Hoy se celebra el Día Mundial, de concienciación y denuncia, del gravísimo problema del trabajo infantil. Según las cifras que dan los medios de comunicación, supone la escandalosa cifra de 215 millones de menores que trabajan en el mundo.
La mayoría están en países subdesarrollados, donde los salarios de los padres no alcanzan, ni con mucho, a cubrir las necesidades básicas de la familia. Y así vemos esas imágenes expeluznantes de niños trabajando en canteras, minas, en los estercoleros, ejerciendo la prostitución, etc. En una palabra: explotados por tipos sin conciencia.
Al no estar escolarizados, no tienen opción a una formación académica y así nunca podrán romper el círculo que los oprime, perpetuando este estado de cosas.
Nos recuerda, en España, los tiempos anteriores a la guerra y la posguerra. Por lo que oímos contar a nuestros mayores y lo que aún pudimos ver, sobre todo en los pueblos, los niños en cuanto tenían 10 ó 12 años empezaban a trabajar en el campo ayudando a la familia. Sólo se llenaba la escuela en el invierno y los días de lluvia. Y esos días ya ni querían asistir porque sentían vergüenza por el retraso que llevaban respecto a sus compañeros que tenían la suerte de poder ir a clase cada día. Aprendían, con no poco esfuerzo, a leer, escribir malamente y las "cuatro reglas", como se decía entonces. También es cierto que la cultura en esos ambientes se valoraba poco.
Entonces, estudiar era un privilegio. Hoy los niños lo tienen, en nuestro medio, como una penosa obligación. Han cambiado mucho los tiempos.
También deberíamos hacer una reflexión sobre otro tipo de trabajo infantil. Me refiero al artístico. No sé hasta qué punto es lícito robar a un niño su infancia en aras de hacer una película, por ejemplo.
Hoy y todos los días del año no podemos permanecer impasibles ante esta situación de injusticia hacia los más débiles, los que no tienen voz ni voto en ningún foro. Si ellos no pueden gritar nosotros sí podemos: BASTA YA.
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