jueves, 31 de mayo de 2018

Concierto sinfónico en Soria

    El domingo 27 de mayo pudimos asistir a una celebración  snfónico-datequética en la iglesia Concatedral de San Pedro, en Soria. A tal evento acudieron más de 5.000 personas, procedentes de Aragón, Navarra, País Vasco, Valladolid, Burgos, Valencia, de otros lugares de España
 y algún grupo del extranjero. Como en el interior del templo el espacio era claramente insuficiente, se habilitaron zonas en el exterior y el claustro, con pantallas, para que todos pudiésemos seguir el acto de forma cómoda. El interior de la iglesia quedó reservado a las autoridades religiosas, civiles y militares y familiares de Carmen Hernández ya que el acto se realizaba en homenaje a su memoria.
    Los actos se realizaron según el programa previsto. Primeramente el obispo de Osma-Soria, Monseñor Abilio Martínez dirigió el saludo a todos los asistentes. Otro tanto hizo el Excelentísimo Señor Alcalde de Soria que quiso agradecer a todos su presencia invitando a visitar la ciudad castellana tan amada de Antonio Machado.
    Después tomó la palabra Kiko Argüello. Kiko Argüello es , junto con Carmen Hernández y un sacerdote italiano, fundador del movimiento religioso Camino Neocatecumenal, organizador de los actos. Este leonés, líder del Movimiento, es pintor de profesión pero también ha puesto música a muchos salmos de las Sagradas Escrituras que utilizan en sus celebraciones religiosas. Él es el autor de la sinfonía "El sufrimiento de los Inocentes" que fue interpretada por el Coro y Orquesta del Camino Neocatecumenal, compuesto por más de un centenar de personas, muchas de las cuales llegaron desde Italia y otras desde distintos puntos de nuestra geografía. Las edades eran muy dispares predominando los jóvenes. La dirección corrió a cargo de Tomás Hanus.
    En su alocución Kiko Argüello hizo la presentación de la Sinfonía, explicando los motivos que le habían llevado a componerla: si es para hacer el bien tiene justificación.
    Consta de cinco movimientos: Getsemaní, Lamento, Espada, Padre, perdónalos y Resurrección.
Toda la música es muy emotiva y llega al corazón. Fue muy del agrado del público que la premió, al final de cada movimiento, con reiterados aplausos. Como final, y en primicia, el Coro y Orquesta interpretó una pequeña parte de otra sinfonía de Kiko que será estrenada, Dios mediante, este verano por la Orquesta Sinfónica de Berlín.
    Con unas palabras de agradecimiento del Obispo, la bendición y el canto de Resurresit terminó el acto.
    Ya vacío el templo pudimos recorrer sus naves y admirar las bellezas que encierra. La fábrica de la Colegiata es de estilo románico, con sillares de piedra . En el centro de la fachada sur podemos ver en un nicho la escultura en piedra del titular, San Pedro Apostol, con las llaves que lo caracterizan. Tiene tres naves con capillas en los muros. Las naves están sostenidas por recias columnas que, cual palmeras, terminan en bóvedas estrelladas, anunciando el gótico. Los tres retablos mayores son de estilo barroco. En el claustro paseamos por las tres crujías que, junto con un muro, forman un cuadrilátero. Esta formado por dobles columnas que sostienen arcos de medio punto. Los capiteles son historiados, muchos de ellos deteriorados pues el tiempo y los fenómenos atmosféricos han hecho mella en la piedra arenisca.
    A las 7 de la tarde ya habían terminado los actos y, como en este tiempo, anochece muy tarde, pudimos recorrer las calles de la ciudad y admirar sus palacios y casas solariegas, sus plazas, fuentes y estatuas y dar un garbeo por la Alameda de Cervantes, el parque soriano, disfrutando de la sombra de los centenarios árboles.
    En los numerosos bares no daban abasto sirviendo raciones de torreznos que, por un día, todo el mundo se olvidaba del colesterol, y degustaba a placer.
    Pasamos un día en familia, agradable, comiendo nuestros bocadillos en un pequeño jardín, protegidos del sol´Otros, los valencianos, llevaron sus enormes paelleras, preparando su plato internacional que después comieron alegremente, regándolo con los vinos del Duero.
    Al regreso tuvimos la suerte de esquivar las numerosas tormentas de la zona y, sólo al llegar a Zaragoza vimos la lluvia, aunque ya con poca intensidad.


miércoles, 30 de mayo de 2018

Visitas de la UEZ

    Como colofón de final de curso, los alumnos de Artes Decorativas realizamos unas visitas culturales que sirvieron para ver "in situ" algunos de los temas que habíamos estudiado en clase. A este efecto visitamos el Museo de tapices de la catedral del Salvador y el Museo Pilarista.
    En La Seo pudimos contemplar la extensa muestra de tapices, algunos de dimensiones descomunales, no adecuados para las proporciones de nuestras habitaciones actuales. El guía, amablemente, nos fue informando, con gran conocimiento de la materia, sobre todos los pormenores de las piezas allí expuestas. Algunos datan de los tiempos de los Reyes Católicos. Entonces eran bienes muy apreciados y que, como las cortes eran itinerantes, eran transportados en las arcas tapiceras, allí adonde se trasladaran los reyes. Tenían funciones prácticas además de las puramente ornamentales. Tenemos que tener en cuenta aquellos palacios desnudos, con grandes salones y techos altísimos. Gracias a los tapices se podían acomodar estancias habitables, haciéndolas confortables y lujosas.
    El tapiz era algo sumamente costoso ya que necesitaba el trabajo de operarios muy cualificados. Primeramente, un pintor realizaba el motivo que luego tenía que ser pasado a otro de tamaño natural para ser reproducido en los telares. Los lizeros tenían otra dificultad y es que trabajan por el revés, valiéndose de espejos que les faciliten la tarea y ver el resultado del trabajo que realizan. Es una  labor lenta, necesitándose meses para que un operario teja un metro cuadrado. Los materiales son también muy costosos ya que se emplean hilos de lana, sedas e incluso de oro y plata. Trabajaban por encargo de las distintas monarquías europeas, de la Iglesia o de la alta nobleza que eran los que podían permitirse esos lujos. Había talleres en Arrás (Francia), en Bruselas (Bélgica) y en otras ciudades flamencas. Normalmente eran talleres familiares en los que trabajaban todos los miembros aunque también tenían asalariados. Los motivos son de tipo religioso, mitológico e histórico, en los primeros siglos aunque después tienen cabida los profanos.
    Luis XIV, el rey que impone el lujo en la corte francesa, instala en Gobelinos talleres que se dedican a fabricar toda suerte de objetos de lujo, que anteriormente debían importar. De allí paso el gusto por el lujo a todas las cortes europeas. En España, con la venida de los Borbones  se instala la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara que aún funciona en Madrid.
    En La Seo pudimos ver, entre otros, el inmenso tapiz del rey Asuero y la reina Esther. Los motivos de los tapices son narrativos y cuentan episodios de la vida de los personajes, como si fueran las viñetas de un cómic. En otros se narra la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor.
    Se pueden apreciar diferencias en los tapices según las épocas, siendo los más modernos más realistas en las expresiones de los rostros de los personajes, tratamiento de los ropajes, detalles... notándose la evolución lo mismo que en la pintura.
    La colección de tapices de La Seo es una de las más importantes de Europa y es una lástima que haya muchos zaragozanos que no la conozcan. En otros tiempos se usaban en celebraciones, sobre todo el día del Corpus,formándose como un pasillo por las naves por donde pasaba el Santísimo. Muchas piezas de la colección se deben a donaciones de monarcas y arzobispos, entre ellos Don Hernando de Aragón, hijo de Fernando el Católico. De algunos no se sabe la procedencia ni cómo han llegado allí. Además de los expuestos hay otros muchos recogidos en el almacén, pendientes de su restauración, pero esto es una obra muy cara y, como siempre, los fondos no dan para acometerla.
Vimos también expuestas las joyas que aparecieron en la tumba del arzobispo Don Hernando de Aragón: una cruz pectoral y dos discos que servían de sujeción de la capa pluvial. Así mismo vimos una naveta de plata y  concha de un molusco, que servía como especiero en los grandes banquetes y después  se utilizó como contenedor de incienso en las funciones litúrgicas.

    Seguidamente pasamos a visitar el joyero de la Virgen, situado en una sala de la Basílica. Aquí vimos, ordenadas por épocas, piezas de incalculable valor que han sido regaladas a la Virgen por personas devotas en agradecimiento a favores recibidos por su intercesión.
     La profesora nos explicó que el primer regalo se debió a la reina Blanca de Navarra, gracias a la curación de una enfermedad que la reina padecía y que le había pedido a la Virgen la remediase. Durante la Edad Media los aragoneses eran devotos de la Virgen de Salas y de Santa María del Portillo pero, a raíz del milagro de Calanda en el siglo XVII,aumentó la devoción pilarista.
    La joya más antigua que se conserva es una coronita de oro, regalo de Isabel la Católica. Las coronas de la Virgen y el Niño están expuestas en una vitrina. La más valiosa es una que luce en su fiesta. Es de oro con multitud de brillantes, esmeraldas y joyas de todo tipo que van fijadas a los resplandores. Al lado hay otra imagen muy valiosa, de plata, sin el Niño. Esta imagen es la que procesiona el 12 de octubre.
    Empezando por la izquierda podemos contemplar el olifante de Gastón de Bearn. Es una pieza única, de marfil tallado en toda su extensión, talla magnífica que reproduce los trabajos de Hércules. Hay también libritos de devoción, pinjantes que llevaban las damas prendidos del vestido, así como también algunos retabitos que contenían reliquias. Hay joyas del Renacimiento y del Barroco, con perlas barrocas, más grandes y de distintas formas. En otras vitrinas hay alhajas como pendientes, collares, anillos, pulseras, prendedores etc. Podemos apreciar también otros objetos de devoción como rosarios o relicarios en materiales nobles. En la última vitrina están expuestos los regalos de las distintas personalidades que, en los últimos tiempos han visitado el Pilar y han dejado su ofrenda. También pueden verse algunos mantos de la Virgen pero, en su mayoría, están en una exposición aparte.
    A principios del siglo XVIII había una gran colección de joyas de incomparable valor. Algunas de ellas fueron llevadas a Francia en tiempos de la Guerra de la Independencia que fueron entregadas a cambio de que se respetase el templo. En 1860 se organizó una subasta a nivel internacional para conseguir fondos y poder terminar las obras de la Basílica, que ya se prolongaban mucho. Por esta razón muchas de estas joyas se encuentran repartidas por muchos museos importantes del mundo. Algunas fueron compradas por devotos que después las restituyeron al joyero pilarista. En esta subasta no se incluyeron las coronas.
   

lunes, 13 de marzo de 2017

Visita al Museo Arqueológico Nacional

    Como colofón y clase práctica del curso de Arte Español que estamos realizando en la Universidad de la Experiencia, se organizó una visita al Museo Arqueológico Nacional de Madrid, acompañados de nuestro querido profesor Don Miguel Beltrán Lloris, que nos había impartido la asignatura del Arte en la Edad Antigua.

    Con la máxima puntualidad, salimos de Zaragoza, en autobús, a las ocho de la mañana. En esta época del año, con el sol sobre el horizonte, emprendimos la marcha hacia nuestro destino, haciendo una parada para estirar las piernas y descanso del sufrido conductor.

    Durante el viaje, el profesor nos fue poniendo a punto para que la visita, que íbamos a realizar resultase más provechosa. Así según los lugares por donde pasábamos nos habló de Salduie, Arcóbriga, Bílbilis, Medinaceli.... con antiguos asentamientos romanos, intercalando anécdotas jocosas de sus comienzos en los trabajos de arqueología, revelándonos una faceta de su personalidad desconocida para nosotros.Resultó muy divertido y animó las largas horas del viaje.

    A las doce llegamos a nuestro destino. Era un poco pronto para la comida pero tampoco queríamos  que ésta se retrasase mucho pues pretendíamos realizar la visita en las horas de menor afluencia de público ya que , al ser un grupo numeroso, no molestaríamos a nadie y podríamos movernos con más libertad para ver todo a nuestro gusto.

    Después de la consabida foto del grupo, el profesor nos explicó la historia del Museo y sus vicisitudes. Es un edificio neoclásico tardío, que comparte funciones con la Biblioteca Nacional, que tiene su entrada por el Paseo del Prado, mientras que al Arqueológico se accede por la calle de Serrano. Tiene una escalinata y, a los lados de la entrada, cuatro esculturas. Las de los extremos, en mármol, una del escultor Alonso Berruguete y otra del pintor Velázquez. Flanqueando la entrada aparecen dos esfinges aladas, en bronce, que la guardan. Estas esfinges aparecieron en unas monedas antiguas y, por su simbología, se colocaron aquí.

    En 1867, Isabel II funda el Museo de Arqueología con el fin de reunir los fondos que, procedentes de las desamortizaciones, estaban desperdigados por toda la geografía nacional. En 1871, Amadeo de Saboya impulsa la obra y se concentran en el Casino de la Reina. Es en 1903 cuando pasan al emplazamiento actual. Se crea también, con fondos suficientes, un Cuerpo de Funcionarios para que se ocupen del funcionamiento de estos Centros. Ha pasado por muchas vicisitudes, reformas y ampliaciones hasta llegar al moderno estado actual.

    Con estas explicaciones se hizo la hora de la comida y pasamos al restaurante del Museo donde nos sirvieron una comida casera. Reparadas las fuerzas estábamos listos para emprender la visita, objeto de nuestro viaje.

    Comenzamos por la planta del sótano donde aparece, en modernas vitrinas, muy cómodas para el espectador, la historia de la humanidad desde sus comienzos: el largo período de la Prehistoria. Está muy bien explicada la evolución del hombre desde que es capaz de abandonar los árboles y ponerse de pie. Vimos una réplica de Lucy, la mujer africana más antigua de cuantos restos se han encontrado. Se hacen notar las características morfológicas, al compararlas con el hombre moderno.
Hay también materiales de Atapuerca. Nos explicó porqué era normal el canivalismo en estos estadíos de la humanidad en los que lo fundamental era la supervivencia y a veces era necesario recurrir a las proteínas de sus propios congéneres. La evolución del lenguaje, el conocimiento del fuego, tan importante para el hombre... También está representado el hombre del Neandertal que convive con el  Cromagnon y que desaparecen no se sabe muy bien por qué causas.
Pudimos ver del Paleolítico, o piedra tallada, herramientas como puntas de flechas, hachas, raederas y otras piezas. En cuanto al arte, pinturas, grabados de animales en huesos planos, lajas de piedra.

   La Protohistoria. En el Neolítico el hombre se hace sedentario. De cazador y recolector, paulatinamente, va pasando a domesticar animales y cultivar la tierra. Surgen los primeros poblados , hay excedentes de producción y hay que gestionarlos: se hace necesaria la jerarquización y la división del trabajo. Nace el transporte de productos y la cerámica, sin torno, con objeto de poder almacenar.

    La Península Ibérica, en estos tiempos, es un mosaico de pueblos distintos, de procedencia diversa, sin un objetivo común, que a veces se pelean, otras forman alianzas pero sin un nexo común.
En la Bética está el mítico pueblo de Tartessos, con una cultura fruto del intercambio con otros pueblos orientales. Llegan hasta Extremadura y producen una cultura extraordinaria.  Nos han quedado verdaderos tesoros como el de Aliseda, con multitud de joyas de oro, algunas sin usar que corresponderían al patrimonio familiar, pasando de una a otra generación.
Por la zona oriental mediterránea se extendían los pueblos iberos, que pronto entraron en contacto con pueblos mediterráneos, de culturas más avanzadas, culturizándose.
Nos han dejado esculturas tan importantes como la enigmática Dama de Elche. la Dama de Baza, encontrada en una tumba, de piedra policromada, escultura realizada para ser enterrada con el ajuar funerario. También la Bicha de Balazote, esculturas oferentes y multitud de tesoros en los enterramientos.
Por el centro y oeste se encontraban los celtas y celtíberos, de procedencia centroeuropea. Eran más beligerantes y menos culturizados. Los restos que nos han dejado son esculturas más toscas como verracos o toros de granito.
Los fenicios son un pueblo del mediterráneo oriental que llega por mar. Son comerciantes y fundan colonias por la costa. Les interesa el intercambio de productos. Traen a la península el alfabeto, el torno, la salazón de pescado, etc.
Los griegos aportan su cultura clásica. Así como los fenicios se establecen por el sur, los griegos fundarán colonias en la costa pero más al norte. Transportan esculturas, cerámicas preciosas y modos de trabajar.
Los cartagineses son de origen fenicio pero son guerreros, tienen afán de dominio. Para combatirlos llegan los romanos a la península.

    La España romana. A la vez que que los ejércitos, llegaban comerciantes, artesanos, constructores, escultores...realizándose una culturización y haciendo de la península una provincia romana, unificándola, no sin oposición por parte de los nativos.

    Por las distintas salas del Museo pudimos admirar de la época de los íberos, esculturas como la famosísima Dama de Elche, que en realidad es una urna para contener cenizas funerarias como se ha podido ver por los restos que han quedado en el hueco posterior. No se sabe a quién representa porque se halló fuera del contexto. No así la Dama de Baza, hallada en un recinto funerario y de la que sabemos que se esculpió para ser enterrada. Vimos también otras esculturas como la Dama del Cerro de los Santos, otras esculturas más pequeñas de damas oferentes, la Bicha de Balazote, el Toro de Osuna, otros relieves de Osuna, exvotos de guerreros, la esfinge de Agost, una pátera ibérica de plata repujada. También cerámica de imitación griega pero que no alcanza la calidad de aquella, monedas en bronce, un  quemador de incienso con un gracioso caballito. Pero sobre todo, colocada en el centro del patio la tumba monumental de Pozo Moro (Chinchilla, Albacete). Es un monumento funerario de grandes proporciones y, aunque no se conservan todos los bloques de piedra que lo formaban se pueden distinguir algunos relieves grabados en los mismos.

    De la cultura del vaso campaniforme pudimos apreciar cerámicas de todo tipo: cuencos, vasos, cazuelas...

    De la Edad del Bronce están los cuencos de Axtroquín que son unos casquetes bellamente trabajados y que debían ser utilizados por los sacerdotes. Esculturas-retrato, calderos, la fuente- cierva, un centauro, bronces de Tartessos, navajas con grabados en la superficie de las cachas, muchas figurillas en este metal....

   Los celtíberos nos han dejado collares de sacerdotisa, escudos de bronce, jarra de arcilla (Soria), una vasija de cerámica con anillas del siglo II antes de Cristo, fíbulas de bronce con figuras de caballos, pectoral de bronce, cajas funerarias de arcilla...

    De los fenicios está la Dama de Galera, en alabastro, figuras en arcilla, huevo de avestruz pintado con decoración en rojo. Proceden de la cultura talayótica de las islas Baleares, como la Dama de Ibiza.

    De los griegos hay una buena representación de la extraordinaria cerámica con pinturas rojas sobre fondo negro y pinturas negras sobre fondo rojo. Son de una perfección asombrosa y nos dan noticia de la vida del mundo griego, sus costumbres, trajes, diversiones, etc. Los peninsulares intentaron imitarlas pero se quedaron muy lejos de la perfección de los modelos. Hay vasijas de todo tipo, cráteras para escanciar el vino, vasos, y otros tipos de vasijas.

    De la España romana  existen en el Museo infinidad de muestras de todo tipo. Esculturas, muchas de las cuales eran copias magníficas de las griegas que poco tenían que envidiar a sus modelos clásicos. Está la bellísima estatua de Livia , la esposa del divino Augusto, en posición sedente, como matrona romana. Es extraordinario el plegado de las vestiduras así como el peinado y la actitud serena del rostro. Al lado se encuentra una estatua de Tiberio. Son numerosísimos los bustos y cabezas- retrato de personajes ilustres, todas las obras en mármol.
En cuanto a piezas de cerámica son abundantes los platos de terra sigilata y otroas piezas del servicio de mesa. Lograron muy buenas calidades.
También hay una buena representación de fino vidrio de colores, vasos, jarras, frascos de perfume, cinerarios y otros para diversos usos.
Pero lo que más llama la atención del visitante son los mosaicos por sus dibujos y colorido. Algunos representan los meses y estaciones del año, otros tienen motivos alegóricos o mitológicos.

    De la época visigótica pudimos admirar el Tesoro de Guarrazar. Son un conjunto de coronas votivas, en oro y piedras preciosas, del reinado de Recesvinto, como aparece en una de ellas. Eran donaciones de los reyes y se colocaban suspendidas sobre el altar, como homenaje de la monarquia a Dios.

    Lo más espectacular que pudimos ver son los llamados "tesoros". El tesoro de Alisenda  es un conjunto de piezas de oro, joyas: collares, zarcillos, arracadas, torques, brazaletes, pulseras, anillos, diademas, amuletos, cinturón  También aparecieron un jarro egipcio de vidrio y platos.
   
    Del tesoro de Sagrajas hay brazaletes de oro, del comienzo del primer milenio antes de Cristo.

    Del tesoro de Torrejimeno, cruces de oro y piedras preciosas.

    Merece atención especial las colecciones de monedas. Gracias a ellas tenemos mucha información que de otra forma no se hubiera podido conseguir. Esas pequeñas piezas son muy valiosas por esta razón , aparte del valor económico. Hay de bronce, de plata, de oro.

    Se nos hizo la hora de regresar. Hubiéramos querido ver otras salas que adivinamos al pasar pero eso queda para otra visita que haremos en otro momento. El objetivo de hacer un recorrido por la Antigüedad se había cumplido. Cansados pero satisfechos, subimos al autobús que nos recogió a la salida y camino de regreso a casa con las imágenes en la retina de tesoros escondidos en los campos esperando que alguien los rescate.

   

viernes, 3 de marzo de 2017

Viaje cultural II

    Cuando llegamos a Toledo ya había anochecido. Fuimos alojados en un edificio histórico: el antiguo hospital de San Lázaro que aún conserva el ábside mudéjar y un atrio porticado, con dos hileras de arcos, espacio que, acristalado, es utilizado como terraza. Está situado junto al hospital de Tavera, hoy convertido en museo. Al lado está la Plaza de Toros, construida, como la mayor parte de edificios históricos, en aparejo toledano, de mampostería e hiladas de ladrillo intercaladas.
Después de cenar, aprovechando el buen tiempo, salimos a "ver" y nos llegamos hasta la puerta de Bisagra, que es una de las puertas de la muralla. Tiene dos cuerpos y entre ambos, un patio. Ampliada y reconstruida en tiempos de Carlos V. A modo de arco triunfal, tiene dos torreones semicirculares coronados por pirámides cuadrangulares recubiertas de azulejos que brillan al sol. El impresionante escudo con el águila bicéfala nos recuerda que Toledo fue capital del Imperio.
En la parte exterior de la muralla se encuentra la iglesia de Santiago del Arrabal, antigua mezquita que servía para despedir a los que salían de la ciudad y dar la bienvenida a los que llegaban. Es de la segunda mitad del siglo XIII. Está construida con muros de mampostería y ladrillo, con puertas enmarcadas en arcos de herradura, polilobulados. En el exterior se observan tres ábsides semicirculares con arcos de diversos estilos.

    Al día siguiente estaban programadas visitas con guía...¡pero hay tantas cosas que ver en Toledo que es imposible ver todo!. Nos dieron una pulsera turística con la cual teníamos acceso a otros monumentos que no entraban en la programación pero que podíamos visitar por nuestra cuenta. El autobús nos trasladó hasta unas escaleras mecánicas, instaladas para salvar el enorme desnivel hasta lo alto de la ciudad. Salimos cerca de la Plaza de Zocodover, centro de la vida social urbana. Hasta allí llegan y de allí parten los autobuses ya que por el centro es imposible que circulen por la estrechez de las calles, ya difíciles para los turismos y los peatones que ponen en grave riesgo su seguridad.
Por las calles importantes nos dirigimos a la Judería. Allí visitamos Santa María la Blanca. Es un edificio construido en 1180 como sinagoga mayor. Al exterior no ofrece ningún atractivo pero el interior es fantástico. Es mudéjar con arcos de herradura que se apoyan en pilares octogonales, decoración vegetal en frisos, capiteles con piñas y volutas, entrelazados geométricos de origen almohade.Sirvió de modelo a otras muchas sinagogas. Estuvo en uso hasta 1311 en que, debido a unos incidentes, pasó a convertirse en iglesia cristiana. Hoy es convento de Clarisas.
El guía nos contó la historia según la cual un sacristán, falto de dinero, pidió un préstamo a un judío y, al no poder pagarlo en el plazo convenido, el judío le pidió una Forma consagrada. Los judíos intentaron meterla en agua hirviendo para ver qué pasaba y la Forma salió levitando yendo a parar a las manos de un sacerdote que en ese momento estaba celebrando Misa en otra iglesia. Este milagro se recoge en un cuadro, a los pies de la antigua mezquita.

    La visita continuó en San Juan de los Reyes. Es un convento franciscano, construido bajo el patrocinio de Isabel La Católica con la intención de convertirlo en mausoleo real. Es de estilo gótico-isabelino, encargado a los arquitectos Juan de Colonia y Juan Guas. Tiene una sola nave, con capillas entre los contrafuertes. El cimborrio tiene forma de corona. El altar mayor está elevado sobre gradas, al nivel del coro, lugar en el que se colocaban los reyes, para estar a la misma altura el poder real y el divino. El retablo fue concebido para el Hospital de la Santa Cruz por lo que lleva las armas del Cardenal Mendoza. En la iglesia, como en el resto del edificio están presentes los símbolos de la Corona, a través de epigrafías, escudos,etc. Tiene dos portadas, en la lateral con el escudo de los Reyes Católicos. La portada del claustro tiene un arco carpanel con rica decoración. El claustro es cuadrado con un pozo en el centro, símbolo de la vida. Tiene dos plantas: la inferior con arcos ojivales y la superior con arcos conopiales mixtilíneos. La cubierta es de madera, a par y nudillo, decorada con estrellas de ocho puntas.

    La iglesia de Santo Tomé es de principios del siglo XVI. Actualmente está en obras y sólo se puede visitar el lugar donde está el cuadro del Entierro del Señor de Orgaz. Según nos explicó el guía no es del Conde, que aparece en el cuadro y fue quien lo encargó a El Greco, sino un antepasado suyo. Todos pudimos contemplar el famosísimo cuadro y el guía nos fue explicando todos los pormenores del mismo.

    Terminada la visita nos quedó un tiempo libre, hasta la comida, que cada cual dedicó para ver lo que más le apeteciera. Así nos dirigimos al imponente Alcázar, hoy Museo del Ejército. Hay maquetas del estado en que quedó el edificio después de la Guerra Civil. Hoy está reconstruido aunque han dejado como muestra, en el interior, los cimientos de algunos muros. Se puede visitar el despacho del General Moscardó, que ha quedado en el mismo estado y con los mismos muebles, como recuerdo histórico. En uno de los torreones, en la última planta, está la cafetería, desde cuyos ventanales se puede contemplar una panorámica maravillosa de toda la ciudad. Por la noche la vista es realmente impresionante.

    Por la tarde un paseo en el trenecito turístico que, desde la Plaza de Zocodover, nos llevó a través de las callejas toledanas, cruzando el Tajo, por el Puente de Alcántara, hasta un mirador en la otra margen desde el que se divisa toda la ciudad imperial, con sus numerosas torres y monumentos de toda índole. Ver ocultarse el sol desde el mirador es una experiencia inovidable.

    Al día siguiente empleamos la mañana para hacer una excursión a Talavera de la Reina. El autobús nos dejó en el Paseo del Prado donde nos esperaba la guía. Hermoso paseo en el que se encuentra la Basílica de Nuestra Sañora del Prado, patrona de la ciudad. Es un edificio de los siglos XVI y XVII, de estilo renacentista y barroco. Fue declarada basílica en 1989. Posee decoración de cerámica talaverana, con motivos religiosos, tanto en el interior como en el exterior.
Al lado está la plaza de toros con una escultura de Joselito, famoso diestro que perdió la vida toreando en este ruedo.
Visitamos también las murallas, la Colegiata de Santa María, la Plaza del Pan y, sobre todo, un museo de cerámica con obras antiguas y actuales. Lleva el nombre de Juan Ruiz de Luna, insigne talaverano que, hizo una gran labor de recuperación de la artesanía tradicional de la cerámica con reminiscencias mudéjares y orientales. Está situado en el antiguo convento de San Agustín. En la planta baja vimos cerámica tradicional antigua. En la superior hay unas salas dedicadas a Cervantes y la mesa, exhibiéndose piezas cerámicas de estilo moderno, con dibujos alusivos al manchego universal y su obra.

    Por la tarde estaba programada una visita a las Termas Romanas. En el centro de la ciudad, al excavar los cimientos para una nueva edificación, aparecieron los restos de unas termas de la época romana, suspendiéndose las obras para preservar las ruinas. En una plazoleta, cerca de las mismas hay una puerta que da acceso a unas galerías que también pueden ser visitadas y que eran antiguas bodegas romanas.

    En el tiempo que restaba aprovechamos para visitar otros monumentos que aún no habíamos podido ver, como la iglesia del Salvador. A las seis termina el horario de visitas y no queda otra opción que recorrer el intrincado laberinto de callejas que forman el mapa ciudadano. También se aprovechó  para realizar las compras de los regalos y souvenirs que siempre apetece llevarse de los lugares visitados. Es difícil elegir porque son muchos los productos de artesanía que merecen la atención.

    Al día siguiente se organizó la ruta por el Toledo mágico y desconocido, con sus rincones y sus leyendas. Pero no habíamos estado en la Catedral y era impensable no contemplar la mejor joya. Provistos del material que nos suministraron en taquillas pudimos seguir la visita guiada, siguiendo la ruta que nos iba marcando.
Cuando Alfonso VI anexionó la ciudad al reino de Castilla en 1085, prometió respetar la religión y el culto de los sometidos. Y así lo hizo. Pero en su ausencia, la reina y el obispo irrumpieron en la mezquita e introdujeron en ella el culto cristiano lo que provocó un motín de los moros. De regreso, el rey intentó solucionar el problema y, gracias a la intervención de un influyente musulmán se pacificaron los ánimos y la mezquita se convirtió en catedral, sólo con ligeros cambios. Así siguió hasta 1226 en que Fernando III. junto con el Arzobispo Ximénez de Rada promovieron la construcción de una nueva catedral en estilo gótico-francés, siendo terminada en tiempos de los Reyes Católicos. Es de piedra blanca. Tiene cinco naves con doble girola. Hay cinco magníficas puertas: la del Juicio Final (que sólo se abre en las grandes ocasiones). la del Perdón, la de los Leones, del Reloj y la del Infierno. En la fachada principal estaban proyectadas dos torres pero sólo se construyó una gótica con influencia mudéjar. Se remata con una flecha con tres coronas, imitando una tiara. En lo que iba a ser la otra torre, el Cardenal Cisneros construyó la capilla mozárabe para que se perpetuase el rito.
En el interior el Coro es de Alonso Berruguete. Hay una magnífica talla gótica de la Virgen, de estilo francés. La capilla  mayor tenía dos bóvedas pero Cisneros la cambió, dejando la actual y encargando un retablo gótico. Es de una gran riqueza arquitectónica. Contiene varios sepulcros de reyes y cardenales. La reja de Francisco de Villalpando es magnífica. Adosado en el exterior está el Transparente, obra esculturo-arquitectónica, del siglo XVIII, en estilo barroco y churrigueresco, con mármoles, bronces y jaspes.
Tiene numerosísimas capillas a lo largo de las naves laterales. La de la Virgen del Sagrario, patrona de la ciudad tiene acceso por el exterior. Es de estilo herreriano y fue promovida por el cardenal Sandoval y Rojas.  La talla de la Virgen es románica, recubierta de plata sobredorada.
Se pueden visitar la Sacristía, que contiene cuadros de los mejores pintores españoles y extranjeros.
La  Sala Capitular, mandada construir por Cisneros, con techumbre mudéjar y pinturas murales y retratos de todos los arzobispos de la catedral.
La Sala del Tesoro se debe al cardenal Tavera. El artesonado del techo es mudéjar. Contiene obras de gran riqueza por sus materiales y por haber sido regaladas por personalidades de toda índole.
Pero la joya por excelencia es la Custodia de Arfe, situada en una Capilla a ella dedicada. Es la que procesiona el día del Corpus. Fue encargada por el cardenal Cisneros y es de plata maciza dorada. El Viril o Custodia donde se coloca la Sagrada Forma  se coloca en el interior y está fabricado con el oro traído de América por Cristobal Colón. Esta pieza fue hecha para Isabel La Católica y, a su muerte fue vendida y comprada por el Arzobispo de Toledo.
El claustro está en desnivel con la catedral. Presenta dos alturas. En la baja hay pinturas al fresco de francisco Bayeu  y Maella. Tiene cuatro crujías con bóvedas cuatropartitas. Las salas que daban al claustro han tenido diversos usos.

    Se nos quedaron muchas maravillas por contemplar pero es que Toledo tiene tanto arte por todos los lados que se necesitaría mucho más tiempo para poder visitar y, sobre todo, disfrutar, sin prisas, de tantos monumentos como ha dejado la historia. Se impone una nueva visita, de forma relajada para poder empaparnos de todo aquello que nos hubiera gustado saborear.

martes, 21 de febrero de 2017

Viaje cultural I

    Dentro del Programa de Turismo Social del IMSERSO hemos podido disfrutar de una semana de vacaciones visitando las ciudades de Segovia  y Toledo, ciudades Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

    El punto de reunión estaba en la Estación de Autobuses y allí acudimos todo el grupo donde nos esperaba la persona que iba a cuidar de que todo saliese como estaba planificado: horarios, visitas, hoteles, comidas, etc.

    Rumbo a Segovia hicimos un alto en el camino para comer en un restaurante de Madrid, al ladito de la ermita de San Antonio de la Florida, la que contiene las pinturas y los restos del insigne pintor aragonés. Por la tarde, nos dirigimos a la ciudad castellana.Después de instalarnos en el hotel, salimos en grupos a callejear y admirar su monumento más importante: el Acueducto romano. También vimos la casa de los Picos, un palacio castellano de los Ayala Burgara, a la que los segovianos conocen como "la casa del crimen". Perteneció a un judío converso que no gozaba de la simpatía de las gentes.
Al volver al hotel entramos en la iglesia románica de San Millán, de tres naves y galería de arcos en el exterior. En el interior pudimos contemplar una muestra de pinturas románicas, de las pocas que quedan "in situ". Hay un Cristo Crucificado, en un muro y en los pies de la iglesia se puede ver una curiosa Circuncisión.

    Al día siguiente, ya con el guía, realizamos la visita cultural. Primeramente, el Acueducto, obra de ingeniería civil romana, del siglo I. Tenía como objeto llevar el agua a la ciudad desde unos 15 kms. Debía ser muy importante Segovia para que Adriano ordenase construir algo tan grandioso, con más de 20.000 bloques de granito, sin argamasa, con 170 arcos de 29 ms de altura, la parte más elevada. Es visible 818 ms y el resto queda bajo tierra. En lo alto hay una hornacina en la que estaba colocada una estatua de Hércules que fue sustituida por una imagen de la Virgen de la Fuencisla, patrona de la ciudad, en tiempos de los Reyes Católicos. Se ha mantenido en uso hasta bien entrado el siglo XX.

    Visitamos, también, el Alcázar de donde salió la reina Isabel para coronarse en San Miguel, en la Plaza Mayor. Es un palacio real, en lo alto de una roca, cuya construcción se remonta al siglo XI. Fue residencia de los reyes de Castilla Alfonso X y Enrique IV. Tiene dos patios y dos torres: la del Homenaje y la de Juan II. Vimos los salones del Trono y habitaciones de los reyes así como la capilla  y las colecciones de armas y armaduras de la época. Los techos son de factura mudéjar, ricamente decorados. Sufrió un incendio en 1862. Hoy se encuentra en él el Archivo General Militar de Segovia y el Museo del Real Colegio de Artillería. La explanada donde se asienta la fortaleza constituye un magnífico mirador que tiene a sus pies el Eresma y el Clamores con sus feraces vegas. En el valle hay muchos monumentos históricos como la iglesia de la Vera Cruz, el monasterio jerónimo del Parral, la ermita de la Fuencisla, el convento de San Juan de la Cruz, con el cuerpo del Santo, la antigua Casa Real de la Moneda.... Las vistas desde esta atalaya son espectaculares.

    La visita comprendía la Catedral. "La Dama de las Catedrales". Así se la conoce. La actual es la 3ª catedral. Conserva el claustro de la 2ª. La 1ª estaba al lado del Alcázar pero fue destruida en la guerra de los Comuneros. La actual es de estilo gótico tardío vasco-castellano. Su construcción empieza en 1525 y trabaja en ella Gil de Hontañón. Se consagra en 1763. Tiene 3 puertas y 18 capillas.

    La muralla es otro de los monumentos de la ciudad. Ya existía cuando Alfonso Vi tomó la ciudad a los moros. Tiene un recorrido de 3 kms. y cuenta con 80 torres, 5 puertas y algunos postigos. Se emplean para su construcción sillares de granito y lápidas de una necrópolis romana. En la actualidad conserva 3 puertas: San Cebrián. Santiago, de estilo mudéjar y San Andrés que da acceso a la Judería.

    Visitamos, también, algunas iglesias románicas de las más de 30 que existen en la ciudad de este estilo. Nos sorprendió que , casi todas, tienen una galería porticada exterior, como las iglesias de Jaca. El guía nos informó que tal curiosidad se debe a que fueron construidas en los tiempos en que El Batallador estuvo casado con Dª Urraca y tomaron como modelo las construidas en Aragón.

    Otro día se destinó a hacer una excursión por la provincia, llegándonos hasta el monasterio de Santa María la Real de Nieva. Está dedicado a la Virgen de la Soterraña. y estuvo habitado por frailes dominicos. Hoy es la Parroquia del pueblo. Fue fundado por Enrique III y su esposa Catalina de Lancáster. Es de estilo gótico con 3 naves y crucero. Las bóvedas son de crucería y se apoyan en pilares. En los pies conserva alfarge mudéjar. La puerta principal es de arco apuntado con arquivoltas, y esculturas, algunas muy deterioradas y otras, desaparecidas. En el tímpano, el Juicio Final. El ábside central presenta grandes contrafuertes.
El claustro es de planta cuadrada, con 4 galerías y un jardín en el centro, con un pequeño estanque para el lavatorio de los monjes. Es la parte mejor conservada. Está formado por arcos ojivales, sobre un podio, apoyándose en columnas dobles. Los capiteles son historiados y están representados los escudos de los fundadores y escenas de la vida monacal con algunos temas bíblicos. Las galerías están cubiertas por techos planos de madera. Un guía del pueblo nos fue explicando el significado de los capiteles así como la historia del monasterio.

    Dejamos Santa María de Nieva y nos dirigimos a la villa de Cuéllar en la que visitamos el castillo, hoy propiedad de los Duques de Alburquerque. Este castillo fue un regalo de Enrique IV a su hombre de confianza, Beltrán de la Cueva. Es una fortaleza imponente, rodeada de murallas.Vimos algunas salas con muebles y reposteros con las armas de los duques así como también una colección de trajes de distintas épocas. Pero lo que más nos llamó la atención fue las mazmorras a las que iban a parar los reos en la Edad Media y de las que no salía nadie con vida. Desde las galerías superiores se divisa todo el paisaje castellano.

    Se hacía la hora de la comida y era necesario reponer fuerzas para poder proseguir la excursión programada para la tarde. En un mesón de la carretera nos dieron de comer, creo que al gusto de todos. Según programa, ya nos esperaban con la mesa puesta.

    Por la tarde pusimos rumbo a la villa medieval de Pedraza. Está amurallada y es conjunto histórico desde 1951. Es un pueblo precioso, situado en la cima de una colina, como atalaya. Es modelo de villa medieval, solo se puede entrar por una puerta de la muralla. En otros tiempos se cerraba por la noche para que no entraran en ella extraños. El caserío es de piedra y muchas casas lucen en sus fachadas escudos nobiliarios. El castillo se encuentra en un extremo, rodeado por foso y un enorme precipicio. Fortaleza entonces inexpugnable. En la actualidad pertenece a la familia Zuloaga y no se puede visitar. Nos dio la sensación de un pueblo fantasma ya que, al ser un día laborable y de invierno, no encontramos persona alguna por la calle. Es interesante la cárcel, torre vigía del siglo XI que conserva las mazmorras como ejemplo del trato inhumano que se daba a los presos.
Deshicimos el camino y, por la empinada cuesta, regresamos al autobús que nos devolvería a la ciudad.

    Al día siguiente nos dirigimos a Madrid. Junto al Palacio Real nos esperaba la guía que nos llevaría al Madrid de los Austrias. Empezando por la Plaza de Oriente  seguimos por la Calle Mayor, mercado de San Miguel, Plaza Mayor, Puerta del Sol y entorno hasta la hora de la comida.Por la tarde hicimos una visita panorámica con el autobús recorriendo las calles y barrios más significativos de la capital: Gran Vía, Paseo del Prado, subiendo por La Castellana hasta la zona más moderna donde están los grandes centros financieros de la Plaza de Cuzco y los rascacielos. Continuamos por la calle Serrano para desembocar en El Retiro. Ya, a pie, disfrutamos del Parque con su estanque y sus paseos tan castizos. Desde allí y según preferencias pudimos visitar la iglesia del Cristo de Medinaceli, de tanta devoción para los madrileños y la iglesia gótica de los Jerónimos, tan ligada a la Corona.
Cansados pero satisfechos de los acontecimientos del día regresamos a Segovia.

viernes, 23 de diciembre de 2016

La Navidad

    Un año más llega la Navidad. Cada vez más temprano empiezan los preparativos. A partir del mes de julio se ven colas en las Administraciones de Lotería para comprar el décimo allí donde se pasan las vacaciones veraniegas. En octubre ya aparecen en las estanterías de los supermercados los consabidos turrones. Este año, hemos podido ver cómo en la Plaza del Pilar, a finales de octubre, aparecían los camiones del Ayuntamiento con todo lo necesario para montar el Belén monumental. Es muy grande y, ciertamente, resulta laborioso colocar todo el tinglado de edificios, paisajes y figuras que lo componen. Pero no creo que lleve tanto tiempo  si tenemos en cuenta que hay varios operarios trabajando y que, además, difiere poco de un año para otro. Con unas cuantas fotografías el trabajo se abrevia. Pero, en fin, antes de que llegue diciembre, ya está listo para ser visitado.

    Con la moda -importada, como otras muchas ajenas a nuestras tradiciones- del Black Friday que se va extendiendo como la pólvora, por aprovechar los descuentos de los Centros Comerciales  se adelantan las compras navideñas, especialmente de ropa que, aunque estén los armarios a rebosar, entra la fiebre del consumismo y hay que comprar alguna prenda para poder estrenar en las comidas o cenas de amigos o empresa.

    Los Rastrillos Solidarios y los Rastrillos navideños florecen por doquier. Nos ofrecen toda clase de alimentos, bisutería, adornos de Navidad, figuritas para los Nacimientos, prendas de invierno, para esquiar y un largo etcétera. Es entretenido visitarlos y, siempre algo cae.

    En cuanto a los adornos e iluminación de la vía pública y grandes superficies comerciales, cada año se instalan antes. Y luego están insistiendo a los sufridos consumidores que ahorremos energía. Todo ese gasto del encendido vial, aunque no nos demos cuenta, sale del bolsillo de los ciudadanos. Hace años toda esta parafernalia era a partir de la Inmaculada, pero cada vez se va adelantando más y ahora en noviembre ya tenemos todo luciendo a tope.

    Se ha perdido aquella costumbre tan bonita de enviar felicitaciones a la familia y amigos. Con las nuevas tecnologías se ahorra enormemente el trabajo de los carteros en estas fechas. Al menos alguien sale ganando. Pero era muy hermoso recibir aquellas postales tan bonitas e ingenuas.

    Por todos lados nos lanzan las flechas del "compre, compre" y es difícil resistirse a este bombardeo. La paga extraordinaria se queda pequeña con tantos gastos extra en los que nos embarcamos. Después llegará la temida Cuesta de enero pero acompañada de las Rebajas y cuando vemos los precios de "antes" y "ahora" nos entran los deseos de comprar y caemos en la tentación, llevándonos a casa cosas que no utilizaremos nunca.

    Y, de los regalos ¿qué decir?. Pues que nos gastamos el dinero en cosa que no son necesarias y, no pocas veces, ni siquiera son del gusto de la persona que lo recibe. Es muy difícil acertar con los regalos porque estamos ahítos de cosa superfluas. En mi juventud cualquier cosa nos hacía ilusión porque no teníamos la abundancia de estos tiempos. Recuerdo la alegría que me produjo el día que me regalaron un modesto paraguas.

    Para la sufrida ama de casa llega otro problema gordo: las comidas. ¿Qué pongo en la cena de Nochebuena? ¿Y en la comida de Navidad?. Es complicado guisar para más comensales de los acostumbrados. Hay que procurar que el menú sea del agrado de todos. Alguno puede que tenga alergia a algún alimento y hay que tenerlo en cuenta. Nos pasamos días y días viendo supermercados, comparando precios y calidades. Después la compra. Siempre se olvida algo, aunque hagamos la lista, y hay que correr en el último momento. Sacar el mejor mantel, la vajilla, la cubertería..., que todo esté a punto. y a esperar que todo salga bien, que no se queme el asado, que no nos pasemos de sal, en fin, una serie de detalles de los que puede depender el éxito o el fracaso. Muy importante, que haya armonía entre toda la familia.

    No nos olvidemos de los juguetes de los niños, de Papá Noel o de Reyes. Parece que se va imponiendo la costumbre de que los niños reciban sus regalos el día de Navidad. Tiene una ventaja y es que pueden disfrutar de ellos en las vacaciones. Pero siempre queda nuestra hermosa tradición de los Reyes Magos, con los camellos cargados de juguetes.
Los niños no saben qué pedir. Tienen más juguetes que los que pueden disfrutar. Se antojan de todo lo que ven en la tele o en los catálogos y, luego, muchos de ellos, ni los sacan de las cajas y quedan abandonados en cualquier lugar del trastero o encima de un armario.
Cuando los de mi generación éramos niños no disponíamos de juguetes, no los necesitábamos. Jugábamos en la calle con cualquier cosa y nos sentíamos felices. He hablado sobre el tema con muchas personas y me han respondido que eran felices y recuerdan su infancia con cariño.
Para jugar cualquier cosa servía; el barro, una cuerda, las tabas, un trozo roto de loza, unas cajas de cerillas vacías, unos recortes de tela....

    Después de toda esta parafernalia que montamos cada año por estas fechas cabe reflexionar ¿somos ahora más felices?. Pienso que no. La abundancia de cosas superfluas no aporta felicidad.

    Recuerdo con mucho cariño las fiestas navideñas de mi infancia, cuando iba de vacaciones al pueblo, con mi familia.No había grandes extraordinarios ni en la comida ni en nada. Solían guardar el gallo para Nochebuena, la madre lo guisaba y aquello era un manjar. Por descontado que no se conocían los mariscos. Si acaso un besugo al horno, que entonces era un pescado normalito y no alcanzaba los precios astronómicos de ahora. También solía estar presente el bacalao, que entonces era más barato y no faltaba en las casas. El turrón nunca faltaba, duro y blando, los clásicos, pero no en las cantidades que compramos actualmente. Para postre había manzanas rebozadas, en discos, algo que no he vuelto a degustar pero queda en el recuerdo de aquellos sabores de la infancia. En casa de la abuela y, en otras muchas casas del pueblo, no faltaban las castañas cocidas.
Se cenaba con alegría, recordando siempre el motivo de aquella celebración. Había también un recuerdo para los familiares que ya nos habían dejado y, siempre, estaban presentes aquellas personas, menos afortunadas, que no disponían de un techo y algo que llevarse a la boca en días tan señalados.
Después de la cena se asistía a la Misa del Gallo. Un año, incluso, fuimos al pueblo de al lado porque ponían un Belén viviente y era una novedad que no nos podíamos perder.
Había un espíritu navideño que, desgraciadamente, se está perdiendo y todos estos festejos quedan reducidos al más bárbaro consumismo. Nada nos llena, no se es más feliz por tener más cosas, ni siquiera las disfrutamos. No sabemos del goce de un paseo por un sendero del bosque, en otoño, contemplar una puesta de sol, admirar las flores en primavera y disfrutar de su aroma. Todas estas cosas son fundamentales y no cuestan dinero.

viernes, 2 de diciembre de 2016

Cantares de Gesta

    La Universidad Popular organiza, periódicamente, rutas literarias para dar a conocer los libros clásicos de nuestra literatura y, de paso, conocer también los entresijos de la ciudad, cómo debió ser en otras épocas. El pasado jueves la visita tenía como protagonistas los Cantares de Gesta.

    Por Cantares de Gesta se entiende una serie de composiciones narrativas, en verso, de autor anónimo, que daban noticia de hechos históricos, más o menos novelados, y que difundían los juglares por los castillos o plazas públicas de los poblados durante la Edad Media. Eran composiciones  en    versos de arte mayor, asonantados, divididos en dos hemistiquios, mediante una cesura central. Eran recitados o cantados con acompañamiento de instrumentos  musicales. Como eran muy largos se recitaban a lo largo de varios días. Solían tener de 2.000 a 20.000 versos, con una media de 4.000. De vez en cuando el juglar se dirigía al público para hacer como un resumen recordatorio y poner en situación a los que lo oían por primera vez. Al final, con unos versos, solicitaba que los oyentes contribuyeran con unas monedas o prendas (que luego vendían) para que el juglar pudiera vivir y desplazarse de un lugar a otro.

    En todos los países que en ese tiempo tenían un peso específico en Europa, estuvieron muy en boga. Así en Francia los del ciclo Carolingio. En general eran muy novelescos y no se ajustaban al hecho histórico que intentaban narrar. Se conservan muchos ya que fueron copiados por los monjes en sus monasterios. Se iban haciendo distintas refundiciones al pasar de unos a otros intérpretes.
En Alemania está el ciclo de Los Nibelungos. En Inglaterra también tienen su importancia los de Los Caballeros de la Tabla Redonda y el ciclo de Los Condes.
Por lo que nos atañe a nosotros, nos ha quedado el Cantar de Mío Cid y poco más. A este poema le faltan algunas hojas que se han podido suplir gracias a las crónicas de los Veinte reyes.

    En cuanto a la visita, hay dos cantares del ciclo carolingio que tienen su escenario en la ciudad: la Canción de Rolando y Rolando en Zaragoza.
Nos reunimos en las murallas romanas, al lado del Torreón de la Zuda, donde estaba situado el castillo que habitaban los gobernadores musulmanes de la Sarakusta medieval.
Hasta aquí vino  Carlomagno con todo lo más granado de su ejército, para ayudar al emir. Pero cuando llegó a las murallas no se abrieron las puertas y el emperador tuvo que volverse nuevamente a Francia con sus soldados. Con él venía su sobrino Roldán, la flor y nata de la nobleza de los francos, que quedó en la retaguardia con un grupo de soldados. Al llegar a Roncesvalles, los vascones le tendieron una emboscada. El joven, al verse perdido, pidió ayuda al emperador haciendo sonar su olifante pero ya estaban lejos y no pudieron  oírle. Allí Roldán quedó derrotado y muerto, tendido sobre una piedra. Sobre este hecho en España hay varios romances que obedecen más a la leyenda que al hecho histórico en sí.
Hay otro Cantar de Gesta "Roldán en Zaragoza" en el que este caballero sí entra en la ciudad y aquí aparece el amor galante en la narración. Cuenta el cantar que la esposa del emir se enamora de Roldán y le envía a su país un guante, como prenda de su amor. Al recibirlo, el caballero viene a Zaragoza, entrando por la Puerta del Ángel, próxima al zoco. Los musulmanes se enteran y quieren detenerlo.La mora  le envía un emisario para que huya, con su manto que Roldán ciñe al cuello y, cuando quiere salir de Albaida, se encuentra las puertas cerradas por lo que echando mano a la espada de unos mandobles mata a los guardianes. Con otro golpe de espada derriba la puerta y así logra salir sano y salvo de la ciudad.

    En el Ayuntamiento hay unas maquetas de la ciudad en distintas épocas. Allí pudimos apreciar cómo era Sarakusta medieval, con sus murallas, la mezquita mayor, el zoco y los barrios del arrabal, fuera de los muros.
La mezquita mayor, al ser conquistada la ciudad por Alfonso I, el Batallador, en 1118, pasó a ser la iglesia-catedral con la única variación de su orientación. Después se fueron acometiendo reformas, cuando las circunstancias eran propicias. La primera de estas modificaciones es el comienzo de los ábsides románicos, que pueden sólo verse al exterior ya que en el interior están tapados por el retablo siendo extremadamente difícil poder conseguir permiso para visitarlos y ver las hermosas esculturas remánicas que lo decoran.
El rey regaló al Obispo unos terrenos, al lado, para que construyera su casa. Hoy es la Casa de la Iglesia, vivienda del Arzobispo y un magnífico museo de Arte Religioso. En este museo visitamos lo que queda de la capilla primitiva y algunas salas en las que vimos el olifante de Gastón de Bearn, compañero del Batallador y primer señor de Zaragoza. Su cuerpo está enterrado en el Pilar, ya que era muy devoto de Santa María. En el museo vimos también capiteles románicos, historiados y algunas tallas románicas de la Virgen, esculturas sedentes en las que se representa a María como trono de Cristo. Estas imágenes eran muy veneradas en la Edad Media y, ante ellas se postraban los caballeros antes de emprender una batalla. Eran muy importantes las reliquias de Cristo y de los santos y los relicarios. Los caballeros solían llevarlas en el pomo de sus espadas. La búsqueda del Santo Grial ha sido tema de muchas obras literarias y musicales. Hoy sabemos que se encuentra en la Catedral de Valencia. Esta reliquia, parece ser que la envió San Lorenzo desde Roma para que se custodiase en Aragón. Así estuvo depositada en La Seo, en San Juan de la Peña, yendo a parar después al lugar actual. Junto con estas devociones, las supersticiones también estaban muy extendidas.
Hicimos, también, una visita al Archivo de Zaragoza, situado en un palacio renacentista del Casco Viejo. Allí pudimos contemplar, en vitrinas, algunos documentos antiguos. Lo más valioso se encuentra en el sótano, debidamente protegido, con temperatura y humedad controladas, para evitar su deterioro. Estos fondos sólo son accesibles a los investigadores, con permisos especiales.

    Del Cantar de Mío Cid recordamos su figura y el hecho histórico de que fue mercedario del rey moro de Zaragoza, circunstancia que en el Cantar no se menciona. Sí están presentes otros lugares de Zaragoza como Ateca, Terrer, Calatayud y, sobre todo, de Teruel, Albarracín y sus entornos.

    El Cantar de Mío Cid está dividido en tres partes o cantos: El destierro del Cid, Bodas de las hijas del Cid y La afrenta de Corpes.
Según Menéndez Pidal hay dos autores, uno natural de San Esteban de Gormaz, más histórico, y otro natural de Medinaceli, más dado a lo novelesco. Para hacer esta afirmación se basa en el conocimiento minucioso de sus entornos, lugares por donde discurriría su vida y por el diferente estilo que se observa en los distintos pasajes. Se nota que ninguno conocía la zona de Valencia, por las imprecisiones geográficas y menos descripciones de lugares. Sabemos que fue escrito hacia 1140,  unos 50 años después de la muerte del héroe, acaecida en 1099.

    En el primer canto se nos describe el destierro del Cid. La causa las envidias de algunos cortesanos el conde García Ordóñez, a quien venció e hizo prisionero  en Granada. El Cid fue acusado falsamente de quedarse con parte de los tributos que los reyes de al- Ándalus debían pagar al rey castellano Alfonso VI y que éste le había encargado cobrar. El Cid sale de Burgos con sus leales vasallos y encuentra puertas y ventanas cerradas porque el rey había decretado que aquel que ayudase a Rodrigo Díaz de Vivar recibiría un terrible castigo, siéndole confiscadas sus propiedades e incluso se le arrancarían los ojos de la cara. Deja a Doña Jimena y a sus hijas depositadas en el monasterio de San Pedro de Cardeña, encomendando al abad que fueran tratadas como merecen las damas. En realidad era una retención y no podían salir libremente del monasterio.

    En el segundo canto se narra la conquista de Valencia. El Campeador manda a un emisario con presentes para el rey castellano y pide que su esposa e hijas vayan a vivir con él a Valencia. El rey le concede su permiso. Los infantes de Carrión, jóvenes de alta alcurnia, pero sin dinero. ambicionan las riquezas que El Cid va consiguiendo con sus conquistas y piden al rey que les case con sus hijas.. El rey, con la autorización del padre les concede la mano de Doña Elvira y Doña Sol. Se celebran las bodas en Valencia, con grandes festejos y torneos. Los infantes pronto dan muestras de su cobardía en el pasaje del león y en la lucha contra el rey Bucar. Los vasallos del Cid, que han presenciado estos actos, empiezan a conocerlos mejor y a burlarse, hiriendo el orgullo y la vanidad de los Infantes que buscan la forma de vengarse.

    En el canto tercero esta venganza se lleva a cabo en aquello más querido del Cid: sus hijas. Piden permiso al Campeador para llevarse a sus esposas a conocer sus tierras de Carrión, siéndoles concedido. El Cid, que no se fía mucho de sus yernos, que ha accedido al casamiento como sumisión al rey, envía a su sobrino Félez Muñoz en la comitiva para que cuide de ellas. Al llegar al robledo de Corpes los Infantes mandan delante a todos los acompañantes, quedándose solos con sus esposas. Allí les despojan de sus vestidos y las azotan hasta dejarlas desmayadas, sin amparo, expuestas a las bestias y a las aves que las despedazarían. Abandonadas así  sólo les esperaba una muerte atroz. Pero su primo, que no se fiaba de las intenciones de los crueles esposos, vuelve y encuentra a las pobres mujeres, llevándolas a Gormaz, en donde son atendidas hasta que se curan las heridas. De vuelta a Valencia El Cid pide justicia al rey para vengar esa afrenta. El rey convoca Cortes en Toledo y allí tienen que acudir todos sus vasallos. El Cid pide le sean entregadas Las espadas Colada Y Tizona, que el rey les había regalado así como los dineros de las  dotes entregados. No conforme con todo esto solicita sean dirimidas en duelo, como era costumbre, las afrentas. Para ello se eligen tres caballeros de ambos bandos.Pero Bermúdez vence a Don Fernando de Carrión, Martín Antolínez vence a Diego y Muño Gustioz a Asur González. Así quedaron vengadas. En esas mismas Cortes llegaron emisarios de Navarra y de Aragón solicitando la mano de las hijas para sus Infantes. De esta forma el linaje del Cid entronca con las casas reales de los reinos hispánicos.

    Esta visita me ha supuesto un conocimiento más profundo de la literatura medieval, de sus héroes en los que se valoraban  tanto las virtudes caballerescas como el valor, la fidelidad, la religión, la prudencia, los sentimientos humanos, la generosidad, el amor cortesano, el sacrificio, la austeridad, etc. Por mi parte he leído el Poema de Mío Cid, del que conocía distintos pasajes, pero no la obra completa.
El libro presenta, además un prólogo que me ha sido muy útil porque me ha ayudado a esclarecer muchas cuestiones relacionadas con el mismo. Es una traducción de Luis Guarner, que contiene muchos catalanismos que me resultan extraños en el idioma castellano, yo entiendo que son incorrecciones. Por lo demás ninguna crítica negativa. Está en forma de romance que facilita mucho la lectura. Al final del libro hay una parte explicativa, muy útil porque nos documenta de los lugares que se nombran , los personajes, palabras, costumbres, etc que podemos consultar y nos van aclarando muchas cuestiones.