edificio sustituyendo las construcciones góticas por otras de estilo renacentista.
Con la ley de Desamortización quedó el monasterio vacío durante 30 años, a merced de todas las calamidades pero, a diferencia de otros muchos que desaparecieron, fue ocupado en 1865 por la Orden de Agustinos Filipinos de Valladilid. Se solicitó a la reina Isabel II y fue atendida la petición porque interesaba políticamente ya que esta Orden tenía Misiones en Filipinas y era de interés mantener la presencia española en las colonias. Se tiene que restaurar el edificio y ahora será en estilo neoclásico la fachada de la iglesia, la entrada principal y se construye una moderna biblioteca con lo poco que pudo salvarse y otros fondos particulares y de la Orden. El monasterio se convirtió en un centro de estudio y formación de sus miembros.
Comenzamos la visita por la iglesia, de estilo gótico, dividida en dos partes por una magnífica verja: el coro y la iglesia propiamente dicha. Lo más sobresaliente en ella es el altar mayor, presidido por la Virgen, colocada en el centro, en una hornacina. Es una bellísima talla gótica en piedra policromada, de un solo bloque. Es una imagen sedente con corona también de piedra. En la mano derecha tiene un dorado racimo de uvas y con la otra sostiene al niño, sentado en sus rodillas, en actitud de bendecir. Es de destacar la hermosura de la Virgen, su serenidad y ternura. Los pliegues de la ropa están muy logrados. La hornacina está adornada con espejos en dos de los cuales se refleja el rostro de María. Rodeando la imagen hay cinco pinturas de estilo renacentista (napolitano) en las que están representados los Misterios Gozosos del rosario: Anunciación, Visita a Santa Isabel, Nacimiento, Presentación del Niño en el Templo y la escena de Jesús en medio de los Doctores.
Después pasamos al Museo en el que pudimos contemplar piezas de mucho mérito: pinturas, esculturas, objetos de culto, libros, vestiduras sagradas, etc. Todo en unas modernas instalaciones de dos plantas, moderno y muy digno.
Pudimos visitar, también, el claustro, de dos plantas, con pinturas modernas, colgadas en los muros de los corredores, representando a miembros insignes de la Orden.
Admiramos también la espléndida escalera de piedra, que da acceso a la planta superior, de una curiosa estructura compuesta de arcos, en distintas direcciones que sostienen los tramos de la misma.
Después de la visita, la celebración de la Eucaristía, participando los distintos grupos en las Lecturas y Ofrendas.
A las dos y media pasamos al enorme refectorio de la Comunidad, presidido en las dos cabeceras por sendos cuadros de la Santa Cena. También conserva el púlpito del lector desde el que se hacían lecturas piadosas mientras los monjes comían.
Ya estaban preparadas las mesas para los numerosísimos comensales. En un ambiente de alegre convivencia y camaradería degustamos con placer los platos que nos sirvieron. A la hora del café, cada grupo parroquial fue distribuyendo por las mesas cajas con los dulces típicos de su tierra, todos muy ricos, quedando todo el mundo satisfechos y contentos.
A las 4 de la tarde partimos hacia Aranda de Duero con intención de visitar Las Edades del Hombre, exposición que, renovada, se ha ido celebrando en todas las catedrales de la Comunidad de Castilla y Leon. Año tras año se ha organizado en Valladolid, Burgos, Salamanca, León, Ávila, .. hasta terminar con las numerosas sedes catedralicias de la Comunidad. Como ya no quedan más, el año pasado se instaló en varias iglesias de la población de Arévalo, en Ávila y esta edición ha correspondido a la muy ilustre Villa de Aranda de Duero. El Patrimonio religioso de la Comunidad es tan rico que da para muchas exposiciones. Cada edición tiene un tema. Este año es la Eucaristía y las piezas expuestas hacen clara referencia al misterio sacramental.
Aunque con ciertas prisas porque teníamos que regresar a las 6, pudimos admirar la exposición. Lo primero que impresionó gratamente a los visitantes fue la espléndida portada de estilo gótico-isabelino, en piedra, de la iglesia de Santa María con su Calvario, escudos y el yugo y las flechas, símbolo de los Reyes Católicos y el festoneado de los arcos. En el interior todo hacía referencia a la Eucaristía. Al entrar pudimos admirar dos cuadros de Vela Zanetti, el pintor de la zona; la fuerza y sobriedad de su pintura que refleja al hombre castellano apegado al terruño. Uno de los cuadros representa un vendimiador y en el otro el labriego corta el pan de la hogaza ganada con el sudor de su frente.
Lo mismo que en la iglesia de San Juan, hay piezas procedentes de diferentes diócesis: custodias, cálices, patenas, expositores, incensarios, navetas, etc. También vimos esculturas, pinturas, libros, ropas del culto, corporales. Todas las obras de gran valor artístico religioso y cultural. Fue una pena que no dispusiéramos del tiempo suficiente para poder apreciar en su justa medida tantos tesoros, desconocidos para la mayoría por permanecer ocultos, muchas veces.
Pero como había que cumplir los horarios, a las 6 en punto estábamos en el autocar para emprender el regreso. A las 10, según lo previsto, estábamos de vuelta, cansados pero felices de haber pasado un día de convivencia que no olvidaremos.
domingo, 15 de junio de 2014
Cuento
Con la lectura del libro de Clarissa Pinkola Estés "Mujeres que corren con los lobos" y, después de ver los cuentos que la autora utiliza como medicina con sus pacientes de la consulta de psicoanálisis, recordé otro cuento que tiene muchos puntos en común con aquellos y que mi abuela nos contaba a sus nietos para entretenernos en las largas tardes invernales, sentados todos al amor del brasero.
Mi abuela era una excelente contadora. No sé si eran invención suya todos los relatos. En este que voy a exponer, desde luego, hay muchos retazos de su vida. Otros, se iban transmitiendo, de generación en generación, modificados o no. Es una pena que se haya perdido esta tradición de contar cuentos. Los tiempos modernos no han dejado espacio para esta tarea. Los niños tienen otros divertimentos.
El cuento se titula "Clara y la bruja"
Había una vez una familia modesta compuesta por el padre, la madre, una niña llamada Clara y un niño, más pequeño, al que pusieron por nombre Serafín. Vivían en una remota aldea con el trabajo del padre. Clara era una hermosa niña rubia con largas trenzas y unos grandes ojos azules, llenos de inocencia y bondad. La salud de la madre estaba muy quebrantada e iba empeorando de día en día. Viendo llegada su hora, llamó a su hija quien, sin poder contener las lágrimas, se arrodilló al lado de la madre moribunda esperando recibir sus últimas palabras. Allí, delante de la familia le hizo prometer a Clara que cuidaría siempre de su hermano pequeño e instándole a que fuera siempre valiente en todas las situaciones adversas de la vida.
-Toma esta manzana y llévala siempre contigo -le dijo. Cuando te veas en un apuro, apriétala con ambas manos y sabrás qué hacer. No la pierdas ni hables de ella a nadie.
Después de bendecir a la niña exhaló el último suspiro y su alma fue a reunirse con el Greador.
El padre y los niños lloraron su muerte y estuvieron muy tristes durante mucho tiempo. Clara, como una mujercita, se ocupaba de las tareas de la casa y el padre siguió con su trabajo. Pero, como los duelos no son eternos, el padre, pasado un tiempo, quiso rehacer su vida y se casó con otra mujer, dándoles a los niños una madrastra que, para colmo de males, tenía otras dos hijas presuntuosas y malvadas como la madre. Clara y Serafín vinieron a convertirse en los criados de la casa, siempre al servicio del capricho de las tres mujeres.
-Clara, enciende el fuego. Clara, lava la ropa. Clara, plancha nuestros vestidos. Clara, la comida...
-Serafín, saca agua del pozo. Serafín, trae leña. Serafín cuida los patos. Serafín, limpia el gallinero...
Y así todos los días. Los niños obedecían en todo, sin quejarse y, cuando llegaba la noche , estaban extenuados. Pero las ingratas mujeres ni aún así estaban satisfechas y sólo buscaban verse libres de los niños. El padre estaba en la hinopia y no se daba cuenta de lo que sucedía en su casa ya que, en su presencia, las tres mujeres eran todo miel con los niños.
No sabiendo qué hacer para librarse de los niños, un desdichado día discurrieron enviar a los dos hermanitos a buscar leña al bosque con la pérfida intención de que allí se extraviasen y, algún lobo de los que merodeaban por la zona diesen buena cuenta de ellos.
Así pues, muy de mañana salieron de su casa Clara y Serafín, con un trozo de pan duro y otro de queso por toda comida y se internaron en el bosque con el fin de recoger la leña de unos árboles que crecían en lo más intrincado y que, según les dijeron las malvadas mujeres, su madera despedía un grato aroma al ser quemada. En busca de tales árboles los dos niños se pasaron el día vagando de un lado para otro, hasta que la noche se les echó encima y se encontraron perdidos sin saber hacia dónde dirigir sus pasos. Entonces Clara se acordó de la manzana que le entregara su madre y que siempre llevaba en el bolsillo, la cogió con las dos manos y se la llevó al corazón. Le dijo a su hermanito que subiera a un árbol y, una vez subido le preguntó:
-¿Ves algo? ¿Qué ves?
-¡Oh sí! Veo una luz, en aquella dirección. No parece estar lejos.
Siguiendo la dirección que marcara la luz llegaron a una extraña casa, construida con huesos, dientes, escamas y otros materiales por el estilo. Llamaron a la puerta que tenía por aldaba una mano humana y salió la dueña, una vieja bruja con una pelambrera grasienta, boca desdentada, nariz cual pico de águila, la cara más bien parecía pergamino arrugado y los ojillos, hundidos y legañosos, apenas cumplían su función pues la bruja era cegata. Las manos más parecían garras de alcarabán con las uñas negras, largas y encorvadas.
Se extrañó al ver a los dos niños pero, al momento, pensó que podría utilizarlos en provecho propio.
-¿Qué deséais?- preguntó la bruja.
-Nos hemos perdido y no sabemos regresar a casa. Desearíamos pasar la noche en su casa, si es tan amable -repuso Clara.
-Sí, sí, pasad y calentaros. ¿Tenéis hambre?
Como contestaran afirmativamente les dio algo de cenar y un rincón de la casa para pasar la noche.
-Mañana ya hablaremos y veré qué puedo hacer por vosotros.
A la mañana siguiente se levantaron temprano pero ya la bruja tenía todo decidido acerca de la suerte de los dos hermanitos.
-Como ves, Clara, necesito una criada que me ayude en las labores de la casa porque ya soy vieja, además viajo mucho y no puedo ocuparme de estos menesteres. Limpiarás, cuidarás del fuego, harás la comida, te ocuparás de mis animales: el gato, el cuervo, el búho y algunas gallinas que picotean fuera de la casa. Supongo que sabrás hacerlo, ¿no?.
-Claro que sé. Siempre he hecho estas labores.
-En cuanto a tu hermano es pequeño y está flacucho. Lo dejaremos aquí en esta jaula hasta que engorde. Dale buena comida.
Clara se entristeció pues empezó a sospechar que la bruja no les soltaría facilmente.
Serafín iba engordando y la bruja, cada día, quería comprobarlo, tocándole las piernas. Como estaba tan cegata, Clara le dio unas patas de gallina para que se las mostrara a la bruja en lugar de sus rollizas piernas. Ésta se mosqueaba porque pasaba el tiempo y el niño no parecía engordar. De todas formas decidió que, para el día de la reunión anual de las brujas se lo comerían tal como estuviese.
Clara, alarmada, no paraba de llorar cuando la bruja le mandó que calentara el horno. Entonces se acordó de su manzana mágica y le pidió ayuda. Cuando el horno estuvo bien caliente, la niña pidió a la bruja que fuera a comprobar la temperatura. Cuando se asomó, le dio un empujón y cerró la portezuela. Cogió las llaves y abrió la jaula donde estaba encerrado Serafín. Después registraron la casa y se llevaron el cofre donde la bruja guardaba sus tesoros.
Sin detenerse, ni hacer caso de los gritos de la malvada bruja, se lanzaron a la carrera hasta que llegaron a las lindes del bosque y, desde allí, a su casa donde, ya hacía tiempo se les daba por muertos.
El padre, contento de volver a verlos sanos y salvos, se dio cuenta de lo ciego que había estado hasta entonces. La madrastra y sus hijas arrepentidas de su mal proceder anterior arrepentidas prometieron tratar a los niños con cariño y conmiseración. Clara y Serafín, llevados de su buen corazón las perdonaron y, desde entonces, fueron una familia feliz, sin pasar apuros económicos gracias al cofre de la bruja del bosque.
Y colorín. colorado, este cuento se ha acabado.
martes, 3 de junio de 2014
La esfinge maragata
Es una novela de Concha Espina, publicada en 1914.
María de la Concepción Jesusa Basilisa nace en Santander en 1869 y muere en Madrid en 1955. Es hija de Víctor Rodriguéz Espina y Olivares y de Ascensión García Tagle. Su infancia se desarrolla en un ambiente refinado y elegante ya que su padre tiene un negocio próspero. Después, con otro socio, compra una sociedad minera pero la fortuna le es adversa llevándole a la ruina, llegando a pasar la familia apuros económicos.
Concha empieza a escribir desde pequeña, publicando en periódicos de la región. En Mazcuerras, donde la familia tenía una casa, conoce a Víctor de la Serna y Cueto, poseedor de las virtudes y defectos de los últimos hidalgos. En 1893 contraen matrimonio pero las relaciones entre los esposos no son satisfactorias, no obstante tienen cinco hijos. Después de una estancia en Chile, donde el marido liquida la hacienda de la familia, el matrimonio regresa a España, pero ya, de hecho, el vínculo está roto. Concha le busca a Víctor una colocación en Méjico y ella se traslada a Madrid con los hijos.
Trabaja con ahinco, publicando artículos periodísticos, ensayos, novelas, poesía y, hasta teatro. Toma parte activa en la vida cultural del país, recibiendo el reconocimiento a través de premios y galardones. No puede conseguir entrar en la Real Academia de la Lengua, parcela exclusiva entonces de los varones. Tampoco consiguió el anhelado premio Nobel.
En los últimos años fue perdiendo la vista, hasta quedar completamente ciega. Pero, esta dificultad no supuso dejar de trabajar. Siguió en la brecha hasta el final con dos secretarias y, a veces, escribiendo con unas plantillas especialmente diseñadas para ella.
En su larga vida de trabajo su producción es muy extensa, en todos los campos. Su primera novela es La niña de Luzmela, publicada en 1909. En 1918 se aventura en el mundo del teatro con la obra El jayón, adaptación de uno de sus cuentos. Es un fracaso total y sólo aguanta cuatro representaciones. Sus mejores obras son las novela El metal de los muertos y La esfinge maragata.
Durante una breve estancia en casa de su hrmana en Astorga realiza un recorrido por los "pueblos olvidados" de la Maragatería que le facilita material para escribir la obra. Novela provinciana, localista y costumbrista en la que denuncia la situación social y familiar de las mujeres, la esclavitud sentimental y económica. Son como esfinges de piedra en el árido páramo leonés, condenadas a los trabajos más duros, solas con los viejos y la responsabilidad de sacar adelante a sus hijos porque los maridos, ausentes, sólo vuelven al pueblo para las fiestas de agosto y regresan a sus casas a ser servidos como señores feudales. La maragata es ante todo madre. Es ruda y dura con la corteza que se va formando a lo largo de los años, soportando el trabajo y la miseria pero, si se rasca la costra aparece la ternura propia de la mujer.
La acción se desarrolla en Valdecruces (Castrillo de Polvazares). La familia Salvadores, antes una de las más pudientes del pueblo, ha caído en la más absoluta pobreza. La esperanza de salvación reside en el casamiento de Mariflor con su primo Antonio que ha prometido liquidar todas las deudas si se realiza la boda. Florinda (Mariflor) está enamorada de un joven poeta que conoció en el tren cuando se dirigía con la abuela al pueblo después de que muriese su madre y el padre embarcara con rumbo a América. Los padres acordaron el matrimonio cuando los novios eran niños pero a la niña la dejaron en libertad de elegir. Rogelio Terán, el poeta, después de sus bellas promesas es inconstante y cobarde, abandonando a la joven, la cual, por despecho, accede a sacrificarse por la familia y acepta al prometido, a pesar de odiarlo, en un ambiente de tragedia, sin lloros y sin palabras.
Los personajes de la novela son:
-Florinda (Mariflor), hija de Martín Salvadores, que se ha criado en la costa en un ambiente regalado.
-La tía Dolores, la abuela, veja curtida en las desgracias.
-Rogelio Terán, el joven hidalgo, poeta, enamorado inconstante "mariposa en todos los vergeles".
-Ramona, esposa de Isidoro, emigrado a América, enfermo. Son los padres de: Olalla, Marinela, Pedro, Carmen y Tomasín.
-El tío Cristóbal, el viejo usurero y tacaño.
-Don Miguel, cura párroco de Valdecruces, personaje importante que influirá en el discurrir se los acontecimientos.
-Asunción, sobrina del cura y maestra del pueblo. Es altiva y envidiosa.
-Rosicler, pastor de las ovejas del tío Cristóbal. Termina emigrando a América.
-Felipa y Rosenda, hermanas, ambas obreras del campo "siervas de la gleba".
-Tirso Paz, hijo del tío Cristóbal. Su hija Facunda que vive con el abuelo.
-La tía Gertrudis, vieja a la que tildan de bruja, creyendo que las desgracias de los Salvadores son debidas al mal de ojo.
-La Chosca, vieja criada que cuida de los animales de la abuela y que al pasar éstos a otras manos ya no es necesaria.
La novela consta de 23 capítulos.
Del I al III se narra el encuentro en el tren de los tres personajes: la abuela que supone el pasado, la nieta, el presente y el "forastero", un futuro distinto.
Del IV al VIII hace una descripción de la tierra y sus gentes, sus paisajes, la llegada de la primavera. La tiranía de la tierra, mujere que parecen viejas, tristes y presurosas. Aparece Don Miguel, con sus dudas y reflexiones.
Del IX al XIV aparece en el pueblo el "forastero", el poeta, amigo del cura, que recala en el lugar con un halo de romanticismo sentimental a cuyos ojos se presentará " la esfinge maragata", arquetipo de la mujer madre, la estampa de ese pueblo petrificado en la llanura como un islote en los mares de la historia. Se incluye la llegada de los comediantes al pueblo, míseros representantes del mundo de la farándula. Tiene lugar también la muerte del tío Cristóbal, el viejo usurero que, poco a poco, se va quedando con la hacienda de la familia Salvadores.
Del XV al XVI comienza la tragedia para la protagonista con la llegada desde Valladolid del primo Antonio, el maragato rico que desprecia a su prima porque ya no tiene dote. La libertad de la paloma hace que al forastero se le enfríe el deseo y desaparezca de la escena.
Del XVIII al XXIII la escritora introduce un fuerte componente costumbrista, dejando en segundo plano el hilo de la novela. Narra el viaje a Astorga, la llegada de los hombres para las fiestas, la era, la boda de la sobrina del cura y el filandón. Se llega al final deseado, y temido a la vez, de forma rápida, al entregar el párroco a Mariflor una carta, recibida hacía dos meses, en la que se ahogan todas las esperanzas de la joven.
El tema principal que trata es la libertad de la mujer para decidir por sí misma para llegar a la conclusión de que, a veces, no es posible la elección El destino juega un papel importante en la vida de los seres humanos, sobre todo de las mujeres que durante siglos han estado supeditadas a la sumisión de los hombres. La esclavitud de la mujer, sobre todo en el pueblo, el conformismo, el servilismo...
Son temas también la emigración, la educación de los niños, la injusticia social, el determinismo, la renuncia a las ilusiones.
La narración es lineal, siguiendo la línea del tiempo y las estaciones. El narrador es omnisciente pero subjetivo, implicando al lector. El nudo se aprieta en torno a la libertad de la mujer para disponer de sí misma. La protagonista tiene que escoger entre aceptar las normas del grupo social al que pertenece o defender sus sentimientos fuera de él. Según pasa el tiempo el nudo se hace más firme. El narrador (la autora) influye convirtiendo al lector en su cómplice. El tiempo es importante en la novela. Va desde los inicios de la primavera hasta el invierno.El final se cierra en dos páginas. En cuanto a los espacios aparece primero el tren, después serán espacios rurales donde se desarrolla la acción. Hay espacios abiertos: el campo, las eras, los sembrados, el pueblo, las casas, corrales, huertos, caminos, llanuras...Entre los espacios interiores es de destacar la cocina, el centro de la vida en la casa; también el "estradín", los cuartos de dormir, el palomar y la cuadra, donde tiene lugar el filandón.
El ritmo de la narración es lento, sólo al final se precipita la acción, desarrollándose el desenlace en tan sólo dos páginas. Abundan las descripciones del paisaje y de los personajes, tanto física como psicológicamente, aunque no tienen mucha fuerza en algunos de ellos.
En cuanto al lenguaje, es prosa poética, plagada de adjetivos, metáforas, símiles, personificaciones, etc.El léxico es muy rico. En los aldeanos emplea el habla vulgar y los localismos. Si no hay aclaraciones, a veces se hace difícil la comprensión. Es una novela realista en la que se destacan los usos y costumbres,y supersticiones de los pueblos olvidados de la Maragatería.
miércoles, 14 de mayo de 2014
Pasión por Aragón
Con este título la obra social y cultural, Iber Caja ha organizado una magnífica exposición en la que se nos muestran más de dos siglos de historia aragonesa, concretamente, desde 1776 hasta nuestros días.
Es la historia de la Real Sociedad Económica aragonesa de Amigos del País, desde su fundación. Tomando como ejemplo otras sociedades análogas, que surgieron en otras regiones de España, aquí en Aragón, un grupo de intelectuales "ilustrados", comerciantes, algunos nobles y miembros del clero fundaron la Económica con el deseo de mejorar las condiciones de vida de los aragoneses.
No eran buenos tiempos. La mayor parte de la población vivía en el campo y la posesión de la tierra estaba en manos de unos pocos: la Iglesia y la nobleza. Los campesinos estaban mal pagados y la pobreza general era un hecho. El escudo de la Sociedad, coronado por la corona real tiene en su centro el árbol de Sobrarbe que representa a Aragón y la leyenda FLORECE FOMENTANDO. Y ésta va a ser su divisa, la preocupación principal de sus fundadores, fomentar el conocimiento y el desarrollo económico de las fuentes de riqueza de Aragón, a través de la educación y la difusión de métodos de producción.
Se consiguieron muchos logros que contribuyeron al mayor bienestar de la población. Se crean Escuelas de Agricultura en las que se formaba a los hijos de los agricultores y se intentaba mejorar los cultivos e introducir otros, como la patata, para mejorar la alimentación. En los pueblos eran los párrocos los encargados de difundir estos conocimientos mediante unos folletos que se editaban.
De igual manera se introdujeron mejoras en los procedimientos industriales, como nuevos métodos en el hilado, la obtención del aceite, del vino, extracción de minerales, mejora de las vías de comunicación, etc.
Se crean nuevas cátedras, la de Economía Civil y Comercio ( la primera de España fue la de Zaragoza), Matemáticas, Filosofía Moral, Derecho Público, Química y Botánica... Se crea también la Escuela de Dibujo que después se convertiría en la Escuela de Bellas Artes de San Luis. El Arzobispado creó el Montepío de Labradores. Esta Sociedad es la impulsora de la constucción del Canal Imperial, el ferrocarril de Canfanc, el primer Jardín Botánico y la fundación de lo que hoy conocemos como Iber Caja.
No todo fueron éxitos pues se encontraron, a veces, con la oposición de distintos estamentos sociales e instituciones públicas. Algunos proyectos interesantes no pudieron llevarse a cabo.
Nace bajo la proteción de Carlos III, que la apoyó siempre, concediendo privilegios a miembros asociados. Se sostenía económicamente gracias a unas pequeñas cuotas de los socios - que no siempre pagaban-, a donaciones de miembros relevantes y ayuda estatal. Su sede estaba en la antigua Plaza del Reino donde se reunían y se tomaban las decisiones.
Durante la guerra de la Independencia, como toda la ciudad, se vino abajo pero después, poco a poco, se fue recuperando y dando nuevos frutos hasta el día de hoy. En 2013 el Gobierno de Aragón concedió a la Económica la Medalla de Oro de la Cortes Aragonesas , en reconocimiento de su labor de más de dos siglos.
En la exposición se muestran cuadros, muebles,grabados, documentos, folletos, medallas, monedas, instrumentos científicos, esculturas... Está dividida en once compartimentos a través de los cuales el expectador es conducido por toda la historia de la Económica, con la cronología de las distintas actuaciones.
Todo es interesante. Allí están expuestos los retratos de los Ilustres Ilustrados que hicieron posible su obra. Podemos ver a Ramón de Pignatelli, el alma mater del Canal; el Conde de Aranda que tanto la impulsó desde Madrid; Lorenzo Normante, el primer catedrático de Economía; Echeandía, el boticario a quien se debe el Jardín Botánico, de plantas medicinales; Loscos, boticario también, aficionado a las plantas que aumentó la colección del herbario; Goicoechea, comerciante que financió muchas de las obras, entre ellas la Escuela de Dibujo que situó en los bajos del Palacio de Zaporta; Pérez de Larrea, clérigo que la dirigió durante veinte años y que promovió la creación de cátedras de Economía, Química y Botánica; Goya, que se benefició de las clases de dibujo y que después fue socio. No podemos olvidar a Josefa Amar y Borbón, la primera socia, que luchó por la igualdad de la mujer en todos los campos, especialmente en el acceso de ésta a la educación, lo mismo que los varones.
En la exposición se recrean espacios como la Sala de Juntas donde tenían lugar las reuniones de los socios que acudían a trabajar, que no eran muchos, todo hay que decirlo. En otro espacio podemos ver un conjunto de instrumentos científicos de la época. Otro apartado interesante lo constituye el herbario, con folios con plantas disecadas, de Aragón. Otro está dedicado al Jardín Botánico y sus sucesivos emplazamientos hasta el actual en el Parque Labordeta. Hay también documentación de las distintas exposiciones que ha promovido en 1868, 1885 y la Hispanofrancesa de 1908. Es obra asimismo de la Sociedad Económica la Feria de Muestras que se creó para dar a conocer los productos de Aragón al resto de España.
Con motivo del Primer Centenario de Los Sitios se construyeron monumentos conmemorativos y, en la iglesia del Portillo, el que guarda los restos de algunas de las heroínas. Se hizo el traslado, desde Cabañas, de las cenizas de Casta Álvarez, de la que se exhibe un curioso corpiño, una de las piezas más singulares de la exposición.
En la planta calle, en la antesala, podemos contemplar una serie de estampas de Specci y Piranesi. En el interior del Patio de la Infanta, se recrea la Escuela de Dibujo y hay colgados una serie de dibujos "academias", de corte clásico, entre ellos, algunos de Goya, de Ramón Bayeu y de otros pintores que tuvieron aquí sus comienzos artísticos.
Toda la exposición es muy interesante pero podemos destacar algunas obras, entre ellas una pintura al fuego sobre tabla, del cartujo Manuel Bayeu, obra de encargo, en la que se destacan las artes, la sabiduria, el bienestar y la fama. Podemos admirar también una bella talla en alabastro de la Virgen del Pilar, de Manuel Ipas. Hay mucha obra de Francisco Bayeu, destacando La caída de los gigantes, acompañada de dibujos preparatorios. Otra pieza importante es el retrato de Goicoechea, de Merklein, encargado por la Económica para inmortalizar a su benefactor. Otra joyita es un pequeño autorretrato de Rubens. Hay también una marina de Salvador Maella. Un San Juan Bautista, de Barbieri, deliciosa pintura del barroco italiano. Entre las obras que se exhiben de Goya hay un desnudo, que parece ser autorretrato, es un dibujo de "academias". Se exhibe también un valioso mueble para guardar monedas y medallas, con un sin fin de cajoncitos. Es de madera policromada y en el fondo y las puertas con pinturas al óleo de Maella. Se expone también una caja de caudales, usada antaño por la Institución.
Esta interesante muestra se complementa con un ciclo de conferencias que imparten los profesores más versados en la materia.
Es de resaltar la obra llevada a cabo por la Real Sociedad Económica aragonesa de Amigos del País, cuyo patriotismo les llevó a intentar el desarrollo de Aragón, promoviendo una serie de actuaciones que contribuyeron al mayor bienestar de la gente de esta tierra. No todos fueron aragoneses de nacimiento pero todos estuvieron vinculados a Aragón por amor a la tierra y a sus gentes.
Es la historia de la Real Sociedad Económica aragonesa de Amigos del País, desde su fundación. Tomando como ejemplo otras sociedades análogas, que surgieron en otras regiones de España, aquí en Aragón, un grupo de intelectuales "ilustrados", comerciantes, algunos nobles y miembros del clero fundaron la Económica con el deseo de mejorar las condiciones de vida de los aragoneses.
No eran buenos tiempos. La mayor parte de la población vivía en el campo y la posesión de la tierra estaba en manos de unos pocos: la Iglesia y la nobleza. Los campesinos estaban mal pagados y la pobreza general era un hecho. El escudo de la Sociedad, coronado por la corona real tiene en su centro el árbol de Sobrarbe que representa a Aragón y la leyenda FLORECE FOMENTANDO. Y ésta va a ser su divisa, la preocupación principal de sus fundadores, fomentar el conocimiento y el desarrollo económico de las fuentes de riqueza de Aragón, a través de la educación y la difusión de métodos de producción.
Se consiguieron muchos logros que contribuyeron al mayor bienestar de la población. Se crean Escuelas de Agricultura en las que se formaba a los hijos de los agricultores y se intentaba mejorar los cultivos e introducir otros, como la patata, para mejorar la alimentación. En los pueblos eran los párrocos los encargados de difundir estos conocimientos mediante unos folletos que se editaban.
De igual manera se introdujeron mejoras en los procedimientos industriales, como nuevos métodos en el hilado, la obtención del aceite, del vino, extracción de minerales, mejora de las vías de comunicación, etc.
Se crean nuevas cátedras, la de Economía Civil y Comercio ( la primera de España fue la de Zaragoza), Matemáticas, Filosofía Moral, Derecho Público, Química y Botánica... Se crea también la Escuela de Dibujo que después se convertiría en la Escuela de Bellas Artes de San Luis. El Arzobispado creó el Montepío de Labradores. Esta Sociedad es la impulsora de la constucción del Canal Imperial, el ferrocarril de Canfanc, el primer Jardín Botánico y la fundación de lo que hoy conocemos como Iber Caja.
No todo fueron éxitos pues se encontraron, a veces, con la oposición de distintos estamentos sociales e instituciones públicas. Algunos proyectos interesantes no pudieron llevarse a cabo.
Nace bajo la proteción de Carlos III, que la apoyó siempre, concediendo privilegios a miembros asociados. Se sostenía económicamente gracias a unas pequeñas cuotas de los socios - que no siempre pagaban-, a donaciones de miembros relevantes y ayuda estatal. Su sede estaba en la antigua Plaza del Reino donde se reunían y se tomaban las decisiones.
Durante la guerra de la Independencia, como toda la ciudad, se vino abajo pero después, poco a poco, se fue recuperando y dando nuevos frutos hasta el día de hoy. En 2013 el Gobierno de Aragón concedió a la Económica la Medalla de Oro de la Cortes Aragonesas , en reconocimiento de su labor de más de dos siglos.
En la exposición se muestran cuadros, muebles,grabados, documentos, folletos, medallas, monedas, instrumentos científicos, esculturas... Está dividida en once compartimentos a través de los cuales el expectador es conducido por toda la historia de la Económica, con la cronología de las distintas actuaciones.
Todo es interesante. Allí están expuestos los retratos de los Ilustres Ilustrados que hicieron posible su obra. Podemos ver a Ramón de Pignatelli, el alma mater del Canal; el Conde de Aranda que tanto la impulsó desde Madrid; Lorenzo Normante, el primer catedrático de Economía; Echeandía, el boticario a quien se debe el Jardín Botánico, de plantas medicinales; Loscos, boticario también, aficionado a las plantas que aumentó la colección del herbario; Goicoechea, comerciante que financió muchas de las obras, entre ellas la Escuela de Dibujo que situó en los bajos del Palacio de Zaporta; Pérez de Larrea, clérigo que la dirigió durante veinte años y que promovió la creación de cátedras de Economía, Química y Botánica; Goya, que se benefició de las clases de dibujo y que después fue socio. No podemos olvidar a Josefa Amar y Borbón, la primera socia, que luchó por la igualdad de la mujer en todos los campos, especialmente en el acceso de ésta a la educación, lo mismo que los varones.
En la exposición se recrean espacios como la Sala de Juntas donde tenían lugar las reuniones de los socios que acudían a trabajar, que no eran muchos, todo hay que decirlo. En otro espacio podemos ver un conjunto de instrumentos científicos de la época. Otro apartado interesante lo constituye el herbario, con folios con plantas disecadas, de Aragón. Otro está dedicado al Jardín Botánico y sus sucesivos emplazamientos hasta el actual en el Parque Labordeta. Hay también documentación de las distintas exposiciones que ha promovido en 1868, 1885 y la Hispanofrancesa de 1908. Es obra asimismo de la Sociedad Económica la Feria de Muestras que se creó para dar a conocer los productos de Aragón al resto de España.
Con motivo del Primer Centenario de Los Sitios se construyeron monumentos conmemorativos y, en la iglesia del Portillo, el que guarda los restos de algunas de las heroínas. Se hizo el traslado, desde Cabañas, de las cenizas de Casta Álvarez, de la que se exhibe un curioso corpiño, una de las piezas más singulares de la exposición.
En la planta calle, en la antesala, podemos contemplar una serie de estampas de Specci y Piranesi. En el interior del Patio de la Infanta, se recrea la Escuela de Dibujo y hay colgados una serie de dibujos "academias", de corte clásico, entre ellos, algunos de Goya, de Ramón Bayeu y de otros pintores que tuvieron aquí sus comienzos artísticos.
Toda la exposición es muy interesante pero podemos destacar algunas obras, entre ellas una pintura al fuego sobre tabla, del cartujo Manuel Bayeu, obra de encargo, en la que se destacan las artes, la sabiduria, el bienestar y la fama. Podemos admirar también una bella talla en alabastro de la Virgen del Pilar, de Manuel Ipas. Hay mucha obra de Francisco Bayeu, destacando La caída de los gigantes, acompañada de dibujos preparatorios. Otra pieza importante es el retrato de Goicoechea, de Merklein, encargado por la Económica para inmortalizar a su benefactor. Otra joyita es un pequeño autorretrato de Rubens. Hay también una marina de Salvador Maella. Un San Juan Bautista, de Barbieri, deliciosa pintura del barroco italiano. Entre las obras que se exhiben de Goya hay un desnudo, que parece ser autorretrato, es un dibujo de "academias". Se exhibe también un valioso mueble para guardar monedas y medallas, con un sin fin de cajoncitos. Es de madera policromada y en el fondo y las puertas con pinturas al óleo de Maella. Se expone también una caja de caudales, usada antaño por la Institución.
Esta interesante muestra se complementa con un ciclo de conferencias que imparten los profesores más versados en la materia.
Es de resaltar la obra llevada a cabo por la Real Sociedad Económica aragonesa de Amigos del País, cuyo patriotismo les llevó a intentar el desarrollo de Aragón, promoviendo una serie de actuaciones que contribuyeron al mayor bienestar de la gente de esta tierra. No todos fueron aragoneses de nacimiento pero todos estuvieron vinculados a Aragón por amor a la tierra y a sus gentes.
lunes, 12 de mayo de 2014
Un día en el campo
Lucía el sol, aunque la temperatura no se correspondía con la estación pues soplaba un cierzo moderado, no obstante, en los lugares resguardados del viento se estaba muy bien, con la vestimenta adecuada.
Salimos de Zaragoza muy de mañana y, al legar, nuestros amigos ya nos estaban esperando con un suculento almuerzo, en la "cabaña". Hacía poco que habíamos desayunado y el estómago no reclamaba más alimento pero el olor de las tortillas recién hechas estimula el apetito y entraron solas -más bien, acompañadas del vinillo de Cariñena-.
Para hacer apetito, hasta la hora de la comida, nada mejor que un paseo por la sierra de Algairén, que está preparada para grupos de senderismo, con rutas, bien señalizadas, que llevan hasta Tobed (donde se puede disfrutar del mudéjar de su ermita). Otro sendero lleva a la Casa de los Frailes, a Aguarón, etc. En fin, hay donde elegir si se tienen buenas piernas y ganas de caminar. El esfuerzo queda recompensado.
Pero antes de emprender la subida, un vecino, que tiene una granja , nos invitó a ver una remesa de pollos recién nacidos que acababan de traerle. Las instalaciones disponen de todo lo necesario para que los inocentes animalitos tengan la temperatura, comida, agua, adecuadas para que no tengan que moverse ni dos pasos para satisfacer sus necesidades por lo cual sólo se dedican a comer y engordar, convirtiéndose en unas auténticas máquinas de producir carne. ¡Qué lejos quedan aquellas estampas de la gallina cloqueando, avisando a sus crías cuando encontraba un gusano o un grano entre la tierra!. Los pollos tardaban muchos meses hasta que se hacían "mataderos", allá por Navidad o las fiestas mayores del pueblo. El progreso nos trae estas cosas aunque, ciertamente, el comer pollo hoy se ha democratizado y su consumo llega a todos los hogares, algo que antaño era prohibitivo, sólo accesible a las clases pudientes.
Dejando aparcadas estas reflexiones, las mujeres del grupo decidimos emprender el camino monte arriba. El campo en este tiempo está precioso, verde y florido y es una gozada contemplarlo y disfrutar del aroma de las flores silvestres y respirar el aire limpio de la sierra, carente de toda contaminación. El aroma del tomillo embriaga, el tierno hinojo desprende su olor anisado... y todas las florecillas compiten en colorido y perfume. Los árboles cargados de frutos esperan el calor que los madure. Los almendros, especialmente, tienen una carga de almendras como nunca había visto, auguran una cosecha excepcional. Se ven pocos labriegos por el campo; las máquinas liberan al agricultor de muchas horas de trabajo. Las viñas, bien cuidadas, sin una mala hierba, ya verdean y hasta se pueden ver algunos racimos en ciernes.
Los más mayores del pueblo entretienen sus ocios cultivando los pequeños huertos familiares, al abrigo de los vientos, allí donde el agua para el riego se hace presente. Todo muy artesanal, como se hizo siempre. Ahora andan trasplantando tomateras y pimenteras, protegiéndolas del frío pues todavía puede venir alguna mala escarcha que las eche a perder.
Al llegar a El Raso de la Cruz, continuamos por el sendero de la derecha, monte arriba hasta el hortal que cultivan unos amigos, en una cañada por donde corre un riachuelo del que aprovechan el agua. Desde lo alto se divisa todo el valle, quedando la sierra a la espalda. Del otro lado vimos unos cobertizos rodeados de vallas donde los cazadores guardan sus perros cuando no los emplean en cacerías. Al oírnos nos recibieron con un concierto de ladridos.
Como se acercaba la hora de la comida y el aire del campo es el mejor estimulante del apetito, decidimos regresar al punto de partida, donde ya los cocineros del grupo andaban preparando un rancho de conejo y caracoles que resultó exquisito. ¡Un hurra por todos ellos!. Después de la comida nada como reposar al sol, contemplando el verde de la hierba y escuchando el arrullo del agua y los trinos de la oropéndola y el mirlo que han tenido el capricho de construir su nido en sendos árboles de la ribera. Este placer no se puede comparar con nada del ajetreo urbano, viniendo a la memoria aquellos versos de Fray Luis de León "que descansada vida"...
Como los días son largos, tuvimos tiempo de realizar otro paseo, esta vez hacia abajo, camino del pueblo, volviendo por La Fontanilla, lugar muy distinto al de mis recuerdos de aquellas comidas y meriendas, al lado de la fuente, bajo los nogales. Atravesando el pequeño río por un puentecillo nuevo volvimos al punto de partida pero por distinta ruta. Era la hora de emprender el regreso, antes de que anocheciese.
Fue un día pleno en el que disfrutamos de la Naturaleza y del privilegio de la buena amistad.
jueves, 1 de mayo de 2014
La pasión de Juana de Arco
Con La pasión de Juana de Arco, de Carl Theodor Dreyer, finalizó el Ciclo de Cine mudo con acompañamiento musical, que cada año organiza la Facultad de Filosofía y Letras. Esta película fue presentada por el profesor D. Fernando Ferreruela Sanz que nos marcó las directrices del film, lo que el director se había propuesto al realizarla y aquello en lo que debíamos fijar nuestra atención. Habló también el pianista que, habitualmente, acompaña con su música la proyección. Ya nos comunicó la dificultad que entraña este film en el que apenas hay acción, son los sentimientos los que priman y hay que reflejarlos con una música más pausada pero haciendo hincapié en los momentos álgidos en los que el dramatimo del sufrimiento de la heroína lo requiere. El resultado fue magnífico y recibió muchos aplausos al final de la proyección.
Carl Theodor Dreyer nace en Copenhague en 1889 y muere en 1968. Sus padres fueron Josephine Nilsson y Jus Christian Torp. Su madre trabajaba en la granja de Torp, en Suecia. Al quedarse embarazada fue repudiada, basándose en la diferencia económica y de clase. Nació en Copenhague como hijo ilegítimo. Fue abandonado por su madre, terminando en un orfanato, siendo adoptado por la familia Dreyer, recibiendo el nombre y apellido del padre adoptivo.
Fue educado en el luteranismo, de forma rígida, influyendo estas enseñanzas severas en su vida y en su obra. Trabajó como periodista, iniciándose su vocación por el cine. En sus comienzos, allá por 1918, no tuvo mucho éxito. La fama le llegó con El amo de la casa, en 1925. Su prestigio llegó a Francia donde le propusieron hacer un largometraje sobre una heroína nacional como Catalina de Médicis, Juana de Arco o María Antonieta. Por un sorteo salió Juana de Arco y así se rodó La passion de Jeanne d`Arc, que se estrenó en 1928, su primer gran clásico, aunque no fue un éxito de taquilla.
Con la ayuda de Pierre Champion escribió el guión, basado en la transcripción que se conserva del proceso de Juana de Arco, con las declaraciones de la procesada y las preguntas de los jueces inquisitoriales. Tiene influencias del realismo y del exprexionismo, pero sin maquillajes ni decorados, con una desnudez total de artificios superfluos. Los fondos son blancos y apenas hay otros elementos que los personajes. Toda la película está hecha a base de primerísimos planos en los se nos muestra la expresión de sufrimiento de la encausada y las miradas y los gestos burlescos de los jueces con caras feas y desabridas. Uno de ellos presenta unos mechones de pelos, a modo de cuernos, que le dan un aspecto diabólico. En la película están narradas las últimas horas de vida con el final del proceso y la condena en la hoguera. La inocencia y veracidad de la Santa destacan frente a la malicia y doblez de los jueces. Al final hay un personaje colectivo: el pueblo que al ver el suplicio proclaman su santidad, clamando contra los verdugos.
Dreyer es un director muy encerrado en sus ideas. Aunque su carrera fue larga, sin embargo, no es prolífico. Prefirió la calidad a la cantidad. Su honestidad consigo mismo y con su trabajo y su vocación hacia el cine como expresión artística le llevó a hacer sólo aquellas películas que quería hacer y tal como él lo pensaba. Era perfeccionista. Su cine busca las experiencias íntimas del hombre y trata de adentrarse en el misterio de los conflictos internos del ser humano.
Carl Theodor Dreyer nace en Copenhague en 1889 y muere en 1968. Sus padres fueron Josephine Nilsson y Jus Christian Torp. Su madre trabajaba en la granja de Torp, en Suecia. Al quedarse embarazada fue repudiada, basándose en la diferencia económica y de clase. Nació en Copenhague como hijo ilegítimo. Fue abandonado por su madre, terminando en un orfanato, siendo adoptado por la familia Dreyer, recibiendo el nombre y apellido del padre adoptivo.
Fue educado en el luteranismo, de forma rígida, influyendo estas enseñanzas severas en su vida y en su obra. Trabajó como periodista, iniciándose su vocación por el cine. En sus comienzos, allá por 1918, no tuvo mucho éxito. La fama le llegó con El amo de la casa, en 1925. Su prestigio llegó a Francia donde le propusieron hacer un largometraje sobre una heroína nacional como Catalina de Médicis, Juana de Arco o María Antonieta. Por un sorteo salió Juana de Arco y así se rodó La passion de Jeanne d`Arc, que se estrenó en 1928, su primer gran clásico, aunque no fue un éxito de taquilla.
Con la ayuda de Pierre Champion escribió el guión, basado en la transcripción que se conserva del proceso de Juana de Arco, con las declaraciones de la procesada y las preguntas de los jueces inquisitoriales. Tiene influencias del realismo y del exprexionismo, pero sin maquillajes ni decorados, con una desnudez total de artificios superfluos. Los fondos son blancos y apenas hay otros elementos que los personajes. Toda la película está hecha a base de primerísimos planos en los se nos muestra la expresión de sufrimiento de la encausada y las miradas y los gestos burlescos de los jueces con caras feas y desabridas. Uno de ellos presenta unos mechones de pelos, a modo de cuernos, que le dan un aspecto diabólico. En la película están narradas las últimas horas de vida con el final del proceso y la condena en la hoguera. La inocencia y veracidad de la Santa destacan frente a la malicia y doblez de los jueces. Al final hay un personaje colectivo: el pueblo que al ver el suplicio proclaman su santidad, clamando contra los verdugos.
Dreyer es un director muy encerrado en sus ideas. Aunque su carrera fue larga, sin embargo, no es prolífico. Prefirió la calidad a la cantidad. Su honestidad consigo mismo y con su trabajo y su vocación hacia el cine como expresión artística le llevó a hacer sólo aquellas películas que quería hacer y tal como él lo pensaba. Era perfeccionista. Su cine busca las experiencias íntimas del hombre y trata de adentrarse en el misterio de los conflictos internos del ser humano.
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